LOS LÍDERES DEBEN SER EL EJEMPLO DEL LIDERAZGO QUE DESEAN

Los líderes deben ser el ejemplo del liderazgo que desean
Por John C. Maxwell

De acuerdo con el célebre misionero médico Albert Schweitzer, «el ejemplo no es la principal influencia sobre los demás… es la única». Parte de la creación de un clima atractivo es ejemplarizar el liderazgo. Las personas emulan lo que ven ejemplificado. A ejemplo positivo, respuesta positiva. A ejemplo negativo, respuesta negativa. Lo que hacen los líderes también lo hacen los líderes potenciales a su alrededor. Lo que ellos valoran, su equipo también lo valora. Las metas de los líderes se convierten en sus metas. Los líderes marcan la pauta. Así como sugiere Lee Iacocca: «La velocidad del jefe es la velocidad del equipo». Un líder no puede exigir a los demás lo que no se exige a sí mismo.

Así como usted y yo crecemos y mejoramos como líderes, tam- bién lo hacen aquellos a quienes dirigimos. Debemos recordar que cuando los demás nos siguen, pueden ir tan lejos como vayamos nosotros. Si nuestro crecimiento se detiene, nuestra capacidad de guiar también se detiene. Ninguna personalidad o metodología puede ser el substituto del crecimiento personal. No podemos ser ejemplos de lo que no poseemos. Empiece su aprendizaje y crecimiento hoy, y observe el crecimiento de los que están a su alrededor. Como líder soy principalmente seguidor de los grandes principios y de otros grandes líderes.

Como declaramos anteriormente, quienes creen en nuestra capacidad hacen más que estimularnos. Crean una atmósfera en la que se vuelve más sencillo triunfar. Lo contrario también es verdad. Cuando un líder no cree en nosotros, el éxito se vuelve muy difícil de lograr. Llega a ser casi un imposible. Como líderes no podemos permitir que esto suceda a los que guiamos, si queremos que nuestra organización sea próspera.

Para asegurar el éxito, identifique el potencial en cada prospecto de líder y cultívelo a la luz de las necesidades de la organización. Esto produce una situación en la que todos ganan. El líder mentor gana debido a que la estrella que se levanta detrás de él puede pro- ducir y desarrollarse. La organización gana porque se cumple su cometido. El líder potencial gana porque se desarrolla y mejora. Su futuro se vuelve refulgente.

Una de las mejores aplicaciones de esta idea se expresa en lo que llamo el principio del 101%: Identifique la mayor cualidad del líder potencial, e inyéctele 100% de entusiasmo en esa área. Enfatizar las áreas fuertes de una persona estimula el crecimiento positivo, la confianza y el éxito como líder en potencia.

Extracto del libro Desarrolle los líderes que están al rededor de usted de John C. Maxwell (978-0-88113-265-6 ) ©2008 por Grupo Nelson. Usado con permiso de Grupo Nelson.

NO SE PUEDE ENCAJONAR A DIOS

No se puede encajonar a Dios
Por Marcos Vidal

Si el evangelio de la cruz es lo inmutable, al otro lado de la moneda se encuentra la cara. Porque si bien es cierto que servimos a un Dios inmutable, también es verdad que necesitamos cambiar en muchas cosas como iglesia si queremos ser relevantes y llevar eficientemente a cabo el cumplimiento de la Gran Comisión y del Gran Mandamiento, a mi parecer los dos grandes encargos que Jesucristo nos deja en su Palabra y para cuyo desempeño estamos aquí. Así que esa es la otra parte, la que tiene que ver con el segundo error. Parece una contradicción pero no lo es: comprendiendo el carácter inmutable de Dios y del evangelio de Jesucristo, hay otras cosas, sin embargo, en las que precisamos cambios urgentes.

