IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

Espíritus de mentira en los púlpitos

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Espíritu de mentira en los púlpitos
Para muchos cristianos suena muy alarmante esta declaración, sin embargo es una realidad que no podemos negar que esté sucediendo en nuestro tiempo, que sucediera en tiempos anteriores y sobre lo cual aún la Biblia nos trata de advertir.
1ª Reyes 22:1-6 “Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel. Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel. Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria? Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos.
Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey.”

Cualquiera de nosotros hubiera tomado esa palabra como palabra verdadera de Dios. Muchas veces tan solo nos basta para que alguien nos dé una sola palabra que habiéndola creído lo único que consiguió fue apartarnos más del verdadero propósito de Dios para nosotros. Imagínate si cuatrocientos hombres supuestamente profetas de Dios te diesen la misma palabra. Iríamos de una lado para otro gritando y confesando que esto es confirmación de Dios. Sin embargo por mucho que lo confesásemos y repitiésemos no se cumpliría porque fue no una sino cuatrocientas profecías falsas que el diablo utilizó a través de “hombres de Dios” para apartarte del verdadero propósito para tu vida.
Hoy día se ha hecho demasiado popular el ser predicador y soltar palabra de Dios, porque como decía Pablo “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2ª Timoteo 4:3-4)
Es un tiempo en el que se es popular ser profeta o apóstol. Hay profetas y hay apóstoles, pero también hay hombres y mujeres que no han estado en el secreto de Jehová como decía Jeremías (Jeremías 23:22) y no han escuchado su voz y sin embargo se atreven a distorsionar el mensaje verdadero de Dios. Un mensaje y una dirección que Dios te ha estado dando durante años y que en un momento alguien te dio una palabra diferente disfrazada de unción y por creerla y aferrarte a ella te sumergió en un estado de frustración e incluso depresión para creer que Dios no cumplió sus promesas en ti. Amigo y amiga si hay algo que hoy día sobra son predicadores, sean profetas o pastores que dan palabra muerta que causan muerte y que al diablo le encantan porque tan solo consiguen retrasar o arruinar el maravilloso plan de Dios sobre tu vida de restaurar y devolverte el Reino y la autoridad que como a hijo de Dios te pertenece pero que el diablo te robó mediante la mentira y la confusión.
¿Cree que estoy exagerando? A lo largo de los años ha habido hombres y mujeres altamente criticados por su mensaje radical y tan fuera de lo común, pero que sus frutos al final y al cabo hablaron por sí mismos. Podríamos criticar a Wesley, Finney, Duncan y a muchos más pero el rastro de avivamiento que dejaron tras de sí fue suficiente para tapar la boca a todos aquellos que se atrevieron a hablar contra ellos. Lo mismo ocurre con Leonard Ravenhill, fue un hombre que tenía bien claro su llamado de despertamiento espiritual y esto era una de las cosas que declaraba:
“No se necesita indispensablemente la espiritualidad para predicar, esto es, para dar sermones con perfección homilética y exactitud de exégesis. Mediante una buena dosis de memoria, ciencia, ambición personal, desparpajo y una buena biblioteca bien cargada de libros, el púlpito puede ser conquistado por cualquiera en nuestros días. La tragedia de estos últimos tiempos es que tenemos demasiados predicadores muertos en los púlpitos dando sermones al pueblo. ¡Qué horror! Una extraña cosa he visto <>: que aun en círculos fundamentalistas se predica sin unción. ¿Qué es unción? Apenas lo sé. Pero sé lo que no es (o por lo menos sé cuando no está sobre mi propia alma). Predicar sin unción mata en lugar de dar vida. El predicador sin unción es sabor de muerte para muerte.”
Cuando Jesús se encontraba en el desierto dice la Biblia que fue tentado al menos durante tres veces, pero una de ellas es bastante significativa y arroja bastante luz a lo que trato de compartirte.
“Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.” (Lucas 4:5-7)
¿Te diste cuenta? Vuelve a leerlo. “Le mostró todos los reinos de la tierra”. Y el evangelio de Mateo añade “y la gloria de ellos”. Y sigue diciendo: “porque a mí me ha sido entregada, y a quién quiero la doy.” ¿Quién le entregó a Satanás todos los reinos? ¿Y su gloria? Hemos leído que al principio cuando Dios creó al hombre le dio autoridad, potestad para señorear, sojuzgar, subyugar, pero que del mismo modo que el hombre recibió tal dominio así también lo perdió. Se dejó robar. Abrió una puerta a Satanás que este aprovechó y entró y saqueó hasta lo último.
¿Tienes una palabra, un sueño, una visión? ¿Tienes una meta? ¿Algo que Dios puso en tu corazón y que sientes que es lo que da sentido a tu vida? No permitas que nadie te lo robe. No des tus oídos a vanas palabrerías disfrazadas de unción. Si hay algo que caracteriza a una palabra de Dios amigo y amiga es que tiene la capacidad de encender tu corazón por muy frío que esté. <> Y que tiene la capacidad de quebrantar el orgullo, la vanidad, y todo aquello que te desubica del propósito de Dios <> (Jeremías 23:29)
