IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

TIEMPO DE JUEGO Y TIEMPO DE DESCANSO

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TIEMPO DE JUEGO Y TIEMPO DE DESCANSO (Marcos 1:35-38)

INTRODUCCIÓN

Desde que era pequeño, hasta hace unos años siempre he jugado al futbol, no había año en el que no estuviera inscrito en algún equipo y compitiendo en alguna liga local o comarcal. Me ha gustado mucho y he estado jugando en diversos equipos: en el de mi pueblo, en el instituto (campeones de Málaga en el año 1990), en la universidad (subcampeones por varios años de la liga en la ciudad de Linares –Jaén-),… siempre en competiciones, otras veces de forma amistosa. ¡Me ha gustado mucho jugar al fútbol!

Era intenso: correr, dar un pase justo en el lugar adecuado, cortar un balón, chutar a puerta, marcar un gol o que nos lo marcaran… el notar como la mayoría de todos tus músculos se ponían en acción (se contraían y se extendían), correr, saltar, pararse, tener el balón entre tus pies, el sudor por todo el cuerpo, estar atento, el juego en equipo,… ¡guau disfrutaba!

Y recuerdo también como el momento del descanso o el intermedio era también un buen tiempo. Era el momento de reponer fuerzas, beber agua, comer algo ligero que ayudase a recuperarte, tiempo de hablar con el resto de compañeros y ver cosas que han salido bien y mejorar las que han salido mal, tiempo en el que el entrenador trataba con nosotros (a nivel individual y como equipo) y nos recordaba la estrategia que habíamos planificado la semana anterior en los entrenamientos, tiempo de arreglar cosas que habían salido mal, etc. Era, sin duda, un tiempo bueno y necesario.

Ambos periodos, partido y descanso, son necesarios, complementarios e importantes. Sin alguno de ellos el deporte sería incompleto.

Y de esto quiero hablaros, del tiempo de juego y del tiempo de refrigerio o descanso.

 Me gustaría que leyéramos ahora Marcos 1:35-38

Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Y le buscó Simón, y los que con él estaban; y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que se predique también allí; porque para esto he venido.

 I. LA IGLESIA… EL “VESTUARIO” DE LA PERSONA CREYENTE. (Mr. 1:35)

Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. (v.35)

¡Qué ejemplo como siempre el de Jesús! Vemos aquí a nuestro Señor Jesucristo que lo primero que hacía era buscar un lugar tranquilo donde poder tener ese encuentro con el Padre, un lugar de intimidad y de conocimiento, un tiempo que, entre otras cosas, le proporcionaba tener un descanso personal… era Dios y también era hombre (Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros Jn.1:14).

Un descanso para su alma y también para la nuestra pues el Señor nos dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar (Mat. 11:28). No solo en tiempos del Nuevo Testamento, desde tiempos del Antiguo Testamento, Dios nos prometía descanso en Él (Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Ex. 33:14).

Y por eso estamos aquí hoy, ahora mismo, en este lugar. La mayoría de todos los que nos encontramos aquí en la iglesia estamos ahora mismo en tiempo de descanso, en el “intermedio” del partido, estamos en este “vestuario” que es la iglesia. Después de una semana más o menos difícil para unos, más fácil para otros, acudimos en esta mañana para descansar en el Señor, para pedirle que nos libere de toda carga, para agradecerle, para comer de su Palabra, para tener comunión entre nosotros, etc., y sobre todo para adorarle y darle gloria y honra… ¡Que paz y descanso! queda en nuestro cuerpo, en nuestra mente y en nuestra alma cuando somos verdaderos adoradores, cuando nuestro corazón se desparrama y le entregamos TODO al Señor. Yo les comentaba que en el descanso de cada partido era un tiempo para hablar con el resto de compañeros, era tiempo de tomar refrigerio, etc. En el “vestuario” de la iglesia también acudimos a tener un tiempo de comunión entre los hermanos, a conectarnos, pues todos estamos en el mismo equipo, y también tomamos ese refrigerio y alimento que es la Palabra de Dios. ¡Aprovechemos este tiempo de cada domingo, estas “Mañanas de Gloria” para darle todo al Señor!, no te quedes al inicio, no te quedes a medias, ¡aprovecha el tiempo que estás en el vestuario!

Y miren, el Señor es tan bueno, es tan grande y maravilloso que nos da infinitos momentos cada día de poder acudir a ese descanso personal e íntimo, no solamente aquí en la iglesia.

El descanso es bueno y necesario. El propio Jesús, como hemos visto, cada mañana entraba en el descanso del Padre, o iba descansando, durmiendo en la barca cuando se levantó la tempestad (Lc. 8:22-25), no creo que fuese durmiendo por placer, porque los discípulos fuesen unos aburridos y no hablaban nada…, estaba cansado. Él mismo dijo a sus discípulos que buscasen un lugar desierto y descansaran (Mr. 6:30-33).

Pero ¿todo es descanso?, ¿en un partido de fútbol solo hay descanso?

Esta pregunta me lleva al segundo y último punto que veremos mañana.

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