IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

LA LLAVE OLVIDADA PARA EL EVANGELISMO (Ray Comfort)

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“Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí” (Romanos 7:9) Así es con los que se justifican y con los incrédulos orgullosos. Como no conocen la Ley de Dios, la cual se dirige contra ellos, también es imposible para ellos conocer su pecado. Por eso mismo ellos tampoco se atienen a la instrucción. Si ellos conocieran la Ley, entonces también conocerían su pecado; y el pecado al que ahora están muertos reviviría para ellos.” MARTÍN LUTERO

¿Ha pensado usted alguna vez que debe haber alguna clave para alcanzar a los perdidos? Claro que la hay, y está oxidada por la falta de uso. La Biblia precisamente la llama “una llave”, y su propósito es llevarnos a Cristo, abrir la Puerta del Salvador (Juan 10:9) Una gran parte de la Iglesia todavía no sabe que existe. Pero esta llave no sólo es Bíblica, sino que puede verse a lo largo de la historia cuando la iglesia la usó para abrir las puertas del avivamiento. El problema es que se perdió en torno al comienzo del siglo XX. Las llaves se pueden perder. Jesús la usó. Pablo la usó (Romanos 3:19), Timoteo (1ª Timoteo 1:8-11), y Santiago (Sgo 2:10) también la usaron. Esteban la usó cuando predicaba (Hechos 7:53) Pedro vio como fue usada para dar libertad a 3000 almas aprisionadas en el día de Pentecostés. Jesús dijo que los escribas habían “quitado” la llave, e incluso que habían impedido que otros la usaran para poder entrar en el reino de Dios. Los fariseos no fueron los que la quitaron. Mas bien lo que hicieron fue deformarla para hacerla inútil (Mr 7:8). Jesús la volvió a su forma verdadera, justo como las Escrituras profetizaron que Él iba a hacer (Isaías 42:21). Satanás ha tratado de llenar a la Iglesia moderna de prejuicios contra la llave. El la ha difamado, la ha mal usado, la ha retorcido y, por supuesto, la ha escondido. Él la odia por lo que ella hace.

Quizás usted se esté preguntando cuál es esta llave. Yo se lo voy a decir. Todo lo que pido es que deje por un momento sus tradiciones y sus prejuicios a un lado y mire lo que la Palabra de Dios dice sobre el asunto. En Hechos 28:23 la Biblia nos dice que Pablo intentó persuadir a los que le oían “acerca de Jesús, tanto por la Ley de Moisés como por los profetas.” Aquí encontramos dos maneras efectivas para persuadir a los no salvos “acerca de Jesús.”

Fijémonos primeramente como los profetas pueden ayudar a persuadir a los pecadores acerca de Jesús. Es la profecía que se cumple la que prueba la inspiración de la Escritura. Las predicciones de los profetas representan una prueba poderosa de la inspiración de la Biblia. Cualquier escéptico que lea las palabras proféticas de Isaías, Ezequiel, Joel, etc., o las palabras de Jesús en Mateo 24 no puede sino ser desafiado para reconocer que este no se trata de un libro más.

La otra manera por medio de la que Pablo persuadía a los pecadores acerca de Jesús era “la ley de Moisés.” La Biblia nos dice que la Ley de Moisés es buena si es usada correctamente  (1ª Timoteo 1:8); Fue dada por Dios como un ayo (maestro o guía) para traernos a Cristo (Gálatas 3:24) Pablo dijo que “no habría conocido el pecado si no fuese por la Ley (Romanos 7:7). La Ley de Dios (Los Diez Mandamientos) es evidentemente la “llave del conocimiento” de la que Jesús habló en Lucas 11:52. Él estaba hablando de los intérpretes de la ley, los que tendrían que haber enseñado la Ley de Dios para que los pecadores pudieran recibir el “conocimiento del pecado”, para así reconocer su necesidad del Salvador. La profecía bíblica habla al intelecto del pecador, mientras que la Ley le habla a su conciencia. Una produce fe en la Palabra de Dios; la otra trae conocimiento de pecado en el corazón del pecador. La Ley es la “llave” dada por Dios para abrir la Puerta de la salvación.

“Yo no creo que ningún hombre puede predicar el evangelio si no predica la Ley. La Ley es la aguja, y usted no puede coser con el hilo de seda del evangelio a través del corazón humano a menos que primeramente no envíe la aguja de la Ley para abrirle el camino.” Charles Spurgeon.

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