IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

¡¡MIRAD COMO SE AMAN!! Rafa Boix

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684728Juan 17:20-23  Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

¿Qué estaríamos dispuestos a hacer para que la gente conociera a Jesús? Para que fuesen salvos.

– Evangelizamos de todas las formas posibles

– Gastamos dinero, fuerzas y energías.

– Realizamos cultos, vigilias donde buscamos ser llenos de Él, de su gloria para tener algo que dar.

Vamos a ver dos cosas que Jesús hizo para alcanzar un mismo propósito:

JESÚS ORÓ

– Mateo 6:5 Jesús no nos enseñó a predicar, o cómo preparar un sermón. Pero sí nos enseñó a orar. Nos enseñó a no orar como los hipócritas, a no hacer vanas repeticiones, sino a orar desde el corazón.-

– Mateo 6:9 vemos la oración del Padre Nuestro.

– Mateo 14:23 vemos a Jesús despidiendo a la multitud para retirarse sólo al monte a orar.

– Lucas 6:12 vemos a Jesús orando durante toda la noche para luego a la mañana siguiente escoger a los 12 apóstoles.

– Lucas 9:28 nos muestra que Jesús fue al monte a orar y se llevó a Pedro, Juan y Jacobo donde se transfiguró delante de ellos.

– Lucas 18:1 nos refirió parábolas sobre la necesidad de orar siempre sin desmayar usando la figura de una viuda y un juez injusto. Y también nos enseño a orar desde el corazón usando la figura de un publicano y un fariseo.

Mateo 26:36 nos muestra a un Jesús en su hora más oscura orando en el Huerto de Getsemaní por la posibilidad de que pasara aquella copa.

Mateo 26:53  cuando Jesús iba a ser arrestado, declara que podría si quisiera orar a su Padre y en un instante recibiría más de doce legiones de ángeles.

Rogar: Solicitar algo formalmente; Pedir algo con súplicas o con mucha humildad.”

POR LOS APÓSTOLES

Juan 17:20 “Mas no ruego solamente por éstos…”

¿A quién se estaba refiriendo? A los apóstoles. Jesús sabiendo que su hora había llegado para ir al Padre, decidió orar por los apóstoles, los discípulos que Él mismo había escogido y entrenado.

Oraba por Pedro, Juan, Jacobo, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás,  Jacobo hijo de Alfeo, Simón, Judas hermano de Jacobo.

  POR NOSOTROS

Juan 17:20 “sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.”

El motivo de la oración de Jesús no sólo eran los apóstoles que hemos mencionado sino que hubo un motivo más que impulsó a Jesús a levantar sus ojos al cielo y comenzar a orar: “Por los que han de creer en mí…”

En Juan 17:20 vemos a Jesús orando con un propósito específico, con un fin determinado, con la idea de que Dios le concediera una petición. Jesús estaba orando no sólo por Pedro, Juan, Jacobo, Andrés y cada uno de los apóstoles. Jesús estaba orando por: Manuel, Vanesa, Luis, Alberto, Rosa, Griselda, Nelly, Richard, Salva.

Más no ruego solamente por éstos, sino por los que más adelante creerán en mí, por Rocío, Kino, Matías, Raquel, Andrés, Floraida y por cada uno de los que habéis creído en Jesús. Jesús estaba orando por los apóstoles y estaba orando por ti con un motivo específico:

POR NUESTRA UNIDAD

Juan 17:21 “para que todos sean uno;

Jesús nos enseñó en el Padre Nuestro a orar con propósito, no con palabrería, sino con dirección. Nos enseñó por medio del grano de mostaza a orar con fe  y sin dudar. A creer que Dios nos concedería lo pidamos.

Y ahora Jesús está orando con dirección, con propósito y con fe para que todos sean uno. Para que los apóstoles sean uno. A pesar de sus diferencias:

Andrés: El apóstol afable

En el evangelio figura como hermano de Pedro. Hombre de segunda clase: sonriente, amigable, cordial, sosegado. Se le menciona tres veces y cuando esto ocurre, lo vemos trayendo una persona a Jesús (Jn 1:40-41; 6:8-10; 12:22) Es el hombre de un solo talento, el de la amistad, de ganar almas para Cristo. Cristo lo escogió porque los hombres de un solo talento son imprescindibles en el reino.

