IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

TRATÉ DE SUFRIRLO, PERO NO PUDE

Deja un comentario

Jeremías 20:7-9 “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.”
¿Puedes imaginar lo que sentía el profeta Jeremías en ese momento? ¿Tan fuerte debía ser lo que sentía para no callar habiendo ya experimentado cárceles, ser arrojado en cisternas, rechazos, insultos y otros vituperios? Es el mismo clamor que expresaba Elías en la cueva pero con otras palabras. Nadie está dispuesto a soportar lo que sufrió Jeremías si no está seducido por un hambre sobrenatural por la justicia de Dios. ¿Puedes escuchar al profeta por un momento? ¿Puedes hacerte un cuadro de este instante en tu mente? -“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido.”- Otras versiones dicen: -“Me engañaste y me dejé engañar”; “Me convenciste y me dejé convencer”- El profeta le está diciendo a Dios: -Yo no sabía que iba a sufrir tanto. Yo debía ser sacerdote ya que mis padres lo fueron, no debía ser profeta, las cárceles, las cisternas no entraban en el trato. Pero es que aún si me lo hubieras dicho, habría aceptado, porque ya no depende de la obediencia, ahora me has seducido, hay un hambre por la justicia, por la restauración de las cosas, por ver tu Reino manifestado. Tu clamor oh Dios ya forma parte de mí.- Podría imaginarme a Elías, Jeremías y Juan el Bautista juntos. Revolucionarían el mundo conocido. El mundo ardería en llamas. ¿Has visto uno de esos incendios que en pocos días consiguen consumir miles de hectáreas? Parecen incontrolables. Algo así sucedería si juntáramos estos tres hombres. Hombres que en algún momento sus vidas fueron representadas por el fuego. Elías, el profeta del fuego, oró y fuego descendió del cielo. Jeremías seducido por un fuego que ardía en sus huesos. Juan el Bautista era antorcha que ardía. Contemplaríamos el incendio espiritual más grande de la historia. Hoy, puede suceder si personas como tú y como yo nos dejamos seducir por Dios. Si permitimos que Dios nos haga sentir un vivo celo por su presencia, por su justicia, por su Reino no adulterado. Que Dios levante hombres y mujeres así, incendiados por la llama divina, que sientan la palabra arder en sus huesos, que sientan que les quema si callan. ¡¡Oh, si Señor, este es mi clamor!! Hombres y mujeres comparados con antorchas que ni siquiera necesitan hablar para transmitir desesperación por Dios, por el Espíritu Santo. Esto es lo que necesita la iglesia del siglo XXI. No más tecnología, no más métodos ni estrategias para evangelizar, la iglesia necesita fuego, fuego del Espíritu, transportado por hombres y mujeres apasionados, seducidos hasta los huesos. Hombres que ni siquiera andan ya por obediencia sino por pura necesidad que forma parte de ellos.
“Traté de sufrirlo pero no pude” (Jer. 20:9) No es que el profeta aceptara sin más. Estaba cansado, agobiado, desgastado ya de tanta violencia hacia su persona. Intentó olvidarse de Dios, de su Palabra, del pueblo, de la necesidad. Es increíble como muchos cristianos hoy no necesitan esforzarse por que ocurra esto en sus vidas. Se olvidan sin más de la predicación del domingo, no hay un esfuerzo por ponerla en práctica, ni si quiera por intentarlo. Pero es que Jeremías trató, se esforzó, luchó por olvidarse de ese celo y esa hambre pero le resultó imposible. ¿Has intentado olvidarte de Dios alguna vez? Si permites que Dios te seduzca, estás atrapado. Ya no hay vuelta atrás. La Septuaginta lo expresa así: «No nombraré, no, el nombre del Señor; y no hablaré; no, ya en su nombre. Y se ha hecho como fuego encendido, inflamado, en mis huesos; y languidezco doquier, y no puedo soportar». Jeremías se lo había propuesto, ni siquiera su Nombre pronunciaría, como dice la versión DHH, “no dejaría que su mente pensase en Dios”, ni mencionarlo si quiera. Pero esto es un imposible para aquel que como Elías y Jeremías están consumidos por una pasión que no es de esta tierra. Es un hambre como el que canta J. Adrián Romero, hambre que duele, que santifica, un hambre que desgasta el cuerpo exterior pero que renueva el interior.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s