En Romanos 10.1–13 el apóstol Pablo se expresa de la siguiente manera respecto a sus hermanos israelitas:

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no con- forme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Conmueve el gran cariño y la preocupación con que se refiere a los judíos. Precisamente él que es rechazado por ellos y enviado a los gentiles, el más libre de todos los apóstoles, quien incluso reprende a Pedro por su conducta ambigua en cuanto a la práctica de ciertos rituales hebreos y la confusión que podían traer a los débiles en la fe (Gálatas 2), reconoce, sin embargo, no solo sus raíces israelitas (de la tribu de Benjamín), sino su profundo deseo de salvación para los que sigue considerando como «su pueblo, su gente, sus herma- nos». Pero al hablar de ellos analiza con gran acierto el problema que tienen para aceptar plenamente el evangelio de Jesucristo, y lo expresa magistralmente con las palabras: «doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia».

El original griego para la palabra ciencia en este versículo es epignosis que se puede traducir más literalmente como discernimiento. Discernir es precisamente distinguir, diferenciar y decidir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Lo que Pablo está diciendo de sus hermanos hebreos es que él es testigo de su auténtica pasión. Son genuinos en su fe y llevan la práctica de su religiosidad a unos límites admirables. Son personas totalmente entregadas a aquello en lo que creen, sin embargo no disciernen. No distinguen correctamente. Confunden lo formal con lo esencial.

Tampoco es algo nuevo, más bien parece una constante. Ya Moisés en el Antiguo Testamento cometió el mismo error y le costó muy caro. En una ocasión, Dios le había provisto milagrosamente agua de la roca para todo el pueblo de Israel que venía quejándose por la sed en el desierto. Al golpear la peña con la vara siguiendo las instrucciones divinas, sucedió el milagro y el pueblo bebió hasta saciarse (Éxodo 17.6). Sin embargo, más adelante, en una situación muy parecida, Dios le dio indicaciones diferentes y Moisés desobedeció porque estaba airado (Números 20.8–11). En esta ocasión, Dios le ordenó hablarle a la roca para paliar la sed del pueblo, pero él la golpeó como la primera vez, pensando que aquella era una «técnica» válida puesto que había funcionado antes. Y no se equivocó en cuanto al resultado puntual del momento porque la roca dio tanta agua que bebió la congregación entera y sus animales. El conflicto quedó instantáneamente resuelto. Pero el precio que pagó Moisés por su indisciplina fue muy alto ya que debido a este episodio concreto de desobediencia quedó excluido de la entrada a la tierra prometida. Punto. No hubo más oportunidad para él. Porque el principio de sometimiento a Dios está por encima del milagro en sí y no se puede sacrificar la obediencia a Dios por una técnica que funciona y que provee solución momentánea a un problema. Es muy importante discernir que Dios abasteció de agua a la congregación por amor a su pueblo, pero no pasó por alto la desobediencia de Moisés. No se puede encajonar a Dios en una forma concreta, por más que en otro instante haya funcionado. Puede que salgamos del paso en el momento pero no nos engañemos: no resultará gratis.

Esto sucede constantemente. Confundimos la inmutabilidad de Dios con la variabilidad de los métodos y maneras en que Dios se manifiesta.

Tomado del libro Con Permiso, ©2014 por Marcos Vidal (ISBN: 978-0-8297-6556-4). Usado con permiso de Editorial Vida.

COMUNICANDO CON RELEVANCIA

Comunicando con relevancia
Por Gustavo Falcón

Ser comunicadores que hablemos, enseñemos y lleguemos a las personas de una forma relevante no es un opción, ni tampoco es cuestión de gustos y mucho menos tiene nada que ver con nuestro temperamento o línea ministerial, ser líderes relevantes es una urgencia para nuestra generación.

¡Qué importante es ser líderes y comunicadores relevantes!, que podamos decirle al mundo entero que la Biblia es uno de los libros más antiguos y a la vez el más actual del mundo, porque lo es.

Despertemos la habilidad de tomar una historia del ayer de la Biblia y hacerle sentir a la gente que esa historia apenas sucedió hoy por la mañana, eso es ser relevantes. Destruyamos el mito de que ser comunicadores creativos y relevantes es hacer cosas que desagradan a Dios o que atentan contra la santidad y el orden eclesiástico o, lo que es peor, creer que faltamos a la sana doctrina.

