IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

ADOREMOS (Rafa Boix)

Deja un comentario

adorarINTRODUCCIÓN

“Erasmo, uno de los grandes eruditos del Renacimiento, contaba una historia mítica acerca del regreso de Jesús al cielo después del tiempo que había pasado en la tierra. Los ángeles se reunieron alrededor de Él para saber qué había sucedido. Jesús les habló de sus milagros, de sus enseñanzas, y después de su muerte y resurrección.

Cuando terminó, el arcángel Miguel le preguntó: Pero Señor, ¿y ahora qué pasará?

Jesús respondió: Dejé a once hombres fieles que proclamarán mi mensaje y mostrarán mi amor. Esos hombres fieles son los que fundarán y edificarán mi Iglesia.

Miguel agregó: ¿Y si esos hombres fallan? ¿Qué sucederá?

Y Jesús respondió: Ese es mi plan; no tengo otro.

 Desde el principio, el plan de Dios para la humanidad fue que ésta le adorara, que tuviera comunión con Él, que aprendiera y siguiera sus principios y sus caminos, que desarrollara los dones que Él le había dado, y que compartiera su amor con todos. Esta misión NO HA CAMBIADO.

 Abraham la comprendió, Moisés entregó la Ley al pueblo hebreo para aclarar las enseñanzas de sus antepasados, David personalizó las enseñanzas de Moisés para una relación más profunda con Dios, y Cristo Jesús presentó una nueva dimensión de la gracia a todo hombre y mujer, para que participemos del plan de Dios. Después de su ascensión, Jesús estableció la razón de la existencia de la Iglesia. Razón, que encontramos en Hechos 2.

 Hace varias semanas que nos atrevimos a lanzar una nueva visión basada en Hechos 2, a reestructurar la Iglesia, a comenzar nuevos ministerios y a trabajar en los que ya teníamos, ¿Y qué nos motivó a emprender este viaje? ¿Qué motiva a una Iglesia, a sus pastores a querer abrazar una visión basada en Hechos 2?

 – La decadencia de la sociedad, de la moral, de la ética, de los valores cristianos.

– Peor aún la decadencia de la Iglesia, de sus valores, de su ética, de su compromiso con la santidad, la decadencia del compromiso de la Iglesia con Dios, la decadencia de nuestro compromiso con la Gran Comisión.

– La rapidez del crecimiento del pecado en comparación con el crecimiento de la Iglesia.

– Nos motivó también el ver que la Iglesia de Hechos 2 fue una respuesta para su Generación.

 Por esta razón, me atrevo a citar las palabras del pastor y escrito Alton Garrison: “La Iglesia de Hechos 2 es la esperanza del mundo. A menos que nos dediquemos por completo a un proceso de transformación que sea bíblico y fundado en el poder del Espíritu Santo, no ganaremos esta generación para Cristo. La generación más joven no está aprendiendo acerca de Jesús en los medios de comunicación, en las escuelas, ni a través del gobierno. Nosotros, como Iglesia, hemos sido llamados a ser luz y sal. Una iglesia que no muestra el amor de Cristo en todos sus aspectos, no atraerá a la gente hacia el Señor. Nosotros, el cuerpo de Cristo, no debemos fallar en la responsabilidad que se nos ha confiado. La iglesia del primer siglo revolucionó al mundo. Si seguimos su ejemplo, podremos hacer los mismo.”

 Esta es la razón por la cual hemos querido adoptar los ingredientes de la Iglesia de Hechos 2, Conectar, Crecer, Servir, Ir y Adorar.

Hoy estaremos hablando sobre ADORAR.

 El diablo tentó a Jesús en el desierto ofreciéndole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y lo cierto es que el diablo no ha cambiado su estrategia. Hoy la Iglesia, el creyente sigue siendo tentado a desear los reinos de este mundo y la gloria de ellos. La Iglesia está siendo prostituida por las cosas de este mundo y sin darse cuenta, está dando su adoración al diablo por medio del amor a las riquezas, por medio del amor a la fama, por medio de la exaltación de los dones o del poder.

