LA PASIÓN NO ES UNA OPCIÓN, ES UN REQUISITO

207611_216952958321083_7247386_n

La pasión no es una opción, es un requisito.
Por Gustavo Falcón

207611_216952958321083_7247386_nHay un ingrediente muy importante en la vida para lograr lo que soñamos como líderes y lo que nos proponemos como personas Y eso es tener pasión por lo que hacemos. Muchas de las veces la única diferencia entre triunfo y derrota es la pasión. Quizás te preguntas: «¿Por qué si soy un gran líder, y lo tengo todo para ganar, tengo la visión clara, tengo los recursos, las herramientas, la habilidad, el talento vivo en fracasos, derrotas y no logro triunfos en mi vida?» La respuesta es: ¡Te falta pasión!

En todo lo que tú emprendas necesitas mostrar pasión, el empresario más exitoso se tuvo que haber apasionado por su empresa. Existe una mentalidad muy equivocada en América Latina respecto a esto. Infinidad de veces me ha tocado escuchar a personas decir: «Quiero tener mi propio negocio para no hacer nada y tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que quiera».

Esta es una mentalidad mediocre. Con ese pensamiento nunca serás nadie. Toda persona exitosa en la vida, en cualquier área que pienses (empresario, artista, futbolista, ministerio, conferencista, doctor), y en cualquier área que tú me digas, es exitoso porque se apasionó por esa causa. Tú fuiste formado para tener pasión por todas las cosas que están ligadas a tu propósito en esta vida. Si tu propósito en la vida es ser futbolista, fuiste diseñado para ser un apasionado por el fútbol, si tu propósito en la vida es ser un pastor de multitudes, fuiste diseñado para vivir apasionado por esa causa.
Nunca se te olvide algo muy importante, Dios es un Dios que responde con favor y gracia a las personas apasionadas por su causa.

Un día yo opté por lo que a él le apasiona, y este es un consejo que te doy, apasiónate por lo que a Dios le apasiona y te aseguro, sin miedo a equivocarme, que triunfarás en la vida y lograrás tu meta, tu sueño y tu propósito en esta tierra. Vivir una vida gobernada, saturada de pasión divina es la clave.
¿Qué es apasionarte?

Apasionarte es:
Correr una milla extra. Hacer un esfuerzo por seguir avanzando aunque tus fuerzas no te den para más. Es caminar sin parar aunque los demás digan que no podrás. Es levantarte aunque no tengas ganas, continuar aunque te haya pasado por la mente renunciar. Es como que lo vuelvo a intentar aunque parezca que el proyecto está fracasando. Algunos lo llaman “fuá”.

Invertir lo que tangas que invertir. Es como apostarlo todo por tu proyecto, dar hasta lo que no tienes para que lo que sueñas se haga una realidad. Es algo así́ como agarrar tus pocos ahorritos y creerle a tu visión ciegamente porque sabes que lo lograrás y que tiene que suceder.

Dar la vida por eso que sabes que te pertenece. No  puedes decir que estás apasionado si no estás dispuesto a dar la vida por eso que quieres lograr, es impresionante ver cómo mucha gente da la vida por tonterías, por cosas que tú y yo sabemos que no valen la pena, pero al fin y al cabo en su error y equivocación eran personas apasionadas por su causa, aunque estaban equivocadas.

Hay alguien que dio apasionadamente su vida, murió́ en una cruz, y fue humillado, escupido en su rostro, golpeado sin compasión; en la cabeza le pusieron una corona de espinas que atravesaba su sien, y al final fue clavado en una cruz. La pregunta es: «¿Por qué le pasó todo a este hombre?» o «¿Qué lo llevó, cuál fue su motivación para vivir todo ese tormento?». La respuesta es por pasión. Y su pasión éramos tú yo. Ese hombre se llama Jesucristo y él quiere que tú sepas que su pasión más grande eres tú, te ama tanto que hasta dio la vida apasionadamente por ti.

