IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

EL VERDADERO EVANGELIO

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El verdadero Evangelio
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
“El mundo tiene millones de personas que piensan que se dirigen al cielo, pero que están mortalmente equivocadas. Es probable que la mayoría de ellas piense que el cielo les espera, y no es así. Lo más triste es que muchas de esas personas ¡se sientan en iglesias evangélicas que están mal informadas!” John MacArthur
Cuando se pronuncian palabras como estas muchos piensan que lo único que se pretende es perturbar la supuesta paz que tienen muchos supuestos cristianos. Nada más lejos de la realidad. Lo que realmente se pretende con un mensaje así, es enfocar lo que está desenfocado. Guiar a las personas hacia el camino correcto que lleva al cielo, que de ninguna manera es fácil ni cómodo.
Vivimos en unos tiempos difíciles para la iglesia del Señor. Algunos declaran y proclaman que son días de avivamiento, de siembra, de expectación. Son sin duda tiempos finales donde el mismo Jesús anunció los peligros que surgirían: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24) Y nadie puede negar que “cristos” o lo que es lo mismo, ungidos, no nos faltan hoy día. Cada vez son más los que se levantan con una nueva unción impartida por “apóstoles”, que a su vez están por encima de otros apóstoles o profetas. Cuando Jesús hablaba de falsos cristos, no estaba hablando de gente que se proclamaría el Mesías, sino de personas que irían de un lugar para otro proclamando la unción que han recibido e impartiéndola a otros, predicando mensajes desvirtuados basados en el bienestar social y económico. Es por esa razón que más que nunca, lo que creo que necesitamos urgentemente en la actualidad es volver al verdadero evangelio, a las enseñanzas sencillas pero a la vez difíciles que Jesús nos dejó, y digo difíciles porque lo llevarán hasta la cruz. Hoy día se predica un evangelio adaptado a la necesidad de la gente cuando es la gente la que debería adaptarse a las exigencias del Mensaje. La voluntad de Dios siempre fue que todo el mundo estuviera al alcance de la salvación y para eso nos dejó el Espíritu Santo, para ayudarnos en nuestra debilidad a cumplir con los mandamientos de Jesús. Pero lamentablemente no todos estuvieron dispuestos a seguir sus exigencias. Algunos no calcularon el alto costo que les supondría salvar sus almas y cuando vieron que sus demandas eran mayores que su disponibilidad de sacrificio, se volvieron a atrás. Entendemos que la salvación es por gracia. Eres salvo en el momento en que aceptas a Jesús como Salvador. Si murieras esa misma noche, pasarías a reunirte con Él en el Paraíso (Lucas 23:43) pero si en su misericordia, Dios decide que quedes para servirle, tendrás que esforzarte cada día de tu vida para llegar a la meta. Habrá que perseverar, llorar en muchas ocasiones, por tus pecados o por las almas que se pierden. Tendrás que morir cada día a tus deleites, a tus caprichos e incluso a tus sueños o ilusiones, entregándolos cada día en el altar de Dios. La oración “milagrosa” que hiciste al comenzar tu carrera no será suficiente para mantenerte libre del pecado. Habrá que renunciar a muchas cosas que nos querrán mantener lejos del Camino. Esta fue la historia del joven rico, a quién Jesús amó, pero no respetó sus impulsos egoístas. Era un joven que a pesar de su corta edad, era casi perfecto, cumplía todos los mandamientos que él conocía y no estaba lejos de la verdadera salvación. Lo lamentable de esta historia es que este hombre como muchos en la iglesia actual, estaba mal informado. Le habían enseñado que su conocimiento de las Escrituras le aseguraría una plaza en el cielo. Que la práctica de casi todos los mandamientos sería más que suficiente para ganarse el Paraíso. Pero no fue así, se encontró con la Verdad y esta le confrontó. Fue probado por el fuego, y este le quemó. Todas sus obras quedaron en cenizas, sus buenas intenciones, todo su conocimiento, nada fue suficiente para alcanzar la verdadera vida eterna. Jesús lo amó, pero lo dejó ir.
A menudo aplicamos grandes verdades de la Palabra, pero pasamos por alto los sencillos pero fundamentales mandamientos que Jesús nos dejó en los evangelios. Pensamos muchas veces que esta parte de las Escrituras es para aquellos que aún no han conocido la Verdad. Las predicamos una y otra vez en la calle o en cultos especiales, pero fallamos en no poner atención a lo que nos tienen que decir a nosotros. Cristo a lo largo de los evangelios no habló una y otra vez del precio que costaría a aquellos que se dispusieran a seguirle y en ningún momento rebajó sus exigencias.
“Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.” Le dijo un escriba. “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.” Le contestó Jesús. (Mateo 8:19-20) No era precisamente una vida cómoda la que Jesús tenía para ofrecer. Más bien un andar de allí para acá, predicando en todo momento y dependiendo de la mano de Dios. “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” Lucas 13:22-24. Si leemos el contexto inmediato nos daremos cuenta de que este versículo fue una respuesta a la pregunta que alguien hizo. Una pregunta en la que deberíamos detenernos e intentar aplicarla a la situación religiosa de nuestros días y en nuestras iglesias. “Maestro, ¿son pocos los que se salvan?” Estos fueron quizás los pensamientos de alguien a quien le preocupaba el estado de su alma, alguien dispuesto a saber si el acceso al cielo lo tendría denegado según las enseñanzas que había recibido o por lo contrario podía confiar en lo que desde pequeño le habían enseñado. Alguien que quiso inquirir un poco más allá de lo que otros le habían dicho. Esforzaos, fue la respuesta de Jesús. Es interesante notar que esta palabra mirada a la luz del idioma original nos está hablando de una lucha o de una pelea. “Agonizomai”, es la palabra para describir este tipo de esfuerzo. Es una agonía, una contienda continua con la carne, con el diablo y con las enseñanzas de este mundo. Uno no puede llegar al cielo sino se esfuerza, sino lucha o pelea cada día de su vida hasta que Cristo vuelva. No se va al cielo por aceptar a Jesús, sino por perseverar en Él, en sus enseñanzas, en sus mandamientos. Doctrina muy distante a lo que se predica o se enseña en muchas iglesias sea de manera directa o indirecta. “Acepte a Jesús, pídale perdón y reciba la vida eterna.” La pregunta que solemos hacer para saber si un pecador pasó de muerte a vida suele ser: ¿hizo la oración del pecador? Queridos hermanos, el aceptar a Jesús no es sino tan sólo el comienzo de una carrera por la cual tendrás que atravesar serias dificultades, pruebas que te empujarán a desistir en más de una ocasión, aún a pesar del gran galardón que sabemos que nos espera. Por eso te animo a que no te engañes ni te dejes engañar. El precio de seguir a Jesús hay que calcularlo, meditarlo, saber si se está dispuesto a pagarlo, porque aunque la salvación es por gracia, te costará la vida llegar a alcanzarla.

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