La Iglesia de hoy, buscando ser una Iglesia Gloriosa, terminó mostrando su propia Gloria, en lugar de la Gloria de Cristo. Muestra sus grandes templos exentos de verdadera adoración, donde se adora todo menos a Jesús. Por esa razón hoy deberían estar en nuestras bocas las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo 4:10

“Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.”

 Por esta razón vamos a tratar de responder a tres preguntas:

I. ¿Qué es la Adoración?

II. ¿Por qué adoramos a Dios?

III. ¿Qué produce en nosotros?

I. ¿QUÉ ES LA ADORACIÓN?

La adoración es el elemento vertical que nos conecta con Dios. Sin este elemento, todo lo que hagamos será esfuerzo humano, y no nos distingue de otras organizaciones de la comunidad.

Hay quienes piensan que adoración sólo es el tiempo que se dedica al canto en los cultos. Pero adorar es mucho más que eso.

– Adoración es tener un concepto adecuado de Dios y expresarle nuestro amor.

– Adorar es reverenciar, honrar, amar, venerar, exaltar, amar, magnificar, obedecer a Dios es adorarle, temerle es adorarle.

– Buscar la santidad es adorarle porque queremos ser como Él.

– Abandonar nuestro pecado es adorarle, porque no queremos tener nada que ver con aquello que Él desprecia, le desagrada o le entristece.

La palabra adorar aparece desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

La raíz de adorar tiene que ver con “postrarse”, hacer reverencia, reconocer una autoridad, una superioridad. Pero no sólo me estoy postrando ante Dios cuando vengo al altar a adorarle o cuando en mi habitación me pongo de rodillas para estar con Él.

Estoy adorando a Dios cuando le obedezco. Dios pidió a Adán y Eva que le obedecieran al no comer del árbol del bien y del mal (Gn 2:16-17). Pero dejaron de adorar a Dios cuando le desobedecieron.

Estoy adorando a Dios cuando amo a mi esposa como Cristo amó a la Iglesia.

Estoy adorando a Dios cuando enseño con mis palabras y mi ejemplo a mis hijos cómo se ha de servir al Señor.

– Estoy adorando a Dios en mi trabajo cuando honro a mi jefe y cumplo fielmente con mi trabajo.

Adoro a Dios cuando soy un dador fiel y alegre de mis diezmos y ofrendas.

– Adoro a Dios cuando honro a mis autoridades civiles y espirituales.

Adoro a Dios cuando me comporto de la misma manera cuando nadie me ve que cuando estoy rodeado de gente.

Adoro a Dios cuando entiendo que formo parte de un Cuerpo y trato a los demás como superiores a mí mismo.

Adoro a Dios cuando muestro mi interés por el estado de mi hermano o hermana.

Adoro a Dios cuando tengo en cuenta la opinión de quienes me aman. Sean mis familiares, mis hermanos en Cristo o mis autoridades espirituales.

Adoro a Dios cuando uso mis dones, cuando uso mi tiempo o mi vida para servirle.

Adoro a Dios cuando dejo que Él me cambie y me moldee.

Adoro a Dios cuando estoy dispuesto a humillarme, cuando recibo la corrección.

Adoro a Dios con mi puntualidad, adoro a Dios con mi forma de vestir, con mi higiene, cuidando mi manera de hablar, lo que veo, donde pongo mis oídos. ¡¡Esto es adoración!! No se trata de un 5% de tiempo que dedico a unas canciones, se trata del 100% de mi adoración, se trata de un estilo de vida de adoración a Dios.

¿Qué tiempo dedicas para adorar a Dios? Tu respuesta debería ser, todo el tiempo.

¿POR QUÉ ADORAMOS A DIOS?

¿Qué respuesta daríamos? ¿Cuál es nuestra motivación? ¿Qué nos motiva querer honrarle, adorarle, sea aquí por medio de nuestras canciones o en todo momento por medio de nuestra vida?

– Porque es un mandamiento: Mateo 4:10 “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.”

– Porque Dios busca la adoración: Juan 4:23-24 “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”

– Porque fuimos creados para adorarle: Isaías 43:21  Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.”