Ser relevantes es sólo una forma de hablar principios que jamás pasarán de moda a un público difícil.

Uno de los grandes problemas de la iglesia es que tenemos la verdad, pero no tenemos la forma de hacerla relevante para las personas al momento de comunicarla. Otro grave problema para los comunicadores de hoy es que poseemos la verdad en nuestras manos, pero nuestra falta de creatividad le hacen sentir a la gente que lo que hablamos ya paso a la historia y que no funciona hoy.

Esta generación necesita pastores, líderes y comunicadores relevantes, atrévete a ser uno de ellos, si tú lo haces tus hijos te lo agradecerán, si no tienes hijos todavía, un día los tendrás.

Seamos comunicadores de actualidad que provoquemos efectos eternos con lo que hablamos.

Recordemos que Jesús no pastoreó una iglesia, no construyó un templo, no escribió libros, Él no hizo células, Jesús comunicó un mensaje poderoso y lo hizo efectivamente. Cuánto me alegro de que Él nos encargara edificar, junto con él, su iglesia. La gran labor de Jesús mientras camino en la tierra fue comunicar con arte su mensaje.

Las más grandes realidades de éxito comenzaron con alguien que comunicó una visión clara y convincente.

 

COMO HACER ALIADOS

Cómo hacer aliados

Por Rudy Gracia

Como pastor, he visto a muchos cristianos quejarse de la misma forma cuando están atravesando problemas. Ellos alegan que nadie los ayuda ni los llama y se sienten solos. Cuando eso sucede, casi siempre les hago preguntas que de modo irónico contestan su inquietud y hacen acallar sus quejas: «¿A cuántas personas has ayudado? ¿A cuántos has llamado? ¿Por quienes has orado?».

Cuando me responden que a nadie, entonces se dan cuenta de que no pueden cosechar lo que no han estado dispuestos a sembrar. No podemos pretender recibir el respaldo de nuestros hermanos si no los hemos apoyado cuando lo necesitaron.

La vida nos llevará a situaciones en las que algunas personas cercanas a nosotros necesitarán cierto tipo de ayuda. Y es allí que debemos aprovechar nuestra oportunidad de sembrar en la vida de otros, de modo que podamos cosechar en los momentos difíciles. El apóstol Pablo enseñaba diciendo: «Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10).

Cuando en los peores momentos de la vida de un individuo te conviertes en alguien como ese ángel en Getsemaní que confortó al Señor, nacerá un lazo de fidelidad que jamás podrá ser quebrantado.

Recuerdo que hace muchos años atrás uno de mis principales líderes fue bendecido por Dios con una pareja de mellizos. Estos dos preciosos niños se hicieron muy famosos en nuestra congregación por sus travesuras. No solo eran físicamente idénticos, sino también se asemejaban en picardía. Me acuerdo de que un domingo, mientras me dirigía al púlpito para predicar, atravesé por el pasillo donde estaba la sala cuna de la iglesia.

No podemos pretender recibir el respaldo de nuestros hermanos si no los hemos apoyado cuando lo necesitaron.

En el momento en que pasaba frente a la habitación, me llamó la atención que por alguna razón uno de los gemelos estaba llorando inconsolablemente. En ese momento me sentí motivado a entrar y tomarlo en mis brazos para consolarlo. Y en efecto terminé llevándolo conmigo y colocándolo cerca del púlpito. Han pasado los años, estos dos niños se han convertido en adolescentes y nunca he podido diferenciar a uno del otro físicamente, excepto por el hecho de que aquel al que ayudé siempre corría primero a saludarme y abrazarme. Como si hubiéramos establecido un vínculo irrompible el día que lo tomé en mis brazos.

Tomado del libro Vence la adversidad, Copyright ©2013 por Ruddy Gracia (ISBN 978-08297-5861-0). Usado con permiso de Editorial Vida.

