IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

RECOBRANDO LA IDENTIDAD (Rafa Boix)

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INTRODUCCIÓN

En la vida del hombre y la mujer están siempre presentes las preguntas: ¿quién soy yo?, ¿quiénes somos nosotros? En el transcurso de la vida se les da respuesta una y otra vez, sin contestarlas jamás completamente. Por mucha claridad que a veces se alcance, estas preguntas vuelven a surgir.

Para la psicología, la identidad es una necesidad básica del ser humano en tanto poder responder a la pregunta de quién soy yo? es tan necesario como recibir  afecto o el alimentarnos.

La respuesta que se logra no es absoluta y siempre está cambiando, pero nunca dejamos de buscarla.

Erich Fromm plantea que: “esta necesidad de un sentimiento de identidad es tan vital e imperativa, que el hombre no podría estar sano si no encontrara algún modo de satisfacerla”.

No podría estar sano si no encontrara algún modo de satisfacerla”

 El objetivo de nuestra misión es “SER UNA IGLESIA SALUDABLE” y para ello necesitamos ser CRISTIANOS SALUDABLES. Es por eso que para ser sanos, saludables, es imprescindible que TENGAMOS UNA IDENTIDAD SANA, SALUDABLE Y CENTRADA EN LOS PROPÓSITOS DE DIOS.

 Romanos 1:1

 I. LA IDENTDIDAD DEL NOMBRE

V.1) Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios.

El nombre: Pablo

Las 13 cartas o epístolas escritas por Pablo comienzan de la misma manera: mencionando en primer lugar su nombre.

¿Por qué?

– Porque es su identidad.

– Porque el Buen Pastor nos conoce y nos llama por nuestro propio nombre (Juan 10:3)

Desde un principio Dios puso nombre a cada cosa creada. Una de las primeras órdenes que Dios dio al hombre fue que asignara nombre a cada animal.

– Asignar el nombre a alguien era algo muy serio para los judíos.

– La Biblia menciona 863 veces la palabra “nombre”.

“No pierdas tu identidad, Dios te dio un nombre.”

Qué contradicción con aquellos que siempre comienzan su presentación mencionando el título que se les ha asignado: apóstol…; profeta…; evangelista…; etc.

– Hay 34.000.000 de resultados con la palabra “apóstol” en google.

– 53.000.000 de resultados al introducir “evangelista”

– Pero sólo encontrarás 5.740.000 referencias con la palabra “siervo”.

– Significado del nombre: “Pequeño u hombre de humildad”.

¿Se avergonzaba Pablo de su nombre o de su significado? Muchos cristianos se hubieran cambiado el nombre. Pero Pablo a pesar de ser “el más grande de los apóstoles”, se llamaba y se hacía llamar “Pablo” “pequeño u hombre de humildad”.

El enemigo trata por todos los medios de que perdamos la identidad.

– Recibimos muchos nombres  o calificativos a lo largo de nuestra vida:

– Somos llamados o recordados por las cosas malas que hicimos anteriormente.

– El enemigo trata de asignarnos un nombre que hace referencia a nuestra antigua vida.

            – Daniel y los tres varones.

Pablo sabía quién era y no trataba de ser otro o aparentar otra cosa.

Hay mucha gente (cristianos) tratando de parecerse a otros. Tratando de imitar los dones de otros, las cualidades de otros y soñando los sueños de otros. ¡¡Sé tú mismo!! Porque Dios te creo especial, con cualidades que otros no tienen, con capacidades y talentos que otros no tienen.

“No pierdas tu identidad, Dios te dio un nombre.”

II. LA IDENTIDAD DE SIERVO

Siervo de Jesucristo: No sólo Pablo no se hacía llamar por el título asignado, sino que además, pudiendo escoger un sobrenombre, escogió el de “siervo” de Jesucristo.

– Doulos: Esclavo. Bajo el calificativo de estar atado, sujeto a autoridad, subordinado.

Nuestro primer llamado, la primera invitación de Dios que vemos aquí es una INVITACIÓN a servirle, a estar bajo su autoridad.