– Porque Abel adoró a Dios presentando una mejor ofrenda

Abraham adoró a Dios al obedecerle ofreciendo lo mejor (su hijo)

Noé adoró a Dios al no dudar de su Palabra

Moisés adoró a Dios renunciando a Egipto por una tierra a la cual ni entraría.

Josué adoró a Dios; Samuel adoró a Dios, David fue un adorador; Ester adoró a Dios estando dispuesta a salvar a su pueblo a costa de su propia vida; Job adoró a Dios cuando en un solo día perdió todo lo que más amaba; los profetas adoraron a Dios dejando la rutina de sus vidas y enfrentándose a falsos profetas, reyes y sacerdotes; Juan el Bautista adoró a Dios menguando para que Cristo creciera.

– Adoramos a Dios porque la Biblia comienza con gente adorando a Dios y termina con Apocalipsis donde vemos esa multitud de seres humanos, ángeles, arcángeles, serafines y querubines, los 24 ancianos y los cuatro seres vivientes adorando a Dios por los siglos de los siglos.

¿Qué por qué adoramos a Dios? Porque nuestra vida no tendría ningún sentido si dejáramos de hacerlo. Este fue el propósito, la razón de nuestra existencia, ADORAR A DIOS ahora y seguir haciéndolo por toda la eternidad. Le adoramos porque Él es Dios, Incomparable, Majestuoso, Dios Fuerte, Todo Poderoso, el Principio, el Final, el Creador de todo. ¿Cómo no vamos a adorar a Dios? La pregunta debería de ser: ¿CÓMO PODEMOS NO ADORARLE?

III. ¿QUÉ PRODUCE EN NOSOTROS?

Nadie que experimente la incomprensible presencia del Señor Dios Todopoderoso sale de ella sin haber sido cambiado, tocado o desafiado.

– Adorar a Dios trae consigo la presencia de Dios (Salmo 22:3)

– Adorar a Dios trae convicción y dirección o guía (Salmo 40:3; Hechos 13:2)

– Adorar a Dios trae liberación (2 Crónicas 20:18-22; Salmo 32:7)

– La adoración trae poder de Dios (Hechos 16:25,26)

– Adorar a Dios trae un oído sensible a su voz (1 Samuel 3:1-11)

– Adorar a Dios nos da una perspectiva eterna de la vida (Salmo 73:16-17)

Si nuestra adoración no produce un encuentro personal con la santidad de Dios, no califica en absoluto como verdadera adoración.

Warren Wiersbe afirma:

“La verdadera adoración nos examina a profundidad; Dios escudriña nuestras motivaciones y nuestros valores. En la adoración, Dios nos llama a la integridad, pero antes revela nuestro quebrantamiento y nuestras imperfecciones. Él nos llama a la salud espiritual, pero primero debe revelar nuestras heridas y nuestras llagas putrefactas; para nosotros no hay esperanza de encontrar otra solución.”

Una iglesia, un creyente que no practique las disciplinas de adoración, no dará fruto. Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican (Salmo 127:1). Sin adoración, la verdadera adoración en el Espíritu, cualquier modelo, programa o proceso fracasará.

CONCLUSIÓN

Es por esta razón que la adoración o adorar está dentro de nuestros ingredientes para convertirnos en una Iglesia Saludable. La Iglesia de Hechos 2 practicaba la adoración como un estilo de vida no sólo cuando iban al Templo, sino en las casas, en la calle, en sus quehaceres diarios, en la lectura de la Palabra, cuando comían.

La adoración abre más el cielo para experimentar el Reino Sobrenatural de Dios que cualquier otra práctica cristiana. Cuando ADORAMOS todo se detiene, interrumpimos en los cielos y captamos la atención de nuestro Padre. Por eso Jesús nos enseñó a orar comenzando así: “Padre nuestro que estás en los cielos; Santificado sea tu Nombre”.

¿Qué por qué adoramos? ¿Qué por qué queremos ser una Iglesia con énfasis en la Adoración? Porque si dejamos de adorar a Dios, dejamos de ser creyentes, dejamos de ser iglesia.

¿Cuántos quieren adorar a Dios?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s