 

LA EXCELENCIA NO ES NEGOCIABLE

La excelencia no es negociable
Por Brad Lomenick

Cuando trabajé en el rancho lost valley después de la universidad aprendí el significado de trabajar duro. Y lo aprendí por el camino difícil. En mi primer día como vaquero principal y capataz del rancho me comprometí con una norma y comuniqué que jamás la transigiríamos: Lost Valley sería el rancho de huéspedes más limpio y más bien dirigido del mundo. Aquello era un noble objetivo para un nuevo encargado, en especial si tenemos en cuenta que pre- sumíamos de tener ciento cincuenta caballos y doscientas vacas. No era precisamente una tarea fácil.

Los miembros de mi equipo y yo paleamos más estiércol de caballo de lo que quisiera admitir. Como el año anterior había trabajado de vaquero, conocía la importancia del tra- bajo en equipo. Nunca les pedí que terminaran una tarea que yo mismo no estuviera dispuesto a hacer. En más de una ocasión me reuní con mi equipo en el exterior para limpiar los caminos y calzadas de excrementos equinos. Los vaqueros novatos siempre se quedaban sorprendidos cuando me unía a ellos pala en mano. Mi participación era un símbolo importante que demostraba que nadie era demasiado importante para el trabajo sucio necesario para el buen funcionamiento de nuestro rancho.

«Sé que tal vez no les apetezca mucho hacer esto hoy, pero nos hemos comprometido con un estándar de excelencia no negociable —les decía—. Así que tomen una pala y hagámoslo realidad».

Según salían de mi boca las últimas palabras, nuestro equipo se dispersaba para cumplir las tareas desagradables aunque necesarias. Completar el trabajo solía tomar un par de horas cada día, lo cual no es sorprendente teniendo en cuenta la cantidad de animales y superficie que manteníamos. Una vez hecho, el equipo se recostaba, con la piel brillante por el sudor y las botas hediondas, para admirar nuestra victoria. Los caminos limpios posaban bajo los picos de las montañas circundantes, y todos sabíamos que nuestro trabajo duro y nuestro compromiso con la excelencia era fundamental para hacer de Lost Valley no solo uno de los ranchos de huéspedes más populares del mundo, ¡sino también el más limpio!

Esta ética de la excelencia estaba incrustada en el ADN de nuestra organización. Éramos salvajemente competitivos, y todos querían terminar sus tareas asignadas antes que los demás. Nuestra «cultura del ajetreo» nos hacía correr cuando otros caminaban, buscar siempre el proyecto más difícil; nadie quería manejar el tractor porque eso se consi- deraba un trabajo de hombre perezoso. Nos peleábamos por ver quién conseguía el trabajo menos popular o la tarea más difícil. Esta ética de trabajo me sigue moldeando incluso hoy.

Por supuesto, no siempre fui así. Mi primer trabajo fue como reponedor en Reasor’s Food Store. Cada noche tenía que fregar todo el almacén. El tiempo parecía detenerse mientras mi fregona se deslizaba adelante y atrás entre los estantes. Oraba a Dios hasta que me quedaba sin motivos, y después canturreaba hasta que me quedaba sin canciones.

La tarea era deprimente, pero la peor parte era limpiar la sección de productos de campo. Cuando la gente pisa las uvas que han caído, las manchas son casi imposibles de quitar. Después de unas cuantas semanas de torcerme la espalda frotando el suelo industrial, empecé a saltarme pasillos noche sí y noche no. Un veterano compañero de trabajo que discre- tamente se había dado cuenta de mi mal hábito al final me llevó a un lado y me regañó. «Sé que te has estado saltando pasillos, y quiero recordarte que eres mejor que eso», dijo. Sus palabras me avergonzaron con delicadeza, y nunca más volví a saltarme un pasillo. Tal vez nadie lo notaría, pero en el fondo yo sabría que no había dado lo mejor de mí.