Bartolomé: el apóstol visionario

Olvidadizo, extrovertido, visionario, místico, el hombre de otro mundo, soñador, se conducía como quién está enamorado. Estaba enamorado de una visión, de una persona, de un reino. Es el hombre sin engaño, sin hipocresía, sin tapujos. Así lo vemos en el momento de su elección: (Jn 1:43-51) Es el precursor de aquellos hombres que se han entregado totalmente a Dios.

Felipe: el apóstol práctico

Siempre cauteloso, con sumo cuidado, conquistaba el terreno poco a poco, lleno de sentido común, meticuloso. Felipe no busca a Jesús como otros discípulos; era demasiado práctico y no iba a creer en cualquier movimiento religioso. Fue Jesús el que buscó a Felipe. Lo encuentra en Galilea y le dice: Sígueme.  En sus conversaciones plantea cuestiones prácticas y exige respuestas también prácticas (Jn 6:7; 12:22; 14:6-11) La víspera de su muerte, Jesús lo reprocha porque aún no lo conoce y se le revela como “camino” para llegar al Padre.

Mateo: el apóstol rescatado

Hombre de mente ágil, buen estadista, matemático de gran talento, agudo, perspicaz, hábil. Se fija metas y llega a lograrlas. Publicano, recolector de impuestos, tenido por avaro, duro de corazón y corrompido. Jesús lo llama y la respuesta es cerrar los libros, salir de su trabajo, abandonar su caseta y de publicano y estafador pasa a ser discípulo y seguidor Cristo (Mt 9:9-13) Después de la resurrección se dedicó a predicar a los judíos y para ellos escribió el Evangelio.

Simón: el apóstol celoso

Pertenece a la secta de los Zelotes, partido político caracterizado por el fanatismo. Lucas lo llama Zelote (Lc 6:16) Quizá se decidió a seguir a Cristo abrigando la idea de un Mesías libertador, con la esperanza de una victoria política. Pero a medida que caminaba con Jesús, iba cambiando. Sus ambiciones políticas, se transforman en ambiciones pacíficas. Su mentalidad militar se transformó en mentalidad misionera. Hizo suyas las metas y motivos del Maestro. Mt 10:34; 26:52; 10:38

Santiago el mayor: El apóstol ambicioso

Era pescador y trabajaba con su padre. Jesús lo llamó hijo del trueno. Era de recia personalidad y temperamento ardiente. Esto explica su reacción con los samaritanos cuando no quisieron hospedar a Jesús (Lc 9:54) Fue el apóstol que con su hermano pretendió el primer puesto en el Reino (Mr 10:35-40) Así fueron los hombres que Jesús escogió: envidiosos, egoístas, codiciosos, pero en su reino Él les cambió el corazón. Santiago fue el primer apóstol que selló con su sangre la verdad de la religión cristiana (Hch 12:2)

Juan: El apóstol del amor

Está dotado de un espíritu sensible, pero era propenso al enojo, a la explosión; tenía mal genio, era irritable, impulsivo. Tuvo que recorrer un largo camino para hacerse amable. Era pescador y trabajaba con su padre; el negocio había prosperado pero Juan estaba intranquilo. Jesús lo encontró dispuesto a dejar la barca y a su padre, para ir en su compañía: (Mt 4:18-22) Estuvo junto a Jesús en los momentos de mayor intimidad y en los más amargos sufrimientos: (Jn 13:23-25; 19:25-27) Después de la resurrección, Juan siguió dando testimonio de Cristo con un amor enérgico y decidido: (Hch 4:13-22) Pasó su vida anunciando a los hombres el mandamiento del amor (Jn 13:34-35; 15:12-17) Sus últimos años los pasó en Efeso de donde escribió el Evangelio y las Epístolas. Desterrado por el emperador Domiciano y luego fue puesto en libertad. Murió en Efeso siendo de avanzada edad.

 

Pedro: El apóstol del riesgo

Gran pescador de Galilea. Impulsivo, impetuoso, extrovertido; había nacido para ser líder. Al llamarlo para el Reino, Cristo le dio el nombre de “Roca”; pero el evangelio nos muestra, que no actuó siempre como “Roca” (Mt 14:27-30; 16:21-23) Esta impulsividad lo lleva a responder de primero al Maestro, a tomar la iniciativa, a actuar en nombre de los doce: Mt 16:16; 14:28; Jn 21:16; Lc 5:4-11) Negó a su maestro pero su humildad lo libró de la desesperación Mr 14:27-31) Después de la  resurrección hace la triple profesión de fe y amor en su Maestro y Cristo lo confirma entonces como líder de su Iglesia: (Jn 21:15-17) Entregando la vida llega a realizar el nombre que le había dado su maestro: “Roca”. Murió crucificado en Roma.