Todos sabemos que la mayoría de las cosas que escuchamos en la televisión son altamente destructivas. Que las conversaciones que podemos escuchar entre aquellos que no tienen a Cristo están llenas de lujuria, mentiras y vanidad, pero nadie imaginaría que en un púlpito y por medio de alguien llamado predicador se nos podría contaminar. Es por eso querido amigo/a que desafortunadamente Satanás ha elegido los púlpitos de muchas iglesias para extender su basura. Se nos ha enseñado a decir a todo amén y cuando no lo hacemos el predicador lo exige, pero no así lo hacían los de Berea cuando Pablo y Silas les predicaban el evangelio. Cada día al volver a sus casas comprobaban mediante las Escrituras que todo cuanto decían era cierto (Hechos 17:10) Necesitamos examinar cada palabra que se nos da en los púlpitos. Somos responsables de lo que comemos y solo nosotros decidimos si queremos comer pan mohoso, duro y seco o pan recién sacado del horno.
Los expertos en nutrición declaran que lo que el ser humano come, eso es. Depende de nuestra dieta que tengamos salud física y de la misma manera depende de nuestra dieta espiritual que tengamos salud espiritual.
Volviendo al texto de 1ª Reyes 22 leemos la historia de que Acab quería salir a luchar contra Ramot de Galaad y pidiendo la colaboración del rey Josafat este le pidió que consultara a Dios por medio de sus profetas. Acab tenía un buen séquito de profetas dispuestos a decir lo que el rey quería escuchar. Todos a una profetizaban el bien, la victoria, la conquista y el éxito para un rey que no quería vivir sometido a la voluntad de Dios. No bastaron cuatrocientas profecías en la misma dirección para convencer a Josafat. Cualquier hombre o mujer hoy día falto de discernimiento hubiera tomado esas palabras como verdaderas de Dios, pero no Josafat: “¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová por el cual consultemos?” (1ª Reyes 22:7)
Algo dentro de él le decía que ninguno de esos cuatrocientos profetas estaba hablando de parte de Dios.
La pregunta que hoy tenemos que hacer amigo y amiga es la misma que hizo Josafat: ¿Habrá hoy día algún profeta por el cual verdaderamente podamos consultar a Dios? Hombres como Micaías son los que necesitamos, hombres íntegros, llenos de Dios, de su Palabra, de pasión, de anhelo, que denuncian el pecado dentro y fuera de los púlpitos, que proclaman lo que Micaías se atrevió a declarar: “Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré” (1ª R. 22:14) Micaías se atrevió a declarar al rey una palabra que contradecía por completo lo que tantos predicadores estaban pronunciando. Mientras ellos declaraban victoria, él declaraba derrota, ellos decían éxito y Micaías decía: “morirás en la batalla”. No es que Micaías fuese un mal profeta, o alguien que venía a condenar, sino más bien estaba declarando que nadie puede tener vida, ni victoria, ni éxito en nada de lo que emprenda si está abiertamente pecando contra Dios y aún así pronunciándose como siervo de Él.
Sigue contando el relato que Dios estaba sentado en su trono y varios espíritus estaban a su alrededor. Dios quería dar a Acab el pago por sus pecados y tras escuchar el plan de varios de esos espíritus al final un espíritu le declaró: “Yo le induciré a que suba a la guerra para que muera en ella” -¿Cómo lo harás?- le preguntó Dios. “Yo saldré, y seré un espíritu de mentira en boca de todos sus profetas.” W. Phillip Keller autor de “Lobos con piel de Oveja” declara lo siguiente:
“Los feligreses tienen todo el derecho de observar detenidamente a sus líderes espirituales. Tienen derecho a formularles preguntas directas a aquellos que pretenden ser sus pastores. Necesitan saber con certeza si los que ocupan sus púlpitos son hombres y mujeres de carácter verdadero o falso.”
Hay una responsabilidad sobre ti y es la de velar por tu alma, por la de tu familia y la de tus hijos. Hay un espíritu de mentira que se ha apoderado de una gran cantidad de iglesias en las cuales se les abrió una puerta a través de sus púlpitos y de sus supuestos predicadores invitados que en vez de traer vida, restauración y avivamiento han traído bancarrota en muchos hogares tanto económica como espiritual. Pastor, juzgue a sus predicadores como decía David Wilkerson en una conferencia en la que pude estar: “júzguenlos por su santidad”. Vele por la salud de su iglesia, y permita que el Espíritu Santo le de discernimiento para entender lo que viene de Dios y lo que no, lo que colaborará para que cada una de sus ovejas entren en el propósito de restauración que Dios está queriendo desempeñar y lo que el diablo tratará de hacer y usar para arrancarle de un puñado la bendición de Dios.
Aún el apóstol Juan trataba de advertirnos de estos supuestos “hombres de Dios” que tratarán de confundir al pueblo trayendo palabra adulterada y no verdadera Palabra de Dios. “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1ª Juan 4:1) La NVI lo dice aún mucho más claro y directo: “Queridos hermanos, no creáis a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sometedlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas”. ¿Lo quieres más claro todavía? Fíjate como lo expresa la versión Dios Habla Hoy: “Queridos hermanos, no creáis a todos los que dicen estar inspirados por Dios, sino ponedlos a prueba para ver si el espíritu que hay en ellos es de Dios. Porque el mundo está lleno de mentirosos que dicen hablar de parte de Dios.” ¿No te parece suficiente fuerte y bastante clara la forma en la que la Biblia habla?
¡¡Cuidado!! El mundo está lleno de mentirosos que dicen hablar de parte de Dios. Gente que exalta sus dones y talentos, la obra que están realizando por encima del Nombre de Cristo. Gente que no tiene el espíritu de Dios sino más bien un espíritu de mentira como en los días de Micaías. Un espíritu con el propósito de confundir, desanimar y robar aquello que Dios desea realizar en tu vida y en la de tu familia. Yo no podría expresarlo más claro de lo que lo hace la Biblia. Ese es su propósito, traer claridad en medio de la confusión, como decía el salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105)

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