La pasión es un requisito en tu liderazgo y en tu vida
En toda tu vida no habrá́ ninguna otra manera de lograrlo si no te apasionas. Puedes que llegues a estar cansado, decepcionado, sin fuerzas, deprimido, traicionado, solo, sin dinero, rodeado de críticas, tu mejor amigo te dejó, todo lo que tenías en tus manos ya no está́… ¿pero sabes una cosa? Aun con todo esto, ¡mientras sientas pasión en tu corazón lo lograrás! ¡Claro que sí!

Porque la pasión es un requisito para llegar a la meta. No es si quieres tener pasión o no. La pasión no es ninguna opción, es un requisito, grábatelo muy bien en tu mente y en tu corazón. Te lo digo una y otra vez: la pasión es un requisito, requisito, requisito. ¡Ah! y por último, ¡requisito!
Si tú y yo nos apasionamos por la causa de Jesús, en Iberoamérica la historia cambiara para la gloria de Dios.

 

Te invito a ser un loco apasionado.
Los locos apasionados soñamos y la gente normal solo nos observa.

MÁS EVANGELIO Y MENOS MANIPULACIÓN

manipulation5

Más evangelio y menos manipulación
por Marcos Vidal

manipulation5

Me aturde mucho constatar cómo en el mundo occidental y cada vez más en muchos otros países, se ha ido abriendo hueco un mensaje claramente orientado hacia lo material, lo perecedero, «lo que hoy es y mañana no es…».

Tomando versículos sacados de contexto, como por ejemplo 3 Juan 1.2, una simple y educada salutación de carta en la que Juan dice: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma», se predica y proclama la importancia de un modelo de vida cristiana próspera en lo material, totalmente fuera de enfoque.

Entre otras cosas, y por poner un simple ejemplo de tantos que podríamos poner, Jesús dijo: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6.19–21). Siendo estas palabras tan claras y viniendo de la boca del mismo Jesús ¿cómo es posible que eso que llaman «evangelio de la prosperidad» haya generado tanto debate entre los cristianos? ¿Cómo es que perdemos un solo minuto con el tema?

Si nuestra guía es la Palabra de Dios, ¿cómo pueden algunos siquiera insinuar que nuestro caudal económico en la tierra es sintomático de nuestra espiritualidad, y armar toda una teología disparatada de la riqueza material, cuando Jesús dijo exactamente lo contrario?: «La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lucas 12.15). ¿Cómo es posible que los cristianos permitamos que una idea peregrina que se le ocurrió de pronto a alguien y que contradice ni más ni menos que a Jesús, penetre y se adueñe permanentemente de los púlpitos, sustituyendo en muchos momentos al mensaje fundamental de la salvación, y generando además confusión y división entre los creyentes?

Yo no digo que no puedan existir cristianos ricos o que haya que ser necesariamente pobre para agradar a Dios, ambas cosas me parecen un error y ni siquiera estoy interesado ni necesito profundizar mucho en el tema. La Biblia habla por sí sola. Lo que yo pediría es más fundamento bíblico y menos fábulas. Las vivencias de un telepredicador en un país desarrollado y de trasfondo cultural cristiano no tienen nada que ver con las de un misionero en un país musulmán, por ejemplo. Las particularidades en la vida de un líder con talento de empresario, con mentalidad comercial, con una mega-iglesia y con conexiones políticas en un país, no se parecerán mucho a los pormenores diarios de un pastor que trabaja entre indigentes o jugándose la vida a diario camuflado entre mafias de prostitución, en otro país o en el mismo. Son mundos diferentes. Que nadie nos venda experiencias circunstanciales como doctrina bíblica. Menos anécdotas personales y más predicación de la Verdad inmutable, esa que nos hace libres. En pocas palabras, más evangelio y menos manipulación.

