IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

EL EVANGELIO DEL GOZO, PAZ Y AMOR

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Dos hombre se hayan sentados en un avión. Al primero se le da un paracaídas y se le dice que se lo ponga para que mejore su vuelo. Al principio se muestra un tanto escéptico ya que no puede ver como el llevar el paracaídas en un avión podría mejorar su vuelo. El decide experimentar y ver si todo eso es cierto. Conforme se lo va poniendo nota su peso sobre sus hombros y se da cuenta que encuentra dificultad al sentarse erguido. Aún así, él se consuela a sí mismo pensando que se le había dicho que el paracaídas mejoraría su vuelo. De tal forma que decide esperar así un poco de tiempo.

Conforme espera ve como algunos de los otros pasajeros se ríen de el por llevar puesto el paracaídas en el avión. Empieza a sentirse un poco humillado. La gente continúa señalándole y riéndose de él y ya no lo puede soportar más. Entonces se escabulle en su asiento, se desabrocha el paracaídas y lo arroja al suelo. Su corazón se llena de desilusión y de amargura porque en su opinión se la dicho una tremenda mentira.

Al segundo hombre se le da un paracaídas, pero escucha lo que se le dice. Se le dice que se lo ponga porque en cualquier momento puede estar saltando del avión a 11.000 metros de altura. Él se pone agradecidamente su paracaídas. No nota su peso sobre sus hombros ni que no se puede sentar erguido. Su mente está llena con el pensamiento de lo que le pasaría si saltara sin el paracaídas.

Analicemos ahora el motivo y el resultado de la experiencia de cada pasajero. El motivo del primer hombre para ponerse el paracaídas era solo el de mejorar su vuelo. El resultado fue que se vio humillado por los pasajeros, desilusionado, y hasta cierto punto amargado con los que le dieron el paracaídas. El concluye que va a tener que pasar mucho tiempo hasta que alguien le ponga otra cosa de esas en su espalda otra vez.

El segundo hombre se puso el paracaídas sólo para hacer frente al salto que iba a dar. A consecuencia de su conocimiento de lo que le podría ocurrir si saltara sin él, el tiene un gozo y una paz profundos en su corazón sabiendo que está salvado de una muerte segura. Este conocimiento le da la habilidad  para aguantar las burlas de los otros pasajeros. Su actitud hacia los que le dieron el paracaídas es de profunda gratitud.

Ahora escuche lo que dice el evangelio moderno: “Póngase el Señor Jesucristo. Él le dará amor, gozo, paz, realización y una alegría permanente.” En otras palabras, Jesús va a mejorar su vuelo. El pecador responde, y de una forma experimental se pone el Señor para comprobar si lo que se decía era verdad.  Y ¿Qué es lo que ocurre? La tentación prometida, la tribulación y la persecución de los otros “pasajeros” que se ríen de él. Entonces ¿Qué hace? Lo que hace es “quitarse” al Señor Jesucristo; está ofendido por causa de la Palabra; está desilusionado y hasta cierto  punto amargado… y probablemente con razón. Se le prometió paz, gozo, amor y realización, y todo lo que consiguió fueron pruebas y humillación. Su amargura se dirige contra aquellos que le dieron las llamadas “buenas nuevas”. Su postrer estado se hace peor que el primero y de esta forma se convierte en un “apartado” más, inoculado y amargado.

En vez de predicar que Jesús mejora el vuelo, deberíamos estar previniendo a los pecadores que van a tener que saltar del avión, que está establecido que el hombre muera una vez, y que después se enfrentará con el juicio (Hebreos 9:27). Cuando un pecador entiende las consecuencias tan horribles de quebrantar la Ley de Dios, lo que va a hacer es correr al Salvador, tan solo para escapar de la ira que se ha de derramar. Si somos testigos fieles y veraces, eso es lo que vamos a predicar – que hay una ira venidera – que Dios “manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan, porque ha establecido un día en el que juzgará al mundo en justicia” (Hechos 17:30-31).

La clave del asunto no es la felicidad sino la justicia. No importa lo alegre que un pecador sea o en qué medida esté disfrutando de los placeres del pecado temporalmente; sin la justicia de Cristo esa persona va a perecer en el día de la ira. Proverbios 11:4 nos dice que “No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; más la justicia librará de la muerte.”  La paz y el gozo son frutos legítimos de la salvación, pero no es legítimo usar estos frutos como un cebo para la salvación. Si continuamos haciendo esto, el pecador va a responder con un motivo impuro, carente de arrepentimiento. ¿Recuerda por qué el segundo pasajero tenía gozo y paz en su corazón? Era porque él sabía que el paracaídas le iba a librar de la muerte segura. De la misma forma, los creyentes tenemos gozo y paz al creer porque sabemos que la justicia de Cristo nos va a librar de la ira venidera.

Teniendo esto en mente, miremos con más detenimiento al incidente a bordo del avión. Aquí tenemos una nueva azafata. Es su primer día de trabajo. Está llevando una bandeja con café hirviendo. Desea dar una buena impresión a los pasajeros y desde luego que lo hace. Al caminar por uno de los pasillos se tropieza con el pie de uno de los pasajeros y derrama el café hirviendo sobre nuestro segundo pasajero.

¿Cuál es su reacción al sentir el calor de la bebida sobre su cuerpo? ¿Acaso dice “¡Hombre, cómo duele!?” Pues claro que lo dice. Pero, ¿Acaso se arranca el paracaídas, lo tira al suelo y dice: “Maldito paracaídas”? No, ¿Por qué iba a hacerlo? El no se puso el paracaídas para tener un vuelo mejor. El se lo puso para salvarse del salto que iba a tener que dar. En todo caso, el café caliente le hace aferrarse aún más al paracaídas y percatarse más del salto.

Si nos hemos vestido del Señor Jesucristo con el motivo correcto – el escapar de la ira venidera- cuando venga la tribulación, cuando haya turbulencias, no nos vamos a enfadar con Dios y no vamos a perder el gozo y la paz ¿Por qué hacerlo? Nosotros no vinimos a Cristo para tener un nivel de vida mejor sino para escapar de la ira venidera. Si acaso, lo único que va a poder hacer la tribulación es acercarnos más al Salvador. Pero tristemente podemos encontrar multitudes de cristianos que pierden su gozo y paz cuando vienen las turbulencias al avión. ¿Por qué? Simplemente son el producto de un evangelio cuyo centro es el hombre. Ellos vinieron sin haberse arrepentido, algo sin lo cual no pueden ser salvos.

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