Judas Tadeo: El apóstol constante

Hermano de Santiago el menor. En la última cena hizo una pregunta a Jesús. La respuesta que recibe se convierte para él en norma de vida (Jn 14:22-24) En la carta que escribe a los cristianos los exhorta a la fidelidad, a no dejarse llevar por falsas doctrinas.

Tomás: El apóstol de la duda

Fue el más pesimista, el más melancólico, el más áspero y por lo tanto el más terco de todos los discípulos. Miraba el mundo, los sufrimientos, la vida, con un extremo realismo. Era la encarnación de la duda. En tres momentos el Evangelio registra sus palabras y en ninguno de ellos se desmiente: Tomás es siempre el mismo abatido, escéptico, obstinado (Jn 11:16; 14:2-4; 20:24-29) Sólo después de la experiencia del resucitado, Tomás se transforma  y exclama en un profundo acto de fe: Señor mío y Dios mío.

Santiago el menor: el apóstol desconocido

Es el más desconocido de todos. Aparece en la lista de los doce, pero no más. Fue escogido para oír, andar y testificar. Es el símbolo de los millares de “nadies” que llegan a ser “alguien” por la elección de Dios.¿Podían ser más diferentes unos de otros? ¿A quién se le ocurre juntar a un Zelote anti Roma con un cobrador de impuestos? A un hombre temperamental como Pedro con alguien tan amoroso como Juan.

Pero Jesús ora por ellos y ora con dirección, con fe y con propósito y con la Esperanza de que sean uno.

Tertuliano: (160 – 220 d.C.) En su Apología contra los gentiles, Tertuliano nos ofrece un testimonio de primera mano sobre la vida de los primeros cristianos. Allí leemos que los paganos, admirados de la fraternidad que se entablaba entre los seguidores de Jesús, murmuraban envidiosos: “Mirad como se aman”. Sin duda, esta concepción de la iglesia como comunidad fundada en el amor, donde todos con sus flaquezas e imperfecciones tienen cabida, fue el fermento que facilitó la expansión de la fe. Y deberíamos preguntarnos, con espíritu crítico, si no habrá sido precisamente el decaimiento de este amor y la sustitución por el legalismo lo que ha determinado a la postre su retroceso.

Cada uno de nosotros, como los apóstoles, tenemos diferentes personalidades, temperamentos, cualidades. Tímidos, extrovertidos, vergonzosos, sociables y menos sociables. Con diferentes puntos de vista. De diferentes países, culturas, costumbres y entornos sociales.

Sólo a Jesús se le ocurriría juntar en un mismo cuerpo a Chilenos con Argentinos, Ecuatorianos, Bolivianos, Paraguayos, Colombianos, Españoles, Peruanos, etc. Tan diferentes unos de otros. Pero la oración de Jesús sigue siendo:

Mas no ruego solamente por éstos (los apóstoles), sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos (por nosotros), para que todos sean uno (para que todos seamos uno); como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros;

 1ª Corintios 12:18-27 Pero nuestro cuerpo tiene muchas partes, y Dios ha puesto cada parte justo donde él quiere. ¡Qué extraño sería el cuerpo si tuviera solo una parte! Efectivamente, hay muchas partes, pero un solo cuerpo. El ojo nunca puede decirle a la mano: <<No te necesito>>. La cabeza tampoco puede decirle al pie: <<No te necesito>>. De hecho, algunas partes del cuerpo que parecieran las más débiles y menos importantes, en realidad, son las más necesarias. Y las partes que consideramos menos honorables son las que vestimos con más esmero. Así que protegemos con mucho cuidado esas partes que no se deberían verse, mientras que las partes más honorables no precisan esa atención especial. Por eso Dios ha formado el cuerpo de tal manera que se les dé más honor y cuidado a esas partes que tienen menos dignidad. Esto hace que haya armonía entre los miembros a fín de que los miembros se preocupen los unos por los otros. Si una parte sufre, las demás partes sufren con ella y, si a una parte se le da honra, todas las partes se alegran. Todos ustedes en conjunto son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es parte de ese cuerpo.

 Efesios 4:16 El hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, el cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.