Y en ese sentido, este tema de la prosperidad ha alcanzado unas cotas de manipulación espantosas. Si el apóstol Pablo levantara la cabeza nos diría un par de cosas no muy bonitas. Porque este asunto es precisamente uno de los que traen más vergüenza al cuerpo de Cristo. En lugar de inventar interpretaciones rebuscadas y retorcidas de ciertos pasajes bíblicos para apoyar un estilo de vida opulento, ¿por qué no dejamos que la Biblia hable por sí misma? Precisamente Pablo, el gran apóstol al que algunos citan como paradigma de la prosperidad, es un hombre que vivió más veces con el agua al cuello que caminando sobre las aguas. Basta con leer el capítulo 11 de 2 Corintios. Como botón de muestra, un par de pasajes: «No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a con- tentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4.11–13).

Que esperas recibir de Jesús

¿Qué esperas recibir de Jesús?
por Felix Ortíz

Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte, ¿Qué recibiremos por ello? (Mateo 19:27)

Este pasaje narra el encuentro del Maestro con el joven rico y el subsiguiente debate que esto produjo con sus discípulos. Mi reflexión sobre este pasaje, por la inmensa mayoría de los seguidores de Jesús bien conocido y bien estudiado, no se ha centrado en la historia de aquel hombre sino en el posterior debate.

Aveces me pregunto si Pedro no es un arquetipo del genero humano y sus reacciones. Un arquetipo es una representación de la realidad. Pedro pone palabras a lo que muchos pensamos o sentimos con relación a Jesús y lo hace en más de una ocasión.

En la que nos ocupa refleja la motivación con la cual, en ocasiones, nos acercamos a Jesús, a saber, la ganancia que obtendremos de ello. Porque, al fin y al cabo, de que sirve acercarse al Maestro si no recibimos nada a cambio. Si, ya sé que todos nos acercamos a Jesús en espera de la recompensa celestial de la vida eterna pero, al margen de ello o, además de ello, todos nosotros tenemos altas expectativas de lo que deseamos como justa retribución por nuestra entrega y seguimiento del Señor.

Es posible que esperemos prosperidad, salud, poder, prestigio u otras cosas. Tal vez no lo deseemos para nosotros mismos, pero si para los nuestros. Tenemos expectativas que de no cumplirse nos van a llenar de frustración, resentimiento y amargura. Es interesante que Jesús habla de retribuciones futuras pero nunca terrenas. Es curioso que al joven rico, precisamente, le diga que venda todo para poderse hacer tesoros en los cielos.

Al fin y al cabo no debería de extrañarnos lo más mínimo pues Jesús nos invita a seguirle para complicarnos la vida, no para simplificárnosla, pues eso es lo que implica el gran privilegio de ser un agente de restauración en un mundo roto.

Haz un acto de honestidad ¿Qué esperas recibir de Jesús a cambio de haberlo “dejado todo”?

CORRECCIÓN Y CONSEJO: Beneficios que evitan el fracaso

gran-alfarero

Corrección y consejo: Beneficios que evitan el fracaso

por Marcos Witt

 

La corrección cuando se ve desde la debida perspectiva, es una prueba de amor y afecto por parte de las personas que Dios ha puesto en nuestras vidas para dirigirnos. Es imposible seguir viviendo sin ella.

 A la hora de tener que hablar acerca de la corrección, todos hacemos un gesto y nos incomodamos. Este es un tema que a nadie le gusta tratar. En efecto, la Biblia misma lo dice en Hebreos 12.11: «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.»

El énfasis que quiero hacer aquí es que «DESPUÉS da fruto». Esto es lo que debemos recordar: Ahora parece muy difícil, pero después cosecharemos el fruto.

Para comenzar a hablar de este tema tenemos que reconocer que si alguien nos disciplina es porque nos ama. En otras palabras, se trata de alguien que se interesa en nosotros, porque si no nos amara y no le importásemos, no nos disciplinaría y nos permitiría hacer lo que bien nos pareciera.