Mateo 20:26-27  Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás;

Dios no nos llama a tener cargos, sino carga. No nos llama a obtener títulos sino el título: Siervos de Jesucristo. Esclavos de Él.

¿Cuántos han recibido la invitación de Dios a servirle? ¿Cuántos respondieron positivamente a esa invitación? Entonces, ¿por qué no le estás sirviendo? ¿Somos como los invitados a las bodas que en un principio dijimos “cuenta con nosotros” pero a la hora de la verdad ponemos excusas?

Dios te llama, te invita a que le sirvas.

“la invitación debe realizarse directamente por el anfitrión o los anfitriones al invitado o invitados y en todos los casos es necesario contestar aceptando o rechazando la invitación.”

¿Qué le vas a contestar?

Ser siervos de Jesucristo no es algo por hacer sino “algo por ser”. No se trata de lo que podamos hacer para Él, sino de lo que somos para Él. Somos siervos de Jesús.

Entender quiénes somos va a afectar de manera directa a todo lo que vamos a hacer para Él. Si entendemos desde un principio que nuestro primer ministerio es ser siervos de Jesús, no importa lo que nos manden, la tarea que nos toque hacer, el lugar donde Él nos permita servir. Somos siervos, esclavos de Jesús, comprados por precio de sangre. No importa la recompensa que podamos recibir en esta tierra porque sabemos a quién servimos.

“No pierdas tu identidad, Dios te ha hecho su siervo”

– Lo primero que vas a oír cuando llegues al cielo será tu nombre: Apo 21:27  “No entrará en ella ninguna cosa inmunda,o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.”

– Lo segundo que vas a oír después de tu nombre será: Mat 25:21  “Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”

Lo primero que Dios va a reconocer será tu nombre. Si Dios no reconoce tu nombre, ni siquiera podrás entrar en el Reino de los Cielos.

Pero lo segundo que Dios va a reconocer es “tu servicio”, tu buen servicio hecho con fidelidad.

“No pierdas tu identidad, Dios te ha hecho su siervo”

III. LA IDENTIDAD DEL LLAMAMIENTO

Llamado: Invitación o Invitado.

Llamado a ser apóstol: Muchos quieren ser llamados apóstoles, pero no siervos.

– Hay 34.000.000 de resultados con la palabra “apóstol” en google.

– 53.000.000 de resultados al introducir “evangelista”

– Pero sólo encontrarás 5.740.000 referencias con la palabra “siervo”.

Pablo fue llamado a ser apóstol: Lo cual significa una vez más que Dios nos llama a cada uno a servirle de manera general, pero además de manera específica ocupamos un lugar en el Cuerpo de Cristo.

Pablo fue llamado a ser apóstol. Otros son profetas, otros maestros, evangelistas o pastores. Otros a la alabanza, a la limpieza, al discipulado, a pastoreo juvenil, etc.

Pero sea donde sea, el propósito es servir.

  • Llamado: Viene de la palabra “invitación”. Invitado a ser apóstol. Muchos reciben el llamado como un título que se han ganado, como una recompensa. Pero Pablo entendió que el llamado era una Invitación especial de Dios por haber entendido que antes que apóstol era siervo.

– Según Mateo 25:21 Dios no nos va a reconocer por el título sino por nuestro servicio. No dirá: “Pasa buen apóstol y fiel, o buen pastor y fiel, sino buen siervo y fiel.”

La Iglesia del siglo XXI está llena de personas que buscan ser reconocidos no por el nombre, no por su servicio, sino por sus títulos.

Al buscar “apóstol” en Facebook o en google, vemos una lista interminable de personas que se hacen llamar por “el título”. Apóstol José, profeta Antonio, evangelista tal.

– Su primer nombre es el título, su segundo nombre, el que le pusieron sus padres y si hace falta, mencionan que son siervos. ¡¡Qué diferencia con la manera de presentarse de Pablo!!

– Pablo (nombre), siervo de Jesucristo (sobrenombre), llamado a ser (invitado).

– No han aceptado la identidad que Dios les dio y tratan de ser algo que no son.

– Tratan de ser porque otros son y no porque realmente hayan sido llamados a ostentar tales títulos.

