IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

¿Por qué no pudimos?

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Mt. 11:2-5 Ante la pregunta de Juan Bautista sobre si Jesús era el Cristo, el Mesías esperado. La respuesta de Jesús fue: “los ciegos ven, los sordos oyen, los leprosos son limpiados…”
Las señales y los milagros eran muestra de que el reino de Dios había llegado con Jesús. A lo largo de todo el nuevo testamento, especialmente en el libro de hechos, podemos observar como las señales y los milagros formaban parte de la vida de la iglesia, y fueron una pieza importante para la extensión del reino de Dios y el crecimiento de la iglesia.
Rom 15:18-19 Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

Fue más que evidente la transformación en la vida de los discípulos después de recibir el bautismo de poder del Espíritu Santo en pentecostés. Hubo un antes y un después en sus vidas, en su predicación y en la manifestación del poder de Dios a través de ellos.
Un ejemplo claro es Pedro en Hech. 3:6-7; 11-26; 4:8-12; en estos textos nos encontramos a un Pedro lleno de fe, un Pedro que actúa con seguridad, que habla con denuedo y no tiene miedo al hombre. Sin embargo todos sabemos que no siempre Pedro fue así. Antes nos encontramos con un Pedro capaz de dar un paso de fe pero que después, preso de la inseguridad se hunde en las aguas. Nos encontramos con un Pedro que por miedo a los hombres niega a Jesús, se esconde y decide volver a ser un pescador de peces y no de hombres.
¿Qué fue lo que produjo la diferencia? ¿Qué hizo que Pedro tuviera la seguridad para tomar la mano de este hombre y levantarlo en el poderoso nombre de Jesucristo?
Está claro que hubo un antes y un después en la vida de Pedro y de todos los discípulos después de Pentecostés. Sólo la capacitación de Poder del Espíritu Santo pudo lograr que Pedro pudiera ser verdaderamente un poderoso testigo “y recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos” Hch. 1:8
Hch 5:1-16 tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.
Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.

Cuando observamos el cambio en la vida de Pedro después de Pentecostés, no tenemos más que afirmar que verdaderamente necesitamos urgentemente esa capacitación de poder.
Pero esta reflexión sobre Pedro nos lleva a plantearnos cosas como:
– Que al igual que Pedro nosotros también tenemos la gracia de Dios.
– Al igual que Pedro, nosotros también hemos sido enviados por Jesús.
– Al igual que Pedro, nosotros también creemos en el nombre de Jesús resucitado.
– Al igual que Pedro, muchos de nosotros también hemos recibido el bautismo del Espíritu Santo.
Sin embargo, la mayoría de nosotros nos encontramos igual que Pedro antes de ser lleno del Espíritu.
La mayoría de nosotros nos encontramos como los discípulos que frustrados le preguntaron a Jesús: ¿por qué nosotros no pudimos?
Mr. 9:14-29
LAS MULTITUDES NECESITAN DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS (vr.14)
En este texto encontramos que Jesús no estaba pues había subido al monte con tres de sus discípulos (la transfiguración)
Jesús había marchado, pero la multitud seguía necesitando sus enseñanzas y su poder restaurador, sanador y libertador. Seguían habiendo personas atadas a sus pecados, seguían habiendo enfermos y atormentados por el diablo entre la multitud.
La multitud acudió a los discípulos pues Jesús había subido al monte. Jesús les delegó autoridad y les dio directrices a sus discípulos para que en su nombre echaran fuera demonios y sanaran a los enfermos.
Hoy día seguimos teniendo a nuestro alrededor una multitud atada a sus pecados, a sus enfermedades y oprimidas por el diablo. Jesús ya no está en la tierra, ascendió al Padre, pero delegó la tarea de predicar, y nos dio autoridad en su nombre para sanar y echar fuera demonios por medio del poder del Espíritu Santo.