Recientemente, tuve que tomar medidas disciplinarias muy fuertes en la Universidad Cristiana de Música que fundé hace algunos años. Después de la sesión donde les expliqué a los alumnos el porqué de las medidas, que para algunos eran drásticas y demasiado fuertes, uno de los jóvenes se me acercó y me dijo: «Marcos, ahora vuelvo a confirmar que se preocupan por nosotros como individuos. Me he vuelto a enterar que nos aman porque si no fuera así y no se preocuparan por nosotros, nos dejarían hacer lo que quisiéramos. Sin embargo, nos han llamado la atención y nos han sometido a disciplina, lo que me indica que en verdad se interesan por nosotros».

Ojalá todos tuviéramos esa mentalidad a la hora de ser sometidos a la corrección. Por desgracia, muchos pensamos que no se nos ama, que alguien está tratando de destruir nuestra vida, que no nos quieren apoyar o que no nos entienden y un sinfín de otros lloriqueos a la hora de recibir la disciplina. Es hora de madurar y entender que Dios SÓLO disciplina a los que ama, y si queremos seguir disfrutando de los derechos de hijos, tenemos que ser sometidos a disciplina (Heb 12.8).

«No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de Su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere» (Pr 3.11-12).

La corrección cuando se ve desde la debida perspectiva, es una prueba de amor y afecto por parte de las personas que Dios ha puesto en nuestras vidas para dirigirnos. Necesitamos tomarla como una enorme bendición para nuestra vida, como algo sin lo cual no podríamos vivir. Tenemos que empezar a ver la corrección como el oxígeno necesario para seguir respirando, como el descanso y el alimento indispensable para tener fuerzas para seguir viviendo. Así es la disciplina en nuestra vida. Es imposible seguir viviendo sin ella.

Serás sabio en tu vejez

«Escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio en tu vejez» (Pr 19.20).

Muchos creen que sabiduría es sinónimo de vejez. No entienden que la razón principal de que los ancianos sean sabios está en que recibieron consejo y disciplina. El simple hecho de ser viejos no nos hace sabios, sino que el consejo y la disciplina obraron para lograrlo. Si desde este momento tomamos el compromiso de recibir consejo y disciplina, llegaremos a ser sabios en la vejez. De lo contrario, nos convertiremos en necios.

¿Qué queremos ser cuando lleguemos a la vejez? Mi deseo es ser sabio y la única manera de lograrlo de acuerdo a este pasaje es mediante el consejo y la disciplina.

Será prudente

Según el Diccionario Larousse Básico, prudencia es la «calidad de la persona que obra con moderación y sensatez para evitar aquello que le puede causar perjuicio».

«El necio menosprecia el consejo de su padre; mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente.» (Pr 15.5)

La prudencia no es algo que se hereda, sino que se aprende. La única forma de aprenderla es mediante la corrección.

El apóstol Santiago, al hablar de las diversas pruebas, dice: «Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna» (1.3-4). Sin duda, a veces la corrección ha sido una tremenda prueba de nuestra fe. Sin embargo, nos hace falta recordar que esa prueba «produce» en nosotros el carácter de Cristo. Esto es algo que todos necesitamos para llegar a ser «perfectos y cabales». Es decir, tener la madurez que necesitamos para ser como Él es. Este tipo de madurez la alcanzamos cuando no menospreciamos el consejo ni la corrección.

En la definición de «prudencia» encontramos dos palabras muy interesantes: «moderación» y «sensatez». Estas son dos características que hacen falta en nuestra vida y son las que nos pueden proteger de causarnos daños o «perjuicios», como señala la definición. Muchos nos perjudicamos a nosotros mismos sólo por nuestra falta de moderación y sensatez. Entonces, viene a ser una más de tantas razones por las que debemos atender y valorar la corrección que viene a nuestra vida. Tengo deseos de ser un viejo sabio y prudente, ¿y tú?