Hoy, «hazlo realidad» es una de las consignas de mi vida porque sé que un fuerte sentido de llamado vocacional debe corresponderse con un alto nivel de excelencia. Y para los cristianos, esto es más que una cuestión de supervivencia. Es un problema de mayordomía. Si creemos que Dios nos ha llamado al trabajo que hacemos, entonces tenemos la responsabilidad de llevar a cado esa tarea con un estándar de excelencia inigualable. Debemos esforzarnos por hacer un trabajo excelente porque servimos a un Dios excelente. En vez de fichar o invertir nuestro tiempo, estamos adorando a Aquel que nos dio nuestros talentos ofreciéndole nuestro mejor trabajo, independientemente de nuestra profesión o empresa.

Tomado del libro Líder Catalizador, Copyright ©2013 por Brad Lomenick (ISBN 978-08297-5861-0). Usado con permiso de Grupo Nelson.

CAUSAS POR LAS CUALES ALGUIEN MANIPULA

Causas por las cuales alguien manipula
Por Carlos Mraida

La causa básica de la manipulación es la inmadurez emocional. Lo que evidentemente es malo en las relaciones interpersonales, para el manipulador no lo es. Debido a su inmadurez, no tiene la capacidad de evaluar si lo que está haciendo está bien o mal. Como un niño, el manipulador solo piensa en obtener satisfacción con lo que busca o pretende. El manipulador sanguijuela percibe a los demás como fuentes potenciales que suplen lo que precisa en el momento, no como personas con necesidades y sentimientos propios. El manipulador cree que es un acreedor permanente y que los demás tienen que satisfacer sus expectativas. Por eso solo dice: «¡Dame, dame!». Entender la inmadurez emocional del manipulador resulta esencial para no caer en sus garras. Muchas de sus estrategias manipuladoras nos parecerían normales, y hasta simpáticas, si las practicara un niño de dos años. Sin embargo, en personas ya maduras, resultan por completo inadecuadas. Y esa es una razón por la que la gente cae con facilidad en sus garras. Vemos a individuos con cuerpos de adultos, desempeñándose en el ámbito laboral y profesional, pero emocionalmente y por ende en sus relaciones personales son niñitos inmaduros y egocéntricos, ya que las raíces del rechazo, el abandono y la desvalorización los mantienen en etapas infantiles, impidiéndoles madurar. Las personas manipuladoras aparentan ser muy fuertes. Los «manipuladores
sepulcro» dan la impresión de ser muy poderosos, ya que nos provocan temor. De modo que, atemorizado, dices: «¡Qué personalidad tan fuerte tiene Fulano!».
Los «manipuladores vientre estéril» también parecen muy fuertes y seguros, pues muestran una apariencia de superioridad que produce culpa y desvalorización en la vida de los demás. Al señalar continuamente tus errores, te hacen sentir pequeño y aparentan ser fuertes. En su libro Una pena en observación, C. S. Lewis nos recuerda la acción de los
«manipuladores tierra seca» cuando declara: «Gran parte de una desgracia cualquiera consiste, por así decirlo, en la sombra de la desgracia, en la reflexión sobre ella». Es decir, estas personas no solo han vivido una situación dolorosa, sino que la convierten en una condición, se victimizan y nos inspiran lástima, presentándose como individuos que soportan con firmeza todas las desgracias de la vida y deseando hacernos creer que son fuertes y abnegados.
