IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

JOHNATAN EDWARDS

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AVIVAMIENTO BAJO EL MINISTERIO DE JOHNATAN EDWARDS EN 1740-42

Nació el 5 de octubre de 1703, hijo único de Timothy Edwards, pastor en East Windsor (Connecticut, EE.UU.), pequeña ciudad fronteriza. Gracias a su aguda inteligencia, poco antes de cumplir los trece años de edad ingresó en Yale College (1716), donde consiguió su licenciatura y doctorado (1723)
Cuando tenía once años escribió un ensayo sobre las arañas voladoras, cuya exactitud sigue asombrando hoy día. En Yale descubrió la obra del filósofo inglés John Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, que motivó su propio pensamiento filosófico, digno de un pensador original y profundo. En mayo de 1724 fue nombrado tutor del colegio. Durante seis meses, comenzando en agosto de 1722, predicó en la congregación Presbiteriana Escocesa de Nueva York. El 15 de febrero de 1727 fue ordenado pastor asociado de la iglesia en Northampton (Massachusettes), donde su abuelo era pastor. Al año siguiente contrajo matrimonio con Sarah Pierrepont de New Haven; un feliz matrimonio que iba a durar treinta años y dar a luz doce hijos.

Un hombre con fuego por Dios
En Julio 1741, Jonathan Edwards aceptó la invitación de predicar en pueblo vecino de Enfield, Connecticut. Era la cúspide del Gran Avivamiento (1740-42), uno de los más intensos derramamientos del Espíritu de Dios en la historia Americana. El fuego de Dios estaba cayendo por todos lados. A pesar del hecho que él había predicado “Pecadores en Manos de un Dios Airado” a su propia congregación y había tenido poco efecto, se sentía guiado a usarlo otra vez en Enfield. Sus técnicas no eran impresionantes, siempre leía sus sermones en una voz calmada, pero con gran convicción. Él rechaza gritar y usar teatralidades. Impresionar a los oyentes con el poder de la verdad y con su desesperada necesidad de Dios era la meta de Edwards.

Ni su estilo o la manera en que predicaba podían ser la causa de lo que paso ese día en Enfield. Un testigo, Stephen Williams, escribió en su diario “Fuimos a Enfield a donde conocimos al querido Señor Edwards de Northampton quien predicó un sermón muy estremecedor de los textos, Deuteronomio 32:35, y antes de que el sermón terminara había grandes gemidos y gritos llenaban toda la casa… ` ¿Qué haré para ser salvo? ` `O, me estoy yendo al infierno` ` ¿Qué puedo hacer por Cristo?, ` y así sucesivamente. Así que el ministro se vio obligado a parar… ¡si los gritos y los alaridos eran asombrosos!
Williams continúa, “Después de esperar algún tiempo hasta que la congregación estuviese quieta, y así finalmente la oración fue hecha por el Señor W. y después descendimos del púlpito y conversamos con las personas, en varios lugares, el poder asombroso de Dios fue visto, varias almas fueron convertidas esa noche, y ¡O cuán alegres y agradables se veían sus rostros.”

En 1735- 37, un avivamiento pasó por Northampton. Sobre este avivamiento Edwards escribió, “Una gran y sincera preocupación por las grandes cosas de la religión y de la vida eterna se convirtió en el tema universal en todas partes del pueblo… el trabajo de la conversión era hecho de una manera asombrosa y incrementaba más y más; las almas, como sí fueran, rebaños venían a Jesucristo.”

De la noche a la mañana, el pueblo fue transformado. Los ciudadanos cantaban himnos en las calles, las tabernas cerraron, los jóvenes buscaban a Dios en grupos, era imposible entrar a la iglesia a menos que se llegara horas antes.

En 1740, como una repentina inundación, el Gran Avivamiento pasaba por Nueva Inglaterra, incluyendo Northampton. Fue en esta época que Edwards predicó “Pecadores en Manos de un Dios Airado” en Enfield con maravillosos resultados. Se estima que 10% de Nueva Inglaterra se convirtió durante este tiempo.
Para entender lo que pasó, imagínese que cada iglesia se doble o triplique en los próximos dos años. Si esto hubiese ocurrido en estos días, sería el equivalente a ver 28 millones convertidos en dos años.

Conflicto Espiritual
Siempre que hay fuego también hay un humo. Muchos excesos acompañaron al avivamiento mientras las personas experimentaban fenómenos espirituales muy inusuales. Algunas veces, durante los sermones, las personas gritaban y caían inconscientes al piso. La propia esposa de Edwards se sentaba en un estado parecido al trance en una esquina de la sala por mucho tiempo, sin poderse mover, completamente abrumada por el amor de Dios.

El diario del Reverendo Wheelock para octubre 1741 era usual. “El celo de algunos era demasiado fuerte; hablan de muchas visiones, revelaciones y impresiones fuertes en la imaginación… Muchos gritaban; y se paraban temblando; cuando la asamblea estaba muy solemne.” De otra reunión se escribió, “Los sedientos gritaban. Casi todos los Negros del pueblo impactados (con convicción de pecado)… me vi. forzado a detener mi sermón antes de terminarlo, tan grande era el escándalo.”

Como en todo avivamiento algunas manifestaciones eran de Dios, otras de la carne, y otras demoníacas. La mezcla aseguraba mucha crítica. Edwards creía que la obra esencial era de Dios. Pero reconocía que toda la obra sería desacreditada y abandonada a menos que la iglesia aprendiera a diferenciar al trigo de la paja.

Su Rechazo y Muerte
Ocho años después del avivamiento, una controversia sobre la comunión separó la congregación de Edwards. Mr. Hawley, un miembro de la iglesia se encargó de promover la división, 90 por ciento de los miembros votaron por despedir al Señor Edwards, Años después el Sr. Hawley hizo público su arrepentimiento a través de un periódico. Edwards tenía cuarenta y siete años, y todavía tenía ocho niños en casa, y no estaba entrenado para hacer nada más que predicar. Después de recibir múltiples invitaciones a pastorear prominentes iglesias en Escocia y Nueva Inglaterra, él se vio llamado a pastorear una obra misionera entre una obscura tribu de Indios en la frontera oeste de Massachussets. En aislamiento total, él ministró a su pequeña congregación y fielmente usó esos años para escribir sus grandes tratados teológicos.
Ocho años después, cuando él tenía 55 años, él aceptó la invitación del Seminario Teológico de Princeton de ser su próximo presidente. Unos meses después cuando ya se había trasladado, pero antes que Sarah y los niños se reunieran con él, él contrajo viruela y murió. Era 1758.

Edwards es importante porque la eternidad saturaba sus pensamientos. Él constantemente guía a sus lectores al cielo, el infierno, y el trono blanco de Cristo. Su perspectiva era eterna, y su discernimiento es maravilloso. Aquellos que leen a Edwards pierden su temor a la muerte. Se regocijan en la esperanza compartir la gloria de Dios, y se estremecen al ver los horrores de la condenación. Los escritos de Edwards van a aumentar su concepto de la eternidad y seguramente transformará su ministerio.

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