Camino a la vida

La forma más sencilla de no emprender el camino a la vida es «desechando la reprensión».

«Camino a la vida es guardar la instrucción; pero quien desecha la reprensión, yerra.» (Pr 10.17)

Todos queremos disfrutar de la vida y aprovechar de los deleites que el Señor nos ha dado. Sin embargo, no los podremos gozar a menos que exista el compromiso de atender la reprensión de Dios, que nos permite llegar a esa «vida» que Él desea para nosotros.

Bienaventuranza y descanso

Veamos dos beneficios de la corrección. El primero es bendición externa, mientras que el segundo es bendición interna.

«Bienaventurado el hombre a quien tú, Jah, corriges, y en tu ley lo instruyes, para hacerle descansar en los días de aflicción, en tanto que para el impío se cava el hoyo.» (Sal 94.12-13)

Ser bienaventurado significa tener prosperidad y felicidad, gozar de la paz que viene de Dios. Estos son beneficios que afectan externamente nuestra vida. Mientras el descanso es algo que necesitamos por dentro para seguir teniendo las fuerzas para caminar en la vida. Lo necesitamos para enfrentar los desafíos de cada día. Los dos beneficios son grandes y vienen cuando recibimos la instrucción y la corrección.

Espero que se haya dado cuenta de la urgente necesidad que tenemos de ser corregidos y aconsejados. Sin esto es imposible tener el éxito deseado para nuestras vidas. No sólo necesitamos permitir el consejo y la disciplina, sino que debemos aprender de ello al grado de que forme parte de la vida integral. Dicho de otra manera, al «recibir» la corrección permitimos que se opere un cambio en nuestra vida. Cambia nuestra manera de pensar con respecto a algo. No se trata sólo de «dejar que suceda», sino que es un factor de cambio radical en toda nuestra existencia.

No debemos ser como el niño que se paraba constantemente en el banco de la iglesia. «Juanito, siéntate en el banco, por favor», le decía su papá. Juanito se sentaba por un rato, pero después de un momento se volvía a parar. De nuevo su papá le decía: «Juanito, siéntate en este instante». Se sentaba para volverse a parar en pocos minutos. Finalmente el papá, cansado de decirle lo mismo, exclama: «Juanito, si no te sientas en este instante y permaneces sentado, te llevaré al baño y te disciplinaré en cierta parte del cuerpo que tú ya sabes». Juanito se sienta muy desconcertado, con la cara hacia abajo y, haciendo un gesto de muy mal gusto, dice: «¡Estaré sentado por fuera, pero sigo parado por dentro!»

Muchos de nosotros nos comportamos como Juanito. Aceptamos la disciplina, pero no permitimos que realmente cambie nuestra manera de vivir. El Señor espera que seamos sumisos a la corrección para que nos transforme en esas personas que, con tanto amor, Él quiere que lleguemos a ser.

 

 

Principios bíblicos para evitar el liderazgo tóxico

Principios bíblicos para evitar el liderazgo tóxico
Por Dr. Sergio G. Matviuk

He pasado la mayoría de mi vida adulta como miembro o parte de algún tipo de organización. He trabajado en empresas y en organizaciones sin fines de lucro. He interactuado con organismos gubernamentales, he servido en instituciones educativas y también en organizaciones eclesiásticas.

A través del paso por estas organizaciones he tenido el privilegio de servir bajo el liderazgo de personas que he admirado. En ocasiones me tocó trabajar bajo la supervisión de jefes difíciles, mediocres o ineficientes; a quienes aprendí a tolerar y en algunos casos hasta encontré la forma productiva de trabajar con ellos. Sin embargo, también tuve la mala fortuna de fungir bajo la dirección de personas que dañaron mi confianza en el liderazgo y causaron un impacto negativo en mi vida y en la organización en la que me encontraba. De éstos últimos quiero hablar en este artículo. Quiero hablar de los líderes tóxicos.

