LIDERAR ES INSPIRAR

Liderar es inspirarpor Robert BarrigerLiderar es inspirar.

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Es más que trazar caminos o apuntar direcciones, el liderazgo verdadero inspira. ¿Quiénes son las personas que le inspiran a usted? Nos inspira aquel con quien nos podemos identificar, alguien que es humano y cuyo ejemplo nos anima a decir: «Yo también puedo hacer eso». Para el liderazgo tenemos que crear una forma de inspirar a las personas, no hacer una copia literal de nosotros mismos, sino encontrar una forma de decir: «Mira, así es como lo hago, tú también puedes hacerlo, pero a tu manera». El liderazgo ayuda a que la gente capte el mensaje y sea inspirada por lo que usted hace.Inspirar no es solo motivar, porque la motivación viene de afuera hacia adentro; en cambio, la inspiración va de adentro hacia afuera. Yo puedo motivar a alguien, pero es externo, es como decir «¡vamos, tú puedes!». Pero la inspiración es cuando alguien cambia debido a mi vida o mi mensaje. Hay que cambiar nuestra forma de pensar, encontremos una solución para un problema a la vez, y así seremos líderes que inspiran, no dejemos de iterar, de cambiar y renovar.En Salmos 137.1–5 encontramos lo siguiente:Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sión. En los álamos que había en la ciudad colgábamos nuestras arpas. Allí, los que nos tenían cautivos nos pedían que entonáramos canciones; nuestros opresores nos pedían estar alegres; nos decían: «¡Cántennos un cántico de Sión!». ¿Cómo cantar las canciones del SEÑOR en una tierra extraña? Ah, Jerusalén, Jerusalén, si llegara yo a olvidarte, ¡que la mano derecha se me seque! (NVI)Este pasaje habla de lo que sucede cuando el liderazgo es malo y el pueblo está cautivo. En estos versículos Israel fue llevado cautivo a Babilonia. En el Antiguo Testamento podemos observar siempre este patrón: cuando hubo un buen rey (buen liderazgo), el pueblo fue prosperado, bendecido; pero cuando hubo un mal rey (mal liderazgo), el pueblo fue castigado. Si usted es pastor o líder de una iglesia, su trabajo es sumamente importante porque hay un principio: como va el pastor, así van las ovejas.Todos saben este principio (ley del tope): el pueblo no puede avanzar más allá de su líder. ¿Qué es lo que sucede cuando el liderazgo va mal? En Salmos 137 encontramos esta lección, cuando Israel fue cautivo por el mal liderazgo, el pueblo seguía a líderes que lo llevaban hacia otros dioses. El salmista habla de un pueblo que lloraba, que no podía cantar, que no podía soñar por causa de la cautividad. Entonces, pensemos un momento en estas preguntas basadas en dicho salmo:1. ¿Qué es lo que a usted le hace llorar?2. ¿Qué es lo que a usted le hace cantar?3. ¿Qué es lo que a usted le hace soñar?¿Qué le hace llorar? Hay muchas cosas que a mí me hacen llorar: ver hijos en una casa sin padres; ver niñas maltratadas, ultrajadas u obligadas a prostituirse; la injusticia; la pobreza. Esas cosas me hacen llorar. Al salmista David le hizo llorar que su pueblo estuviera cautivo. A Moisés le hizo llorar ver a su pueblo maltratado. Un día, Dios se le presentó en la zarza ardiente y le dijo a Moisés: «He oído el clamor de mi pueblo y he visto su sufrimiento» (Éxodo 3.7, pará- frasis). En otras palabras, lo que hizo llorar a Moisés, también hizo llorar a Dios.¿Qué es lo que le hace llorar? Si a mí algo me hace llorar, ¿cuánto más le duele el corazón a Dios al ver personas maltratadas? Si a mí me duele ver hijos sin padres en las calles, ¿cuánto más le duele el corazón a Dios? La Biblia dice que Dios es justo y Él ama a los que hacen justicia. ¿Qué quiere decir la palabra justicia? Si la injusticia es un mal, justicia es corregir ese mal. Pongo un ejemplo: en Lima tenemos un Hogar de Niños, donde albergamos pequeños que han quedado huérfanos o han sido abandonados. Algunos de los niños han tenido una vida muy dura, y han visto cosas que ningún niño debe ver. Hay una niña, por ejemplo, que al morir sus padres, quedó bajo el cuidado de alguien en una casita en un pueblo pobre. Sin embargo, la persona que era «responsable» de ella la tenía encadenada a un mueble dentro de la casa. El mismo pueblo nos señalaba dónde estaba la