IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

Anhelo por la santidad de Dios

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Anhelo por la santidad de Dios
Josué 3:5 “Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros”
Estas fueron las palabras que Josué dirigió al pueblo antes de cruzar el río Jordán. Si algo deseamos hoy es que Dios haga maravillas entre nosotros. Deseamos que por donde andemos las maravillas de Dios comiencen a ocurrir. En nuestro lugar de trabajo, en la panadería, en el mercado, en el colegio donde asisten los niños, en la iglesia. Necesitamos que Dios haga maravillas entre nosotros. Todos lo deseamos, nadie diría que no a una visitación de Dios. Pero no todos están dispuestos a santificarse. Era una demanda, un precio, un requisito: “Santidad”.
Si has llegado hasta aquí, vamos, no te eches atrás, continúa caminando. Algo poderoso de Dios está deseando visitarte y llevarte a un nivel de experiencias con el Espíritu Santo que nunca imaginaste. ¿Quieres la tierra prometida? ¿Las promesas de Dios cumpliéndose en tu vida y en la de tu familia? ¡¡Santifícate!! ¿Quieres ser una rica influencia a todos los que te rodean? ¡¡Santifícate!! Hablemos claro. No hemos llegado hasta aquí para andar con rodeos. ¿De verdad deseas un avivamiento en tu vida, la de tu familia, tu iglesia o ciudad? Claro que lo deseas, lo deseas más que nada. Hay algo en tu vida que te inquieta cada día hasta el punto que no puedes pensar en otra cosa. Te levantas cada día con un vivo deseo de que algo hoy ocurra y te acuestas suspirando por un mover de Dios. Has llegado a un punto en el que necesitas urgentemente que Dios visite tu vida y te permita vivir las promesas que Dios te hizo hace tiempo.
Querido hermano/a santifícate porque Jehová hará maravillas mañana en tu vida. Hay algo que a pesar del correr del tiempo no cambia y son los principios de Dios. Uno de los precedentes de un avivamiento es la santidad. Deseamos que venga el Reino de Dios, oramos, ayunamos y lo reclamamos pero el Reino de Dios no solo es poder y maravillas de Dios. Pedir que venga su Reino significa también pedir que la santidad que gobierna ese Reino gobierne nuestra vida. Si decimos que en este mundo gobierna el pecado y así es, entonces ¿Qué es lo que se supone que debe gobernar nuestra vida ahora que hemos sido redimidos? La Santidad. Si en tu vida no gobierna la santidad, no esperes ver su gloria, si aún sigues diferenciando los pecados pequeños de los grandes, no habrá nada nuevo para ti mañana. Santidad es igual a avivamiento. Ocurrió en los tiempos de los jueces, cada vez que el pueblo se arrepentía y buscaba a Dios y dejaban sus ídolos Dios los visitaba para librarlos. Ocurrió en la vida del profeta Isaías cuando tuvo aquella tremenda visión de la gloria de Dios. El primer efecto que causó aquella visión fue santidad cuando aquel querubín tocó sus labios y fue limpio de su pecado. Ha estado ocurriendo a lo largo de la historia, cuando hombres y mujeres se apartaron en oración y comenzaron a estrechar su relación con Dios dejando de una vez de contristar al Espíritu Santo. Leemos lo que ocurrió con Wesley y nos arde el corazón deseando algo parecido pero no estamos dispuestos a igualar su vida de santidad. Es cierto que la oración fue una de las cosas que promovieron los avivamientos, pero nada hubiera ocurrido si esas oraciones no estuvieran respaldadas por una vida de santidad.
Dedícate a buscar a Dios, deja de una vez no solo los pecados evidentes sino aún aquellas cosas como dice Hebreos 12:1 y 2 que son pesos que te impiden alcanzar la meta, los propósitos para los cuales Dios le llamó. Deja de convencerte de que quizás esto es para otros, Dios te llamó a grandes cosas. Es para ti y a menos que propongas en tu corazón alcanzarlo nada nuevo ocurrirá en tu vida.
Fíjate lo que dice Hebreos 12:14 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”
Sin santidad nadie puede ver al Señor, ni aquí en la tierra ni en el cielo. Un profundo anhelo por la santidad de Dios es un precedente para un poderoso avivamiento que comenzará por tu vida y perseverando en ello se extenderá hacia todos aquellos que se crucen en tu camino. Nunca subestimes el poder de una vida de santidad.
El siguiente relato es un testimonio de lo que ocurrió en las islas Híbridas en el 1949:
– Y entonces este joven cerró su Biblia. Y mirando al ministro y a los otros líderes, dijo: “Me parece nada más que engaño, estar orando como estamos orando, esperando como estamos esperando, si nosotros mismos no estamos en una relación correcta con Dios.” Y entonces levantó sus dos manos y oró: “Dios, ¿son mis manos limpias? ¿Es mi corazón puro?” Pero no pudo decir más. Este joven cayó sobre sus rodillas y después cayó en un trance. Ahora no me pidan explicarlo, porque no puedo. El cayó en un trance y estuvo así postrado en el suelo del granero. Y como me contó el ministro, en este momento, él y los otros líderes fueron conmovidos con la convicción de que un avivamiento enviado por Dios tiene que ser relacionado siempre con la santidad. ¿Son mis manos limpias? ¿Es mi corazón puro? A esta persona, Dios le encomendará un avivamiento – esta fue la convicción. Cuando sucedió esto en el granero, el poder de Dios inundó la comunidad. Y una consciencia de la presencia de Dios conmovió la comunidad, en una manera que no había sucedido antes por más de cien años. Una consciencia de la presencia de Dios esto es avivamiento.
Si quieres ser parte de un mover de Dios, necesitas anhelar la santidad de Dios. Necesitas seguirla, aferrarte a ella y no soltarla porque te aseguro que el galardón es mucho mayor que los placeres de este mundo (He. 11:24-26) ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? Decía el salmista “El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob.” (Salmo 24:3-6) Moisés ya no estaba para subir al monte de la santidad, tampoco podía ya entrar al lugar santo en el tabernáculo. Tampoco están ahora Charles Finney, ni Moody, Wesley o Duncan Campbell, no está Pabló ni ninguno de los apóstoles. ¿Quién subirá ahora? ¿Quién entrará ante el trono de Dios para importunarle, para pedirle que derrame de una vez el avivamiento sobre este país? La respuesta del salmista fue bien clara y es la misma para ti y para mí en este tiempo: El limpio de manos y el puro de corazón. Si bien es cierto que los tiempos cambian y también lo hacen las personas, pero si hay algo que permanece querido amigo y amiga, eso es la Palabra de Dios y sus principios.
Sergio Scataglini en su libro “El fuego de su santidad” dice lo siguiente:
“Si el agua que usted toma tuviera 2% de contaminación, ¿la bebería? ¡Claro que no! De la misma forma, el Señor busca la pureza en nuestras vidas, nada menos que un 100%. El exige que dejemos de hacer la paz con el pecado y que busquemos la santidad. Sólo entonces es que podemos ver su poder fluir a través de nosotros y seremos partícipes de su presencia en nuestras vidas. Hay un solo camino hacia la limpieza espiritual, y ese camino corre directamente en dirección al fuego de su santidad.”

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2 pensamientos en “Anhelo por la santidad de Dios

  1. Es imposible pedir sin dar. Solo el que da, recibe….

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  2. Sin santidad nadie le vera

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