Jean Lipman-Blumen define a los líderes tóxicos como “esos individuos que debido al impacto de sus conductas destructivas y cualidades personales disfuncionales, generan como resultado un envenenamiento serio y duradero en la vida de las personas, familias, organizaciones, comunidades o aún en sociedades enteras que éstos lideran”. Personalmente defino el liderazgo tóxico como el tipo de liderazgo que envenena, lastima, ofende e impacta negativamente en forma duradera.

No estamos hablando aquí simplemente de jefes difíciles, o supervisores autoritarios, o políticos en los que no se puede confiar, o de aquellos líderes que simplemente tienen mal carácter, o son muy estrictos. Estamos hablando de algo mucho más serio y pernicioso. Estamos hablando de líderes que intencionalmente o sin intención lastiman y causan un daño permanente en las personas y las organizaciones.

Los líderes tóxicos intencionales causan daño deliberado o sacan beneficio propio a costa de los demás. También están los líderes tóxicos que lo son sin intención, pero que también causan daños serios por sus conductas irresponsables, comportamiento desconsiderado o por incompetencia. En ambos casos, el líder tóxico produce daño duradero en las personas y las organizaciones, el cual, y por lo general, lleva mucho tiempo reparar o sanar.

Expertos en liderazgo afirman que los líderes tóxicos son, de alguna medida, resultado de sus seguidores, quienes toleran sus conductas tóxicas. También afirman que en muchos casos un líder que es considerado tóxico por algunos, es apoyado y respetado por otros. Por ello muchos líderes tóxicos persisten con sus conductas porque perciben el apoyo de un grupo o un sector.

La realidad es que cualquier persona en una posición de liderazgo tiene el riesgo de desviarse y convertirse en un líder tóxico basada en la percepción de que hay un grupo que lo apoya. La opinión favorable que un grupo de personas tenga sobre nuestro liderazgo no es garantía, ni la referencia última de un liderazgo saludable. Siempre puede haber otro grupo que nos perciba como tóxicos. Necesitamos otro marco de referencia más seguro para evaluar nuestro liderazgo. La Biblia ofrece dicho marco para que nosotros como líderes cristianos sepamos cómo evitar transformarnos en líderes tóxicos.

Principios bíblicos para evitar el liderazgo tóxico
El gran mandamiento de la Biblia que encontramos en Mateo 22:37-39 dice “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No podemos decir que profesamos amor a Dios si no nos preocupamos por los demás como nos preocupamos por nosotros mismos. Es simplemente imposible de acuerdo a las Escrituras. La forma que expresamos nuestro amor al prójimo se revela en las instrucciones de Jesús en Mateo 7:12 “Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes…” Esta es la llamada regla de oro de la vida cristina y yo diría la regla de oro del liderazgo efectivo y saludable.

Si todos los líderes obedecieran estos mandamientos, no habría liderazgo tóxico. Estoy seguro que no existe persona normal que le guste se ofendida, lastimada, denigrada, subyugada o maltratada. Eso no sería normal. Por lo tanto es anormal que existan líderes cristianos que dicen amar a Dios y obedecer su palabra pero ofenden, lastiman, denigran, subyugan y maltratan a sus colaboradores. Muchos de estos líderes tóxicos se apoyan en su función y preocupación por alcanzar una visión para hacer lo que sea para alcanzar sus objetivos. Esa posición es errónea, opuesta a las enseñanzas de la Palabra de Dios. No existe en la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento, ninguna instrucción que permita a los líderes maltratar a los demás debido a su rol, función, visión o pasión por las cosas de Dios. El llamado del liderazgo cristiano es a servir a los demás y a tratar a otros como queremos que los demás nos traten a nosotros.