niña y nos suplicaba: «Ayúdenla, por favor». Cuando la encontramos, la niña de ocho años estaba semidesnuda viviendo sobre la suciedad en el piso; ella había visto cosas que ninguna niña de ocho años debe ver. Era una gran injusticia, y aunque no podemos cambiar su pasado tan doloroso, sí pudimos cambiar su futuro; le dimos un hogar con mucho amor y la oportunidad de estudiar. La justicia es cuando ves un mal y haces algo al respecto para convertir este mal en un bien.Hemos visto muchos casos en el Hogar de Niños, infantes que han visto a sus padres morir, inocentes que han sido abusados; el mundo está herido, lleno de injusticias: pobreza, ambición, hombres malos, etc.Dios ama a los que hacen justicia, los que ven algo malo y hacen algo bueno al respecto, los que aman la justicia. No puedo cambiar el mundo, pero puedo cambiar la vida de uno. Eso es justicia.¿Qué es lo que le hace cantar? Lo que a mí me hace cantar es ver vidas cambiadas, ver matrimonios restaurados, ver a Dios tomar la vida de alguien que el diablo quería destruir y cambiarla para un futuro diferente. No podemos cambiar el pasado de la gente, pero podemos cambiar su futuro. No tengo que cambiar a todo el mundo, pero sí puedo empezar con uno, y luego puedo seguir con uno más. ¿Tiene por qué cantar? ¿Hay algo que en su vida le haga cantar? ¿Qué es lo que llena su corazón? En el pasaje de Salmos, los opresores decían a los de Israel que les cantaran los cánticos de Sión, y ellos decían que solo podían hacerlo cuando estuvieran libres en su templo otra vez. A mí me hace cantar ver la iglesia flore- cer, y ver a Dios cambiando vidas. Tenemos muchas razones para cantar.¿Qué es lo que le hace soñar? ¿Tiene un sueño? ¿Puede soñar con su futuro? Su visión es su futuro; si usted tiene una buena visión, tendrá un buen futuro. Si tiene una mala visión, tendrá un mal futuro, y si no tiene una visión, simplemente no tendrá futuro. La Biblia nos muestra que los que no tienen futuro siempre vuelven a su pasa- do. Hay mucha gente que vive en el pasado porque ya no tiene visión del futuro. A menudo, oímos que algunas personas dicen: «¡Ay, la iglesia fue mejor ayer!». Siempre recordamos los llamados «tiempos dorados» del pasado… Pero, una buena visión tiene un buen futuro. Les doy un ejemplo. Cuando los discípulos estaban con Jesús veían su futuro y estaban contentos; cuando estaban con Jesús, la gente fue sanada, multitudes fueron alimentadas, veían en Él un buen futuro; hasta que lo vieron morir. Cuando Cristo murió, su visión del futuro murió también con Él, y los discípulos se dijeron unos a otros: «Vamos a pescar…». ¿Qué eran antes de conocer a Cristo? Pescadores, y al perder la visión de su futuro, volvieron al pasado.Lo mismo sucede en nuestras vidas; por ejemplo, cuando los jóvenes quieren casarse, vienen donde el pastor muy enamorados, con un futuro y la visión de una familia. Como están enamorados, se casan, pero con el tiempo pueden perder el encanto y la visión de su futuro, y cuando las parejas pierden su visión de futuro, quieren volver a su pasado, es decir, ser solteros. Lo mismo sucede con los cristianos. ¿Qué hace la gente cuando camina con Cristo? Nace de nuevo, tiene una nueva visión, piensa seguir a Cristo toda su vida; pero luego vienen las pruebas y las tentaciones, y algunos se des- animan, comienzan a pensar que estaban mejor antes de ser cristianos. El que no tiene visión del futuro siempre vuelve a su pasado.Yo creo que los mejores días de la iglesia están por venir. Los mejores mensajes aún no han sido predicados, los mejores libros aún no han sido escritos y las mejores iglesias aún no han sido construidas, y yo quiero estar allí para verlo. ¿Qué es lo que te hace llorar? ¿Qué es lo que te hace cantar? ¿Qué es lo que te hace soñar? El pueblo de Israel no podía soñar porque estaba cautivo, y cuando uno está cautivo en el pecado ya no puede soñar. Cuando hay buenos líderes, la iglesia avanza. Jesús dijo: «La mies es mucha, mas los obreros pocos» (Mateo 9.37). Oremos para que Dios envíe más obreros. Más líderes.Tomado del libro Iglesia Relevante © 2014 Robert Barriger Publicado por Editorial Vida. ISBN: 978-0-8297-6599-1 Usado con permiso de Editorial Vida.