– Tienen un problema de inferioridad, de autoestima y de falta de entendimiento porque el llamado es una invitación de Dios a ser algo y no algo que nos ganamos por nuestras propias fuerzas. No es algo que debamos defender ni promocionar.

  • A ser apóstol: delegado, embajador del Evangelio, enviado, mensajero.

“No pierdas tu identidad, es Dios quien te invita”

Dios nos da identidad llamándonos al ministerio, a servirle, ¿Dónde? Es lo de de menos. No es tan importante si somos apóstoles, pastores, líderes de jóvenes, de ujieres, de la limpieza, de mujeres, o profetas. La identidad no la recibimos por el título, sino por el hecho de que Dios nos invita a servirle.

IV. LA IDENTIDAD EN SER APARTADOS

Romanos 1:1 “apartado para el evangelio de Dios”

Apartar: tiene que ver con poner aparte. Excluir del resto. Tener una identidad saludable es:

– Entender quienes somos, cuál es nuestro nombre y entender que Dios nos ama y nos acepta.

– Es entender cuál es nuestra condición: Siervos, esclavos, sometidos a Cristo. Le pertenecemos, nuestra libertad está sujeta a Él. Es entender que antes que cualquier otra cosa, somos siervos.

– Tener una identidad saludable tiene que ver con entender que el llamado al ministerio no es algo que yo me gane. No es un título que puedo obtener para ser ostentado o promocionado. Es entender que Dios ve mi servicio, mi fidelidad, mi humildad y me ve como apto para ser invitado a servirle en otra manera distinta, bajo otra responsabilidad mayor.

– Y tener una identidad saludable es entender que he sido apartado para el Evangelio de Dios. Puesto aparte con un fin específico, con un propósito que tiene que ver con Él y no tanto con nosotros.

“apartado para el evangelio de Dios”

Tenemos toda una generación que quiere cumplir sus sueños, que quiere ser diferente, marcar la diferencia en cuanto al sueldo que quieren ganar o el título que quieren ostentar, pero que no han entendido que el propósito de ser diferentes no tiene tanto que ver con nuestros intereses sino con los de Dios.

Lo que nos hace diferentes no es el hecho de tener un título, un ministerio, unos dones. Lo que nos hace ser apartados, diferentes y especiales es el hecho de que hemos sido apartados para el Evangelio, para predicarlo, para vivirlo, para enseñarlo.

Somos apartados no para que nos vean o nos reconozcan, sino apartados para el Evangelio de Dios.

Lo que nos hace especial, diferentes no es el llamamiento en sí, sino el fin por el cual hemos sido apartados. El punto no está en el llamamiento, en el título, sino en el Evangelio de Dios. Esto es lo especial. No que hayamos sido apartados, sino que hemos sido apartados para el Evangelio de Dios.

“No pierdas tu identidad, has sido apartado por Dios para su Evangelio”

CONCLUSIÓN

La Palabra que Dios está queriendo comunicar hoy a Manantial de Vida es “que no perdamos la Identidad.” Tenemos toda una generación de creyentes que está perdiendo la identidad. La identidad de siervos y siervas, de servicio.

Mateo 20:25-26 “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así,sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,  y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

 

Tenemos toda una generación de creyentes que buscan nombres, títulos, o posición ser algo en la vida. Personas que buscan ostentar, ser reconocidos, apartados de una manera especial.

 

Pero lo que Dios nos está queriendo decir en esta mañana es que lo que realmente nos hace especiales no son los títulos ni los reconocimientos humanos, sino el hecho de que hemos sido apartados por Dios, PARA SERVIRLE Y PARA SER TESTIGOS DE SU EVANGELIO.

El Espíritu Santo está buscando personas que no pierdan su identidad. Que no buscan otra cosa que servirle, ser buenos siervos y fieles. Personas que hagan un compromiso de servir al Señor. Que la calidad de tu servicio no dependa de la posición sino de tu fidelidad.

Personas que reconozcan que han sido apartadas para el Evangelio. Que hagan un compromiso con el Señor de vivir el Evangelio, predicar el Evangelio, enseñar el Evangelio y cuidar sus vidas de modo que toda su manera de vivir sea un testimonio para el Evangelio.

 

 

 

 

 

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