Lo que discutimos en éste artículo tiene que servirnos como reflexión para la evaluación de nuestro liderazgo. Cualquier líder corre el riesgo de convertirse en un líder tóxico si no tiene una referencia ética y espiritual sólida. Seamos líderes responsables que obedecen y se preocupan por el gran mandamiento de Dios y por la regla de oro de la vida cristiana para desarrollar liderazgos sólidos y saludables

La necesidad de perdonar

La necesidad de perdonar
por Valeria Leys

Perdonar es una acción mental antes que una emocional. Perdonamos primero con la voluntad antes que con el corazón. El perdón no es algo que se otorga solo a quien nos dañó, sino que es descanso para nuestra alma. A quien perdonamos puede afectarle o no nuestro perdón; muchas veces perdonamos sin que la otra persona llegue a enterarse. Incluso podemos perdonar a alguien que ya murió o que no hemos visto por muchos años. El perdón es gracia, es misericordia. Como Jesús nos enseña en el Padre Nuestro:

Mateo 6:12-15 “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores […] Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas”.

Estoy segura que tenemos mucho más por lo que ser perdonadas por Dios que lo que nosotras tenemos que perdonar a alguien más, y por ello es necesario que aprendamos a otorgar perdón a quien nos ofende, para que podamos ser perdonadas con esa misma gracia.

Lucas 6:27-38 es una excelente enseñanza del Señor que hay que leer en su totalidad, pero lo que resalta es la pregunta de Jesús: “¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? […] ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así”. Cuando somos lastimadas creemos que tenemos el derecho a responder de la misma manera, vengarnos o contestar más agresivamente. Esa es la manera fácil de actuar y, en ciertos casos, hasta parece justo. Pero amar a quienes nos aman no es lo difícil, sino amar a quien no se lo merece; como nuestro Dios nos ha amado a nosotras.

Cuando hablamos del perdón pensamos en aquellos que tienen mucho que perdonar: abusos, maltratos, abandono, traiciones… pero el ejercicio del perdón diario de cosas grandes y pequeñas salva nuestra salud mental, física y espiritual. El que no perdona vive lleno de rencor y amargura, malos recuerdos y dolor.

La falta de perdón es como veneno ingerido en pequeñas cantidades, no se digiere, arruina nuestros órganos y nos mata lentamente. Más adelante en Lucas 6, Jesús dice: “Amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados. Sean compasivos, así como su Padre es compasivo. No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les  perdonará […] Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.”

Al perdonar provocamos un cambio de actitud para ambas partes: nosotros obtenemos libertad, sabiendo que así como perdonamos se nos perdonará; y quien ha sido perdonado aprende a perdonar y a amar. Lucas 7:47 dice : “Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama”. Que el perdón que experimentamos de nuestro Dios sea el perdón que podamos otorgar desde el corazón.

Artículo tomado de La Santa Biblia para Chicas 9780829765632 usado con permiso de Editorial Vida.

Cual es la importancia de la autenticidad en la comunicación

¿Cuál es la importancia de la autenticidad en la comunicación?
Por Sonia Gonzalez

La autenticidad permite que las personas sean naturales, espontáneas, frescas, brillantes, con una energía y una luz que los deja ver mucho más radiantes y convincentes de la de aquellos que solo intentan imitar de manera ficticia a otros. Los acartonados, que muestran una fachada de personalidad prestada, no llegan más allá de la impresión que pueden causar en el trayecto del ascensor a su escritorio.

Los originales y auténticos generan un discreto encanto que fascina, enamora y convence a quienes le rodean. Pueden ser jóvenes recién egresados o antiguos funcionarios a punto de jubilarse. Hombres o mujeres. Abogados, economistas, líderes de servicio al cliente, mercadeo, administración, finanzas internacionales o de cualquier otra disciplina. Porque la autenticidad no depende de la edad, ni de la carrera, ni del género.