APLICACIÓN PARA LOS CREYENTES Y LOS NO CREYENTES

APLICACION PARA LOS CREYENTES Y LOS NO CREYENTES
Los profetas del Antiguo Testamento nos avisan constantemente de los peligros del infierno: “¿Quién de nosotros habitará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?” (Isaías 33:14). “En presencia de su indignación, ¿quién resistirá? ¿Quién se mantendrá en pie ante el ardor de su ira? Su furor se derrama como fuego” (Nahúm 1:6). Pecador, ¿eres tan arrogante como para pensar que puedes soportar la ira de Dios cuando sea derramada en toda su capacidad sobre ti? Es posible que pienses que el infierno no es tan caliente como se pinta y que podrás soportarlo bastante bien. Si crees ésto eres algo más que un necio. Los terrores del infierno hacen que hasta los mismos demonios tiemblen, ¿eres tú tan necio como para permanecer inmóvil ante estos o tomarlos a la ligera?

No pienses que simplemente porque vas a la iglesia, o crees en Dios, o aceptas intelectualmente las verdades del cristianismo, escaparás del infierno. La mayoría de los que asisten a la iglesia regularmente cada semana alrededor del mundo irán al infierno. Thomas Shepard, pastor y fundador de la Universidad de Harvard (EE.UU.), escribió: “Creyentes nominales y hombres que creen ser salvos que tienen algo parecido a la fe, al pesar, al verdadero arrepentimiento, a los buenos deseos; pero solo son imágenes; engañan a otros y a sí mismos… la mayoría de los que viven en la iglesia perecerán”.

Tú, que dices ser cristiano pero que no lees mucho la Biblia y oras poco: ¿cómo piensas escapar del castigo del infierno? Tú, que no te preocupas mucho de los pequeños pecados ni de los pensamientos vanos y sucios que te pasan por la mente: ¿estás preparado para ir al infierno? Tú, que piensas que el reino de Dios consiste en una confesión verbal de fe en Cristo o aceptación intelectual de que Jesús murió por tus pecados, pero que no te interesas por llevar una vida santa, piadosa, ni dedicar algún pensamiento a Dios durante la semana: ¿estás preparado para soportar los tormentos del infierno, día y noche, por los siglos de los siglos? Deberías estarlo, pues si estas cosas son ciertas de ti, estás en camino derecho al infierno, a menos que te arrepientas. ¡No te engañes a ti mismo! El cristianismo no consiste en palabras o afirmaciones piadosas o creencias intelectuales, sino en un corazón nuevo y una nueva vida apartada del pecado y dedicada a la gloria de Dios. Si tu corazón y tu vida no han sido cambiados por Dios, aún estás en tus pecados. Si estás viviendo en abierta desobediencia a la Palabra de Dios y eres indiferente a ello, no tienes ningún derecho a creer que vas a ir al cielo, por el contrario, estás en camino del infierno. Arrepiéntete de todos tus pecados y vuélvete a Jesucristo y ríndete a él como Señor. Presta atención a las palabras de Cristo: “Si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y échalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego” (Mateo 18:9). “Nada menos que el negarse por completo a uno mismo, abandonar el ídolo más acariciado, abandonar el hábito pecaminoso más acariciado -figurativamente representado como cortar la mano oarrancar un ojo- es lo que Cristo exige de todo aquel que quiere tener comunión con él”. Recuerda que la dificultad que conlleva abandonar todo por Cristo no es nada comparada con pasar toda la eternidad en el infierno.

No creo que nadie se espante por la idea de ir al cielo, pero sí de ir al infierno, de tal modo que pudiera comenzar a buscar a Dios de todo corazón y a implorar la misericordia divina. El ser humano está en el borde mismo del abismo del infierno, pronto a caer precipitardo en él, y aún así, completamente inconsciente de semejante peligro. Si oír hablar del infierno puede conseguir que personas insensibles a su real situación consideren las verdades eternas, entonces, predicar sobre el infierno es bastante beneficioso. Es mejor considerar ahora el infierno, mientras vivas; y ser aterrorizado por esto, que no tener que soportarlo luego.

