IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

DWIGHT L. MOODY

Deja un comentario

AVIVAMIENTO BAJO EL MINISTERIO DE DWIGHT L. MOODY DE 1859-60

El hombre más escuchado antes de la era electrónica.
Así se dice de este trascendente hombre de Dios nacido el 5 de febrero de 1837 en Nortfield (Massachusetts, EE.UU.).

D. L. Moody quedó huérfano de padre a los cuatro años y la familia de seis hermanos tuvo que enfrentarse a graves problemas financieros. A los siete años se vio obligado a ponerse a trabajar. A los 17 se trasladó a Boston donde consiguió trabajo como ayudante de zapatero.
Este hombre, cuya educación formal fue el equivalente al quinto año de primaria, fundó tres escuelas de renombre. Sin educación teológica, reestructuró el cristianismo de la Era Victoriana y sin radio o televisión, alcanzó a 100 millones de personas, viajando más de cien millones de millas durante su carrera evangelística.

Todo comenzó cuando este vendedor de zapatos inició una escuela dominical que llegó a ser la más grande de Chicago. Así que él ya tenía cierto éxito cuando conoció a dos ancianitas, quienes le informaron: “Hemos estado orando por ti… ¡necesitas poder! ¡Necesitas poder!” Dice Moody: “Mi reacción inmediata fue: ¿Por qué mejor no oran por los perdidos? ¡Yo pensaba que ya tenía poder! Tenía la congregación más grande de Chicago, y había muchas conversiones. Pero ante la insistencia de ellas, por fin me animé a preguntarles exactamente a qué se referían cuando decían que yo necesitaba más poder.” Cuando les preguntó, ellas le contestaron que lo que él necesitaba era el bautismo con el Espíritu Santo. Fue entonces que él les pidió que no sólo oraran por él, sino también con él.

Relata Moody: “Al escuchar y orar con ellas, derramaban su corazón para que yo pudiera tener la plenitud del Espíritu Santo, y comencé a reaccionar. Entró en mí una intensa hambre espiritual, que hasta entonces había sido desconocida para mí. Comencé a llorar como nunca antes. El hambre aumentó. Verdaderamente sentí que ya no quería vivir si no podía tener ese poder para su servicio”.

Poco tiempo después, un día él estaba caminando por Wall Street en Nueva York, y en medio de la actividad y bullicio de esa céntrica calle, su oración fue contestada; el poder de Dios cayó sobre él mientras caminaba, al grado que tuvo que correr a la casa de un amigo y pedirle si le podía permitir estar a solas en una habitación. En esa habitación permaneció por horas; y el Espíritu Santo vino sobre él llenando su alma con tanto gozo que por fin tuvo que pedirle a Dios que detuviera Su mano, para que no muriera en ese instante por el gozo tan desbordante. Salió de ese lugar con el poder del Espíritu Santo sobre él, y a partir de allí comenzó sus poderosas reuniones evangelísticas.

Según él mismo relata: “Los mensajes fueron diferentes. No presenté verdades nuevas, y sin embargo, cientos de personas fueron convertidas. Yo jamás volvería atrás a donde estaba antes de esa bendita experiencia (refiriéndose a su bautismo en el Espíritu Santo)” Además, desde entonces, él siempre insistía en la importancia que los demás cristianos también fueran bautizados con el Espíritu Santo.

Un amigo suyo fue R. A. Torrey, quien relata: “Una y otra vez, el Sr. Moody venía y me decía: ‘Torrey, quiero que hables del bautismo con el Espíritu Santo’. En una ocasión, él intervino para que me invitaran a predicar en una prestigiosa iglesia de Nueva York. Me dijo: “Esa iglesia es grandísima, y quiero pedirte que prediques tu mensaje acerca del bautismo con el Espíritu Santo.” Es más, siempre que él se enteraba que yo estaba invitado a predicar en algún lugar, él me llamaba y me decía: “Torrey, asegúrate de predicar acerca del bautismo con el Espíritu Santo.”

Otro hecho es que él fluía en los dones del Espíritu. En el libro “Las Tribulaciones y los Triunfos de la Fe”, escrito en 1875, Dr. Richard Boyd, un amigo de Moody, escribió: “Cuando llegué a los salones, la reunión estaba en fuego. Los jóvenes estaban hablando en lenguas y profetizando. ¿Qué significaba todo esto? Sólo que Moody había estado hablándoles por la tarde.”

Del libro “Moody y Su Obra”: “…en uno de sus grandes servicios en Londres, al levantarse a leer las Escrituras, involuntariamente comenzó a hablar palabras que ni él ni su congregación entendían”. Dichos importantes de Moody: En cuanto a la falta de poder: “Nuestro mayor problema es el problema de “traficar” con verdades no
vividas. Tratamos de comunicar lo que nunca hemos experimentado en
nuestra propia vida.”

“Algunas personas parecen creer que están perdiendo tiempo si esperan en Dios por Su poder, así que se van y hacen Su obra sin unción y sin poder alguno… El Espíritu Santo DENTRO de nosotros es una cosa, y el Espíritu Santo SOBRE nosotros es otra… si los primeros cristianos hubieran salido a predicar sin esperar el poder, ¿creen que hubiera ocurrido lo que ocurrió el día de Pentecostés? …No tiene sentido salir corriendo antes de ser enviado, intentar hacer la obra de Dios sin el poder de Dios… un hombre obrando sin el poder del Espíritu Santo está perdiendo su tiempo. Así que no perdemos nada si esperamos hasta que obtengamos este poder.”

En cuanto a las manifestaciones de los avivamientos, Moody dijo en su mensaje titulado “Avivamientos”: “A mí no me da tanto miedo la emoción como a otros. Hay quienes apenas ven algo interesante, inmediatamente claman, ‘¡Sensa-cionalismo! ¡Sensacionalismo!’ Pero yo les digo que prefiero tener sensación en lugar de estancamiento… Me parece que cualquier cosa es preferible a lo muerto… Donde hay vida, siempre habrá conmoción”.
“¿Ven cómo El vino el día de Pentecostés? No es carnal orar que Él venga otra vez y que el lugar tiemble. Creo que el Pentecostés sólo fue un día para servirnos de muestra. Creo que la Iglesia cometió este lamentable error de decir que Pentecostés sólo fue un milagro que no volverá a repetirse”.

Nunca fue ordenado en el ministerio de ninguna iglesia, sin embargo fue el evangelista que a más gente predicó en su época. Murió en diciembre de 1899 en medio de una campaña evangelística, que estaba teniendo lugar en Kansas. “¿Y esto es morir? Pues es la misma bienaventuranza. La tierra retrocede; se abre el cielo; Dios me llama. Debo irme”, fueron sus últimas palabras.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s