IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

He sentido un vivo celo

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He sentido un vivo celo
1ª Reyes 19:10 “He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.”
Este era el clamor del profeta de Dios. Un vivo celo por Jehová, ¿Por qué? Porque el pueblo ya no adoraba a Dios. Las iglesias estaban vacías en los cultos de oración. La televisión u otras cosas vanas habían tomado el primer lugar. Por eso sentía Elías un vivo celo. Porque los altares habían sido derribados. Ya no se buscaba a Dios en lo secreto. El lugar Santísimo estaba desierto. Todo sonaba a religiosidad hueca y sin sentido. El pecado estaba ganando terreno fuera y dentro de la iglesia. He sentido un vivo celo por Jehová, porque las familias se derrumban a pasos agigantados. He sentido un vivo celo, porque las consultas de adivinos y agoreros están llenas mientras la iglesia pierde el tiempo en discusiones que sólo llevan a perdición de los oyentes (2ª Timoteo 2:14). – ¿Qué haces en la cueva Elías?— Le preguntó Dios. –He sentido un vivo velo por ti, Señor, porque, en tu iglesia ya no se predica con temor. Las iglesias dejaron hace tiempo de ser luz y sal. Los pecadores ya no son convencidos. Al pecado ahora se le llama “debilidades”. Los profetas vuelven a profetizar por dinero y los sacerdotes llenan sus arcas a expensas del pueblo. —He sentido un vivo celo por Jehová de los Ejércitos.— Este era el clamor de alguien con hambre por la justicia de Dios. Alguien conformado a la imagen de Dios y no de este mundo. Esta era la característica que hacía de Elías alguien “especial”. Tenía sus altibajos, pero ¿Que se podía esperar de alguien que sufría en su corazón la injusticia de un pueblo que había cambiado la gloria de Dios por deleites temporales? ¿Sientes tú este vivo celo? Para muchos este sentimiento es algo desconocido. No cabe tal emoción es sus corazones divididos. “Si Jehová es Dios, seguidle, si Baal, id en pos de él. ¿Por qué claudicáis entre dos pensamientos? (1ª Reyes 18:21); Ni eres frío ni caliente. ¡¡Ojala fueses frío o caliente!! (Apocalipsis 3:15) Me gusta como expresa el clamor del profeta la NVI: “Me consume mi amor por ti, oh Dios” (1ª R. 19:10) Cristianos que son consumidos por este tipo de amor, esta pasión, esta hambre y esa sed, porque algo sobrenatural ocurra en el lugar por donde andan. Por el contrario encontramos en las iglesias y aún muchos más fuera de ellas a “cristianos” que son consumidos por un fuego que no es de Dios. Hombres consumidos por la pornografía, el adulterio, y toda clase de inmoralidad. Mujeres que el único celo que sienten es cuando ven series de televisión que patrocinan al adulterio, el engaño y la rebeldía. ¡¡Oh Señor, que gran necesidad tiene la iglesia de que Dios levante hombres y mujeres con el espíritu de Elías!! Hombres que suspiran al ver las noticias, que claman y gimen por causa de las injusticias que en este mundo a diario se cometen (Ezequiel 9:4). “He sentido un vivo celo por Jehová”. O como lo expresa la Biblia de Jerusalén: “«Ardo en celo por Yahveh, Dios Sebaot”. ¿Siente tu corazón este celo? No te conformes a este siglo, no te conformes a escuchar injusticias, no dejes de sentir un vivo celo, una pasión, un deseo, un hambre, llámalo como quieras, pero no dejes que tu corazón quede indiferente ante tanta basura que está llenando este mundo y que comienza a inundar las puertas de nuestras iglesias. Es el mismo celo que sintió Jesús al entrar a Jerusalén, el mismo celo que sintió Juan al ver al rey Herodes cometiendo adulterio, el mismo celo que ardía en Jeremías. Esta debe ser una característica de todo hombre y mujer de Dios. Cristianos bautizados en una insatisfacción santa por este mundo. Voceros de Dios que van con el espíritu de Elías y denuncian los pecados que se están cometiendo porque sienten en su interior un “Vivo celo, un fuego ardiendo, una pasión que los consume por Jehová de los Ejércitos”. Este tipo de celo fue el que consumió la vida de David Brainerd en tan sólo tres años. Tuvo un corto ministerio de los veinticuatro a los veintisiete años, pero fueron tan intensos, tan apasionados que no sólo fueron cambiadas las vidas de aquellos indios de New Jersey sino que hombres como Wesley o Andrew Murray fueron encendidos por este celo que ardía en su interior. Muchos fueron llamados al ministerio al leer su diario, y hoy día ese celo sigue propagándose en corazones que como el de Brainerd, estaban hambrientos por una justicia que fuera mayor que la de los hombres. Un deseo había en sus almas y era el ver establecido el Reino de Dios entre ellos. El precio ya estaba calculado, la obra ya había comenzado y Dios ya estaba edificando. Dejaron compromisos con este mundo prefiriendo los vituperios y el galardón. David Brainerd estaba comprometido a casarse con la hija de Jonathan Edwards, pero su celo por Dios y por la salvación de los indios pudo con él adelantando su partida con el Señor. Si le hubieran preguntado por qué sacrificó su juventud, su “futuro”, sus amigos, su familia, sus deseos normales que cada hombre y mujer tiene, estoy seguro que podría haberle escuchado decir: “Porque he sentido un vivo celo por Jehová de los Ejércitos”

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