Los «manipuladores fuego» vienen y arrasan con todo. Son aquellos que, ya sea por la vía de la seducción y la atracción, o por la vía del dominio y el control, nos parecen más fuertes. Cualquiera sea la estrategia de la sanguijuela, su necesidad de «chupar» se debe a que cuando debía recibir amor, atención, miradas y aprobación, no lo pudo hacer. De modo que ahora, aunque ya es un adulto, necesita una «fuente emocional» de la cual succionar. Algunas de las marcas distintivas del manipulador son una gran inseguridad y una autoestima baja. Su gran inseguridad hace que se muestre intolerante y dogmático, usando la crítica destructiva e incluso la agresividad cuando su posición parece verse amenazada. La inseguridad también se manifiesta en su deseo casi compulsivo de enterarse de todo para que la situación no se escape de su control. Le tiene pánico a la evaluación de los demás. La inseguridad lo lleva a ser muy temeroso en sus relaciones sociales. Siente miedo de no estar a la altura, de fracasar. Tal vez pienses: Carlos, me voy a volver un desconfiado, un escéptico, por miedo a que me estén manipulando. No, no. Acuérdate que lo más importante no es lo que otro te diga, sino el efecto que produce en ti. ¿Por qué te afecta tanto, ya sea de forma positiva o negativa, lo que alguien diga de ti? Si necesitas la caricia emocional del elogio para sentirte valorado e importante, te van a manipular, usar, abusar y lastimar. Si vives con temor a perder tu trabajo porque crees que no eres lo suficiente capaz como para que quieran tenerte en una empresa, vas a ser víctima de empleadores y jefes abusadores. No obstante, cuando sabes que vales, el que se tiene que cuidar es tu empleador abusador, en primer lugar porque sabes cuán valioso eres, y en segundo porque vas a hacer una denuncia por abuso. La manera en que te veas a ti mismo será clave a fin de evitar ser un objeto fácil de la manipulación de los demás, ya que ese tipo de personas lo intentan con todos. Sin embargo, ¿te has preguntado por qué con otros no lo logran y sí contigo? La forma en que te ves a ti mismo es determinante. Enrique Mariscal ilustra claramente esta verdad con una historia: En un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito logró meterse en ella por un agujero que había en el portón. Subió lentamente las viejas escaleras de madera hasta que se topó con una puerta semi abierta, y se adentró en el cuarto con cautela. Con gran sorpresa, se dio cuenta de que dentro de esa habitación había mil perritos más que lo observaban tan fijamente como él a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los mil perritos hicieron lo mismo. Luego le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente como él. Cuando se alejó del cuarto, se quedó pensando en lo agradable que le había resultado conocer el lugar y se dijo: «Volveré más seguido por aquí». Pasado un tiempo, otro perrito callejero ingresó en la misma habitación. A diferencia del primer visitante, al ver a todos los congéneres en el cuarto, se sintió amenazado, ya que lo miraban de manera agresiva, con desconfianza. Empezó a gruñir y vio, maravillado, cómo los otros mil perritos hacían lo mismo con él. Comenzó a ladrarles, y los otros también hicieron lo mismo ruidosamente. Cuando salió del cuarto, se dijo: «¡Qué lugar tan horrible! Nunca regresaré». Ninguno de los perritos exploradores alcanzó a reparar en el letrero instalado en el frente de la misteriosa mansión: «La casa de los mil espejos». Antes de andar con un detector de manipuladores, detecta por qué eres un blanco para ellos. Esto nos lleva a las causas que provocan que te manipulen. Tomado del libro Libre de la Manipulación, ©2014 por Carlos Mraida (ISBN:978-0- 8297-6316-4). Usado con permiso de Editorial Vida.