Ser auténtico es una virtud del «ser». Es una parte vital de la comunicación inteligente, mirada desde la óptica ontológica. Les insisto siempre a mis oyentes: solo aquellos que logran ser auténticos, llegarán lejos. No se concentren en el conocimiento, enfóquense en ser ustedes mismos. No olviden jamás su trasfondo cultural y sus raíces familiares. Si se van a otra ciudad o país, por ejemplo, continúen siendo lo que son, en esencia. Eso los hará más atractivos y llamativos ante cualquier grupo social en el que se desenvuelvan, o ante cualquier directivo empresarial que los quiera contratar.

Intentar convertirse en una persona igual a las demás del lugar donde llega, es perder lo mejor de usted mismo. En mi caso, la autenticidad me ha permitido escalar cimas inimaginables. Aun cuando he tenido que trabajar con entidades globales en las que he dirigido áreas de comunicación, al lado de directivos de Estados Unidos, Australia, Europa o de otros países de Latinoamérica, siempre me ha dado muchos puntos ser auténtica y natural.

He mostrado con mucha alegría, entereza y dignidad la bandera de mi noble ancestro colombiano. Con influencia Caribe, por el lado de mi padre, mezclada con el lado andino, de mi madre. ¡Tremenda mezcla! Entre la costa alegre y descomplicada y el interior del país, amable pero introvertido por el frío y el encierro natural de las montañas. Una fusión entre la cumbia y el bambuco. Entre el pescado frito con patacón «pisao» y el típico ajiaco santafereño.

Todo eso que adquirí de los ancestros, sumado al perfil que me da el temperamento sanguíneo, lleno de chispa y vida interior, es lo que soy. Porque Dios quiso. Y si tratara de ser otra cosa, si intentara por algún motivo infortunado ser y hablar como estadounidense, australiana o europea, con la idea equivocada de agradar a las personas que me rodean, entonces perdería lo mejor de mí y lo que me ha abierto más puertas hacia el éxito en la vida: ser yo misma.

Les encanta a los extranjeros con quienes he tenido el placer de trabajar, la forma desparpajada y espontánea como me comunico con ellos. Sin dejar de ser profesional. Pero, por encima de todo, sin dejar de ser yo misma, con esa calidez que me acompaña y esa forma de ser que, sin duda, es la mejor… Simplemente porque es la mía.
La autenticidad es una virtud que va acompañada de la autoestima. Es frecuente ver a las personas que no son ellas mismas tratando de ser algo que no les queda bien, solo porque no les gusta como son y no se aceptan. Déjeme decirle algo, mi amigo lector, solo cuando logramos amarnos a nosotros mismos, tal cual somos, podremos ser auténticos. Y sin autenticidad, no existe la opción de llevar la marca ganadora de los ¡Power people!… De manera que le sugiero comenzar a aceptar, apreciar, valorar y amar su forma de ser, su identidad, sus valores y todo lo que usted «es». Porque así, y solo así, conseguirá llegar a la dimensión de la comunicación inteligente.

El poder de la comunicación inteligente se sustenta en la autenticidad. De manera que comience por rescatar su identidad. Viva feliz con ella, disfrútela y lleve a otros a disfrutarla. No importa que no sea perfecto. Pero sea usted mismo. Esa será la mejor manera de acercarse a la perfección.


La autenticidad es como la marca que llevan las prendas y objetos finos que, al leerlas, uno puede observar el sello: 100% algodón… o 100% seda… o 100% «Made in …». Se exhiben cuando las prendas son realmente finas y de calidad. Son auténticas, de esa marca. No copias hechas en serie, con materiales ordinarios que, aunque parezcan iguales al original, no son más que copias de pésima calidad que se dañan a la primera postura.
Trabaje en el empoderamiento de su comunicación inteligente en base a la autenticidad. Todo el mundo se dará cuenta de que lleva el sello fino de la originalidad y sabrán que usted es… 100% usted mismo. O sea… El mejor. Eso es ¡Power people!

¡Conectemonos! Sígueme en

Twitter: @SoniaGonzalezA

http://www.SoniaGonzalez.org