IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

Una gran insatisfacción y hambre insaciable

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Otro poderoso precedente de un maravilloso mover de Dios es una insatisfacción que llena tu alma acompañada por un hambre de Dios que por mucho que intentas saciar resulta imposible.
Sucedió aproximadamente en el mes de Noviembre del año 1998 alrededor de las 08:00 de la mañana. Un grupo de estudiantes de edades comprendidas entre los 20 y los 40 años se estaban preparando para el ministerio en el Seminario Evangélico Español (actualmente llamado Cstad) situado en un pequeño pueblecito llamado La Carlota de la provincia de Córdoba. Nadie esperaba lo que estaba a punto de ocurrir, si bien es cierto que había un ambiente generalizado de intenso hambre por un mover de Dios. Lo que se respiraba cada día era un deseo de que algo de una vez por todas ocurriera. Durante los desayunos observábamos sin perder detalle los videos sobre el avivamiento en Pensacola y eso contribuyó a que nuestra hambre e insatisfacción creciera de forma gradual. Aquel día como de costumbre el timbre sonó a las 08:00 de la mañana anunciando el devocional conjunto. Aún puedo escuchar aquel infernal timbre que anunciaba las diferentes actividades. Parecía que el seminario entero se iba a venir abajo cada vez que lo hacían sonar. Había una lista que anunciaba quien compartía la palabra ese día. Aquel devocional sólo debía durar unos diez o quince minutos según la rutina diaria, pero Dios tenía otros planes. Como de costumbre un alumno compartió su pensamiento bíblico para comenzar ese día. Sólo le llevó unos diez minutos para impartirnos lo que tenía de parte de Señor y después hizo una oración para presentar a Dios ese día. Del resto se encargó el Espíritu Santo. A diferencia de otras veces, nadie se movió de su silla después de terminar el devocional, salvo para caer al piso de rodillas. Era como si todos esperaran algo más. Y esa es la clave, esperar algo más. Desear algo más. Insatisfacción. Hambre. Llámalo como quieras. Los estudiantes comenzaron a orar y a clamar como si ese fuese el último día de sus vidas. El Espíritu Santo intervino en nuestra rutina y tomó el control no solo de nuestras vidas sino del seminario entero. Las clases comenzaban a las 09:00 de la mañana… normalmente. Hubo estudiantes que a las 11:00 aún se les escuchaba clamar y gemir desde la capilla. Yo personalmente pude recobrar mis fuerzas una hora y media después y entré a clase como a las 09:30 de la mañana aún temblando y con los ojos hinchados de llorar. En cada clase el profesor oraba o pedía a un estudiante que lo hiciera para dar a Dios la dirección del estudio, pero llegó el momento en el que los profesores tuvieron que dejar de hacerlo. Cada vez que se oraba para comenzar la clase los estudiantes caían al suelo o comenzaban a gemir, llorar y hablar en lenguas tomados por el Espíritu. Los estudiantes del aula de al lado al escuchar el clamor caían bajo la presencia de Dios y también sus estudios eran interrumpidos por lloros y gemidos. El culto diario duraba una hora aproximadamente y después le seguía otra hora de enseñanza en las aulas. Esa hora nunca llegaba ya que las reuniones de alabanza y predicación que teníamos a diario se convertían en cultos de avivamiento donde los estudiantes junto a sus profesores caían al suelo algunos llorando, otros gimiendo y otros simplemente gozándose en la presencia de Dios. En muchas ocasiones no se podía ni ministrar la palabra ya que el Espíritu Santo lo hacía todo. Los horarios del seminario se vinieron abajo. El director tratando de controlar un poco mejor los horarios cambió los cultos para el final para que pudiéramos asistir a todas las clases, pero eso funcionó a medias. Durante un tiempo no hubo puntualidad en las clases, ni tampoco en el comedor. La cocinera hacía comida para veinte y sólo la mitad podía estar presente. Todo el horario y actividades eran atrasados ya que nadie podía decidir cuándo levantarse del suelo y recobrar las fuerzas. Durante ese tiempo que duró más de un año ocurrieron muchísimas cosas que quizás no habría espacio en este libro para documentarlas. Pero lo cierto es que vidas fueron transformadas, pastores que venían a dar enseñanza volvían a sus iglesias encendidos por el fuego del Espíritu Santo. Mucha gente nos visitó desde varias partes de España para pasar un fin de semana allí y experimentar algo nuevo para sus vidas. Pero, todo fue menguando en la medida que los alumnos fueron graduándose e iban entrando otros nuevos. Dios me enseñó algo importante que destacar: “La Presencia de Dios no cae sobre lugares, sino sobre personas.” Por esa razón menguó este mover de Dios, porque los alumnos que oraban y clamaban y sabían entrar en el secreto de Dios fueron graduándose y volviendo a sus iglesias, y la presencia de Dios, fue con ellos. Las personas que vivieron ese avivamiento que duró como un año y medio aproximadamente, hoy siguen encendidas y con un anhelo por más de Dios. Querido hermano y hermana, si realmente deseas ver el Reino de Dios extendiéndose a tu alrededor, necesitas sentir con profundidad una intensa insatisfacción y hambre por más de Dios. Eso será un gran precedente para que algo milagroso ocurra en tu vida y a través de ella.
Eclesiastés 1:12-2:11 relata lo siguiente: “Busqué en la sabiduría; la alegría, los bienes, el vino, edifiqué casas, viñas, huertos, jardines, árboles de todo fruto. Estanques de agua. Compré siervos y siervas. Compré vacas, ovejas más que cualquiera. Montañas de oro y plata y tesoros preciados. Tenía cantores con toda clase de instrumentos. Fui engrandecido y aumentado más que cualquiera. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol” Cuando una gran insatisfacción se apodera de ti, es porque el Espíritu Santo está preparado para sorprenderte.
Smith Wigglesworth: “Quiero llevarlos a un lugar de insatisfacción; un lugar donde ya nunca volverán a estar satisfechos, solo satisfechos con una satisfacción que no puede ser satisfecha.”
No importa cuánto recibas de Dios, ¡¡Nunca es suficiente!! Y cuando has experimentado a Dios de verdad y su poder sobre ti, ya nada en esta vida te saciará. Si quieres ser parte de un mover de Dios, necesitas estar insatisfecho y hambriento por más de Él. La insatisfacción y el hambre te llevarán a experimentar un poderoso avivamiento en tu vida. Estos son algunos textos que expresan muy bien esa clase de hambre: Salmo 42:1-2 “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?
Salmo 63:1-2 “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré, mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario.”
Salmo 119:62 “A media noche me levanto para alabarte por tus justos juicios.”
Salmo 27:4 “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.”
El hambre te mueve, te despierta y te llevará a un grado de insatisfacción que nunca habías conocido.

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