No quisiera que estuvieras más atemorizado del infierno como de pecar. El pecado es tu real enemigo. El pecado es peor que el infierno porque el pecado dió a luz el infierno. ¿Estás dispuesto a ir al infierno por toda la eternidad a cambio de unos cuantos placeres y lujuria aquí en la tierra? ¡Huye del pecado! Deja de vivir para el yo y la autogratificación y acude a Jesucristo. Cuando mueras será demasiado tarde. Toda oportunidad de arrepentimiento se limita a la vida en la tierra.

Esta doctrina es tan beneficiosa para el justo como para el injusto. La doctrina del infierno debería llevar al justo a temer a Dios. Un temor santo es útil de muchas maneras. Aquel que teme a Dios en su corazón tiene un mayor respeto por los mandamientos de Dios. Quien realmente teme a Dios no temerá a los hombres y preferirá enemistarse con los hombres que con Dios (Isaías 8:12-13). Esta doctrina debería aumentar la fidelidad y el gozo del justo en Cristo, puesto que ha sido salvado de los tormentos del infierno y, del mismo modo, debería aumentar su amor por Cristo que soportó la ira de Dios en la cruz en su lugar.

La doctrina del infierno tendría que producir en ti temor al pecado. Tendría que hacer que temieras hasta los pecados más pequeños y ser diligente de confesarlos, tanto de corazón como de pensamiento y vida. Deja que la doctrina del infierno te guarde de practicar el pecado.

La doctrina del infierno debería ayudar al creyente a ser paciente en los días de aflicción. No importa lo grande que sean tus tribulaciones en este mundo, son mucho más pequeñas que los tormentos del infierno, de los cuales el Señor ha salvado a los santos. Puede que tengas que atravesar tormentos menores en este mundo, pero recuerda que son meramente temporales y que has sido liberado del más grande de todos ellos de modo que puedas regocijarte aún en el tiempo de la aflicción.

Esta doctrina ayuda a motivarte a testificar a otros de Cristo y su mensaje. Eryl Davies escribió en su libro The Wrath of God (La ira de Dios): “La eternidad de los sufrimientos del infierno deberían hacernos más celosos y prontos a hablar a la gente del único que puede salvarles. ¿Rehuimos declarar estas solemnes verdades? ¿Nos disgusta la idea del infierno? Recuerda que Dios será glorificado incluso por medio de los castigos eternos de los incrédulos en el infierno. Su majestad ofendida será vindicada… Lo que es supremo en el propósito de Dios a la hora de elegir y reprobar a los hombres es su propia gloria, y el infierno también glorificará su justicia, su poder y su ira por toda la eternidad. Mientras tanto es nuestra responsabilidad orar y procurar la salvación de los pecadores antes que castigo tan horrendo caiga sobre ellos”.

No puedo terminar sin una palabra final dirigida a aquellos que se creen convertidos pero que no lo están, y también para aquellos que saben que no están convertidos. ¿Puedes concebir la eternidad? Detente un momentoytrata de imaginar ser atormentado incesantemente, para siempre, sin final. ¿Esto no te aterroriza? Jamás una oportunidad de descanso; o una gota de agua fría que refresque la garganta. Piensa de nuevo la duración de la eternidad. Trata de imaginártela: día y noche, por los siglos de los siglos, ardiendo con fuego como una araña en una hoguera. Gritos, lamentos, dolor, maldiciendo el día de haber nacido; y siendo maldecido eternamente por los demonios y condenados alrededor. Recordando, siempre recordando las veces que fuiste advertido en la tierra y cómo ignorastes todos aquellos avisos: autosatisfecho y autoengañado, creyendo que todo estaba bien con tu alma. La mujer de Job le dijo a éste que maldijera a Dios y muriera. A no ser que te arrepientas y vayas a Cristo, quien es tu única esperanza, serás maldito por Dios y eternamente atormentado por Él en su presencia, en la terrible plenitud de su ira, sin que nunca puedas morir. Nunca morirás. ¡Tú no morirás jamás! ¡La eternidad es para siempre!

LA ETERNIDAD DEL INFIERNO (William Nichols)

LA ETERNIDAD DEL INFIERNO
El aspecto más terrorífico del infierno es el de su duración. El infierno es eterno, es decir, para siempre, sin fin. ¿Puedes entender la eternidad? Ninguna fórmula o ecuación matemática puede explicarla. Tu mente no puede concebir la eternidad, y, sin embargo, es real pesar de todo. Este solo aspecto del infierno debería hacer que los hombres gritarán en arrepentimiento. No es extraño que los escépticos de todos los tiempos hayan atacado la naturaleza eterna del infierno, sustituyéndola por doctrinas como la aniquilación de los incrédulos. Echemos una mirada más a las Escrituras para verificar la naturaleza eterna del infierno y tratar de entender mejor la eternidad. Después miraremos por qué tiene que ser eterno el infierno.

“Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también está la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20:10). Este versículo nos muestra con claridad la duración del infierno. El infierno es por los siglos de los siglos. ¿Podría usarse una afirmación más tajante que esta? Si el Espíritu de Dios quiso comunicar a los seres humanos la naturalezaeternadel infierno, ¿que puede comunicar esto mejor que la expresión “por los siglos de los siglos”? La Escritura no contiene otra mayor expresión que denote eternidad sino “por los siglos de los siglos”, porque es la misma afirmación que se aplica a la existencia eterna de Dios mismo: “Al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 4:9). ¿Hay quien dude de que Dios vivirá por toda la eternidad? ¿Por qué, entonces, dudas que el infierno permanecerá toda la eternidad siendo que se utiliza la misma expresión para ambos?

“No es mucha la idea que podemos hacernos de esta cuestión, pero, para ayudarles en su manera de concebirla, imagínense en medio de una hoguera o de un gran horno, donde su dolor sea mucho más grande que el ocasionado por el roce accidental de un carbón ardiendo, puesto que su calor es superior. Imaginen también que sus cuerpos sean retenidos en ese lugar durante un cuarto de hora, en plena consciencia, cuán grande el horror de entrar en semejante horno! ¡Y que largo les parecería ese cuarto de hora! Después de haberlo soportado durante un minuto, que insufrible sería pensar que todavía faltaban otros catorce. Pero, ¿cuál sería el efecto producido en sus almas, si ustedes supiesen que tendrían que permanecer en ese tormento durante veinticuatro horas… o un año entero… o miles de años? Oh, entonces, cómo se hundirían sus corazones si supieran que habrían de sufrirlo año tras año, ¡qué no habría final! Sin llegar nunca al final! ¡Que después de un millón de millones de siglos, su tormento no estaría más cerca de su final que al principio, y que nunca serán liberados! Pero el tormento en el infierno será inmensamente superior a lo que esta ilustración representa.”

El Señor Jesús, describiendo el día del gran juicio final, se refiere a la separación de los impíos de los justos con estas palabras: “Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46). ¿Hay alguien que niegue que el cielo exista eternamente? ¿Tendrá fin algún día futuro, la bendición de losjustos en el cielo? Naturalmente que no; sin embargo, la misma palabra griega empleada en este versículo para la vida eterna de los justos es la que se utiliza para el castigo eterno de los injustos. El infierno durará tanto como el cielo.

En el infierno habrá diferentes grados de castigo determinado para cada ser humano según indican algunos pasajes de la Escritura. Lucas 12:47-48 dice: “Y aquel siervo

que sabía la voluntad de su señor, y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán”. En Mateo 11:24 Cristo dice: “Os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti”. Los versículos de Mateo indican que la gente de Capernaúm recibirá mayor castigo en el día del juicio que aquellos que vivieron en la depravada Sodoma. Los versículos de Lucas hablan de una distinción en el juicio basada en la cantidad de luz recibida: algunos recibirán muchos azotes mientras que otros recibirán pocos.

Quienes cometen mayores o más pecados que otros recibirán mayor castigo en el infierno (Juan 19:11). Los hipócritas religiosos, aquellos que profesan la fe cristiana, pero no son realmente cristianos, serán más severamente castigados que el resto (Mateo 23:14-15). El Señor dijo de Judas Iscariote: “Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido” (Mateo 26:24). ¿Cómo se podrían hacer estas afirmaciones si fuera cierto que la aniquilación es lo único que hay después de la muerte? La presencia de diferentes grados de castigo sólo tiene sentido a la luz de la capacidad de sentir el castigo. ¿De qué modo puede decirse que hubiera sido mejor para Judas no haber nacido si la aniquilación es todo lo que le esperaba? La aniquilación o extinción no es castigo en absoluto.