¿POR QUÉ DEBEN LOS CRISTIANOS ESTUDIAR TEOLOGÍA?

¿Por qué deben los cristianos estudiar teología?
Por Wayne Grudem

¿Por qué deben los cristianos estudiar teología sistemática? Es decir, ¿por qué debemos empeñarnos en el proceso de recoger y hacer un sumario de las enseñanzas de muchos pasajes individuales de la Biblia sobre temas en particular? ¿Por qué no es suficiente seguir leyendo la Biblia en forma regular todos los días de nuestras vidas?
1. La razón básica. Se han dado muchas respuestas a esta pregunta, pero demasiado a menudo se deja la impresión de que la teología sistemática de alguna manera puede «mejorar» lo que dice la Biblia al hacer un mejor trabajo en organizar sus enseñanzas y explicarlas más claramente de lo que la misma Biblia las explica. Así podemos empezar negando implícitamente la claridad de la Biblia. Sin embargo, Jesús ordenó a sus discípulos y nos ordena ahora enseñar a los creyentes a que observen todo lo que él ordenó: Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo. (Mt 28:19-20) Enseñar todo lo que Jesús ordenó, en un sentido limitado, es enseñar el contenido de la enseñanza oral de Jesús según se registra en las narrativas de los Evangelios. Sin embargo, en un sentido más amplio, «todo lo que Jesús ordenó» incluye la interpretación y aplicación de su vida y enseñanzas, porque el libro de Hechos contiene una narración de lo que Jesús continuó haciendo y enseñando por medio de los apóstoles después de su resurrección (nótese que 1:1 habla de «todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar»). «Todo lo que Jesús ordenó» también puede incluir las Epístolas, puesto que fueron escritas bajo la supervisión del Espíritu Santo y también se consideraron como un «mandamiento del Señor» (1 Co 14:37; véase también Jn 14:26; 16:13; 1 Ts 4:15; 2 P 3:2; y Ap 1:1 -3). Así que, en un sentido más amplio, «todo lo que Jesús ordenó» incluye todo el Nuevo Testamento. La tarea de cumplir la gran comisión incluye, por lo tanto, no solo evangelización, sino también enseñanza, y la tarea de enseñar todo lo que Jesús nos ordenó es, en un sentido amplio, la tarea de enseñar lo que la Biblia entera nos dice hoy. Para enseñarnos a nosotros mismos efectivamente, y enseñar a otros lo que la Biblia entera dice, es necesario recoger y resumir todos los pasajes bíblicos sobre un tema en particular.
2. Los beneficios para nuestra vida. Aunque la razón básica de estudiar la teología sistemática es que es un medio de obediencia al mandamiento de nuestro Señor, hay también algunos beneficios adicionales que surgen de tal estudio. Primero, estudiar la teología nos ayuda a superar nuestras ideas erradas. Si no hubiera pecado en nosotros, podríamos leer la Biblia de tapa a tapa y, aunque no aprenderíamos de inmediato todo lo que dice la Biblia, con mucha probabilidad aprenderíamos solo cosas verdaderas en cuanto a Dios y su creación. Cada vez que la leyéramos aprenderíamos más cosas ciertas y no nos rebelaríamos ni rehusaríamos aceptar algo que esté escrito allí. Pero con el pecado en nuestros corazones retenemos algo de rebelión contra Dios. En varios puntos hay —para todos nosotros— enseñanzas bíblicas que por una razón u otra no queremos aceptar. El estudio de teología sistemática nos ayuda a superar esas rebeldes ideas. Segundo, estudiar teología sistemática nos ayuda a tomar mejores decisiones más adelante sobre nuevas cuestiones de doctrina que puedan surgir. No podemos saber cuáles nuevas controversias doctrinales surgirán en las iglesias en las cuales viviremos y ministraremos de aquí a diez, veinte o treinta años, si el Señor no regresa antes. Estas nuevas controversias doctrinales a veces incluirán asuntos que nadie ha enfrentado con mucha atención antes. Los cristianos preguntarán: «¿Qué dice la Biblia entera en cuanto a este tema?». (La naturaleza precisa de la inerrancia bíblica y el entendimiento apropiado de la enseñanza bíblica sobre los dones del Espíritu Santo son dos ejemplos de asuntos que han surgido en nuestro siglo con mucha mayor fuerza que nunca antes en la historia de la iglesia). Tercero, estudiar teología sistemática nos ayudará a crecer como creyentes. Cuanto más sabemos de Dios, de su Palabra, de sus relaciones con el mundo y la humanidad, más confiaremos en él, más plenamente le alabaremos, y con mayor presteza le obedeceremos. Estudiar apropiadamente la teología sistemática nos hace creyentes más maduros. Si no hacemos esto, no estamos estudiándola de la manera que Dios quiere.

Tomado del libro Como entender el concepto del Hombre y el Pecado ©2014 por Wayne Grudem (ISBN:9780829764949). Usado con permiso de Editorial Vida.