Los discípulos obedecieron al mandato de Jesús y ministraron al muchacho pero no pudieron liberarlo. Y además vemos que cuando Jesús desciende, los haya disputando con los escribas.
Quizás al ver que no podían liberar al muchacho, los escribas comenzaron a señalarlos y a ellos no se les ocurrió otra cosa que ponerse a discutir con ellos en vez de atender a la multitud.
A veces en la iglesia de hoy nos sucede lo mismo, en vez de procurar la llenura del Espíritu y atender a la multitud, nos enzarzamos en cuestiones que nos enredan y nos hacen perder el tiempo y las oportunidades de Dios. A veces pasamos más tiempo discutiendo sobre doctrinas, etc… y las multitudes se siguen perdiendo.
LA FRUSTRACIÓN DE LOS DISCÍPULOS (vr.28)
El padre del muchacho en cuanto ve a Jesús le pide ayuda desesperadamente. El padre del muchacho le explica a Jesús que le trajo el muchacho a los discípulos, pero estos no pudieron hacer nada por él. Ante esto Jesús exclama: ¡¡Oh generación incrédula!!…
Jesús atendió al muchacho y una vez más muestra su misericordia y su maravilloso poder, liberando al muchacho y con ello devolviéndole la oportunidad de vivir una vida digna y no miserable.
Después, cuando se retiraron los discípulos le mostraron su frustración a Jesús y le preguntaron ¿Qué ha sucedido? ¿por qué oramos y no sucedió nada? ¿por qué no pudimos? ¿qué falla Jesús? ¿qué nos falta?
LA RESPUESTA DE JESÚS.
Mt. 17:19-21 nos da una versión más clara sobre la respuesta de Jesús a sus discípulos. Por vuestra poca fe…. Si tuvierais fe como un grano de mostaza…. Este género no sale sino con oración y ayuno.
Me imagino a los discípulos diciendo:
Pero Jesús, si nosotros hemos sido enseñados por el mejor maestro, tenemos la autoridad que nos has otorgado como hijos de Dios que somos, tenemos el poder en tu nombre, tenemos las promesas en la Palabra, etc…
Y Jesús les responde: muy bien, pero como no te hinches a orar y a ayunar, no lo sacas.
¿Qué les está diciendo Jesús con esa respuesta?
Es como si un atleta le dijera a otro:
Mira, ¿ves ese salto de pértiga de 5 metros de altura? Teniendo una buena técnica, una buena velocidad de carrera y el correcto equilibrio se puede saltar.
Y el otro le responde: claro, pero como no te hinches a entrenar no lo saltas.
La fe que necesitamos para que se produzcan las señales y los milagros, sólo puede venir del Espíritu Santo. Y a no ser que nos hinchemos a orar y ayunar no la conseguimos. Y no por la cantidad de oraciones o por el dejar de comer, sino por la comunión continua y perseverante con el Espíritu Santo.
La diferencia entre la iglesia de hechos y muchos de nosotros después de recibir el bautismo del Espíritu Santo, es que ellos perseveraban en la oración, en la Palabra, en mantener la unidad con los hermanos, en compartir el pan. Lo dice muchas veces en el libro de hechos. Perseveraban en la oración, en la Palabra, en la comunión con los hermanos. Verdaderamente practicaban el mandato de: ¡Sed llenos del Espíritu!
Muchos de nosotros al recibir el bautismo del Espíritu Santo nos conformamos con hablar en lenguas y ser tocados de vez en cuando y ya está. Y no buscamos la capacitación de poder. No perseveramos en ser llenos. La llenura del Espíritu Santo no debería ser para un culto de esos especiales donde Dios de vez en cuando se derrama. Debería de ser el resultado de nuestra búsqueda y perseverancia del día a día.
Pero la realidad hermanos, es que vivimos en medio de un sistema social de vida que nos absorbe y nos arrastra a invertir nuestro tiempo y esfuerzo en muchas preocupaciones excepto en la preocupación de mantener una comunión íntima con el Espíritu Santo y su Palabra, y en ocuparnos en el Reino de Dios.
La iglesia de hoy más que nunca necesita urgentemente vivir en la llenura del Espíritu Santo. Pero somos nosotros quienes debemos de buscar, insistir, clamar, creer, y tomar la bendición. La fe no nos llueve del cielo, es una planta que hay que regar, abonar. La llenura del Espíritu Santo y esa fe que necesitamos es producto de la comunión con Él.
Las señales y los prodigios son necesarias para la extensión del Reino. Debemos orar y ayunar por ello. Hch. 4:29-31
Hermanos, yo no consigo entender del todo porque a nosotros no nos siguen igual que a la iglesia del primer siglo, las señales y los prodigios. Pero lo que sí sé es que las necesitamos. Y que si la iglesia de hechos que ya estaba viviendo un gran avivamiento, oraba por el denuedo, las señales y los prodigios ¿cuánto más no deberíamos de orar, pedir y perseguir nosotros?
Sé que el evangelio es poder de Dios, y no podemos separar el evangelio del Poder, porque sencillamente tenemos un Dios Poderoso.
Lo que sí sé es que al igual que entonces, hoy día sigue habiendo enfermos, amargados de espíritu y oprimidos que necesitan que se vuelva a levantar una iglesia en la que el Poder de Dios forme parte de su predicación y de su vida.
NECESITAMOS QUE LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO SEA UN ESTILO DE VIDA EN NOSOTROS.
CONCLUSIÓN:
SI VERDADERAMENTE QUEREMOS GANAR CUENCA PARA CRISTO, O CUALQUIERA DE LAS CIUDADES DONDE VIVES TENEMOS QUE RECONOCER QUE NECESITAMOS ESA CAPACITACIÓN DE PODER.
ES TIEMPO DE QUE NOS UNAMOS COMO IGLESIA EN UNA VIDA DE COMUNIÓN CON EL ESPÍRITU SANTO, CLAMANDO A DIOS PARA QUE NOS LLEVE A UN NUEVO TIEMPO EN EL QUE DIOS NOS ENSEÑE A VIVIR LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO, Y EL PODER DE DIOS Y LOS MILAGROS RESPALDEN NUESTRA PREDICACIÓN.
NECESITAMOS CLAMAR, PERSEVERAR EN LA ORACIÓN, EN LA PALABRA, MANTENER LA UNIDAD ENTRE NOSOTROS Y DEJAR QUE DIOS NOS LLEVE A VIVIR EN UNA ESFERA DE MILAGROS. ES TIEMPO DE ESPERAR LO SOBRENATURAL, NO PODEMOS SEGUIR DEPENDIENDO DE NUESTRAS FUERZAS, TÉCNICAS Y ESTRATEGIAS.
¡NO HAY MEJOR ESTRATEGÍA PARA GANAR LAS VIDAS Y TRANSFORMAR UNA CIUDAD QUE EL PODER DE DIOS!

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