Cada vez que el incrédulo peca aumenta el nivel de su tormento en el infierno. La persona que peca el doble que otra con similar luz, recibirá el doble de castigo. Cada día que el pecador continúa viviendo y respirando aquí en la tierra sin arrepentirse añade a su castigo en el infierno. Romanos 2:5 dice: “Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”. El Señor Jesús exhortó a los justos a hacerse tesoros en el cielo antes que en la tierra. Los impíos aumentan su ira y tormento futuro en el infierno cada momento que continúan pecando. Añaden a su castigo diariamente. En el infierno los hombres desearán no haber nacido.

Charles Haddon Spurgeon dijo: “En el infierno no hay esperanza. Ni siquiera la esperanza de morir: la esperanza de ser aniquilados. ¡Están perdidos por los siglos de los siglos! En cada eslabón de la cadena del infierno está escrito: “para siempre”. En las llamas del infierno se iluminan estas palabras: “para siempre”. Encima de sus cabezas ellos pueden leer: “para siempre”. Su mirada está desencajada y sus corazones dolorido con la idea de que es “para siempre”. Oh, si pudiera decirles esta noche que el infierno se apagará un día y que aquellos que están perdidos podrán ser salvos, habría una verdadera fiesta en el infierno de solo el pensarlo. Pero no puede ser; es “para siempre” que han sido arrojados a las tinieblas de afuera”.

Christopher Love emplea una ilustración para tratar de ayudarnos a entender lo que significa la eternidad: “Supongan que todas las montañas de la tierra fueran montañas de arena, y que más y más montañas fueran añadidas hasta alcanzar el cielo, y que un pajarito puede tomar un grano de arena cada mil años de esa gigantesca montaña. Serían necesarios innumerables millones de años antes de que toda esa masa de arena desapareciera, y aun así este proceso de tiempo llegaría a un final, y sería una dicha para el hombre si el infierno no durara más que ese tiempo; pero esta es la miseria del hombre en el infierno, no tendrá más oportunidad de salir después de haber transcurrido millones de años que cuando fue arrojado allí al principio; porque su tormento se prolongará por la eternidad, sin fin, por cuanto el Dios que castiga es eterno”.

Anteriormente consideramos la necesidad del infierno o la razón de que tuviera que existir un lugar como ése. Ahora analizaremos la razón por la que el infierno no sólo tiene que existir sino que debe existir eternamente. ¿Cuál es la necesidad por la que el infierno tenga que ser eterno? Son varias las respuestas que podemos explorar brevemente.

La primera razón a considerar es la que Christopher Love acaba de mencionar. El Dios que condena es un Dios eterno. “La eternidad del infierno se basa en la naturaleza de Dios”.10 ¿Es eterna la Palabra de Dios? ¿Es la naturaleza de Dios eterna? La Escritura dice: “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8). “Esplendor y majestad es su obra, y su justicia permanece para siempre” (Salmo 111:3). “La Palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:24). Si la Palabra de Dios es eterna, si la justicia de Dios es eterna y si Dios mismo es eterno, ¿por qué, entonces, no va a ser eterna su ira también? Como eternamente existente, todos los atributos de Dios son eternos e inmutables; por consiguiente, el infierno, como expresión de la ira divina, debe ser eterno.

El infierno debe ser eterno porque la justicia de Dios nunca quedaría satisfecha por el castigo finito de los pecadores, no importa lo mucho que durara. Cristo aclara esta cuestión cuando habla de hacer las paces con el adversario antes de ir al magistrado si no serías arrojado a la cárcel y, “Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado aun el último centavo” (Lucas 12:59). Los hombres no pueden dar nada a cambio de su pecado. Ninguna cantidad de castigo en el infierno, no importa lo mucho que dure, puede nunca expiar los pecados. Es imposible, por tanto el infierno debe ser eterno.

En tercer lugar, el infierno ha de ser eterno porque las Escrituras dicen que el gusano que corroe la consciencia del hombre en el infierno nunca muere. “Su gusano no morirá, ni su fuego se apagará” (Isaías 66:24). Si el gusano nunca muere, entonces aquellos que son atormentados por el gusano nunca morirán.

Por último, el infierno será eterno porque los hombres continuarán pecando en el infierno. Aumentarán y agravarán su culpabilidad allí. El infierno es un lugar donde los condenados maldecirán a Dios y a ellos mismos, y se quejarán y lamentarán con lenguaje blasfemo de los hombres alrededor de ellos. Los malvados se aumentarán el tormento entre si, al acusarse y condenarse unos a los otros. Los hombres no se arrepentirán en el infierno porque el carácter de los pecadores no cambia. Continúan siendo pecadores todavía. Pecarán durante toda la eternidad, por tanto Dios los castigará eternamente.