 PROPÓSITO DE LA UNIDAD

“para que el mundo crea que tú me enviaste.” Para que Cuenca crea que Cristo fue enviado por Dios necesitamos ser uno, buscar la unidad, por la cual Cristo oró tan fervientemente.

¿Quiere ver a Cuenca rendida a los pies de Cristo? Busquemos la unidad, seamos uno. Que Cuenca pueda decir: “Mirad como se aman” A pesar de ser tan diferentes, hay algo que los une.

 Pero Jesús no sólo se limitó a orar por nosotros, Jesús hizo algo más que orar.

NOS ENTREGÓ SU GLORIA

Juan 17:22  “La gloria que me diste, yo les he dado…”

¿A qué gloria se está refiriendo? ¿Qué es la gloria que Jesús recibió y que nos ha dado a nosotros?

En el v. 22 Jesús afirma que nos ha dado la misma “gloria” que su Padre le dio a él. ¿En qué consiste esta “gloria”? La expresión aparece varias veces en el evangelio de Juan, comenzando por el prólogo donde se afirma que “vimos su gloria” (1:14). Luego en Caná, al transformar el agua en vino, Jesús manifiesta su gloria (2:11). En más de una ocasión expresa que no busca la gloria de los seres humanos ni que tampoco la quiere recibir, sino que solamente busca la gloria de Dios (7:18; 8:50; 8:54; 12:43). Es una gloria que ha compartido con el Padre desde antes de la fundación del mundo (17:5). La palabra “gloria” (en griego doxa) puede significar la opinión o el juicio que se tiene de alguien, pero en el Nuevo Testamento suele vincularse con la idea del esplendor o la luz de Dios. Se trata de una adaptación del concepto hebreo de kabod, es decir, de la luz inefable que caracteriza la magnificencia y la perfección de Dios (ver 2 Co 3:7-8) así como de la shekinah o la presencia de Dios en la tierra acompañando a su pueblo (Ex 24:17). Jesús ofrece compartir esa gloria divina con cada uno de nosotros.

Es su favor como vemos en Lucas 2:40 y en 2:52. Es esa gloria manifestada en gracia, en favor como vemos en Juan 1:14. Es su complacencia como vemos en Mt 3:17 y en 17:5 Satisfacción, placer y contentamiento que resulta de algo.

 Jesús obtuvo ese favor, esa gracia, esa complacencia, esa gloria y lo hizo andando en una total rendición y obediencia al Padre, renunciando a todo lo que fuese pecaminoso, resistiendo a toda tentación.

Pero a nosotros Jesús nos lo ofrece gratuitamente: La Gloria que me diste, el favor, la complacencia por haber llevado una vida de obediencia y rectitud, yo se las he dado a ellos gratuitamente.

Sin hacer nada, sólo creyendo y recibiendo el sacrificio de Jesús obtenemos el favor de Dios, su Gracia, su contentamiento, su poder.

 ¿Para qué? ¿Cuál fue el propósito de que Jesús nos entregara su gloria? ¿Qué trataba de conseguir con darnos de esa gloria que el Padre le había dado? ¿Qué hiciéramos milagros? ¿Qué el mundo viera que somos especiales?

 PARA QUE SEAN UNO

Juan 17:22  La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

Jesús no sólo levantó sus ojos al cielo y rogó al Padre por nosotros, sino que nos entregó su gloria, su favor, su poder, el contentamiento de Dios para que SEAMOS UNO. PARA QUE VIVAMOS EN UNIDAD.

 La Gracia te hace ver que no eres mejor que tu hermano/a. Que somos diferentes, con diferentes habilidades y cualidades, pero todos pecadores. Ninguno merecemos el favor de Dios, pero Cristo nos lo otorgó gratuitamente para que al mirarnos hacia dentro podamos expresar: ¡¡Lo que soy, lo que tengo y lo que puedo hacer no es porque sea mejor o peor que tú, sino que es por su gracia!!

– Yo puedo declarar: Todo lo puedo en Cristo, pero tú también.

– Yo puede declarar: Soy más que vencedor en todo. Pero tú también.

– Puedo amar a alguien sin conocerlo porque el Espíritu Santo me capacita, y tú también.

Gálatas 2:20  He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.

  PARA QUE EL MUNDO CONOZCA

Juan 17:23  Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

 Una vez más, le pregunto ¿Quiere ver Cuenca para Cristo? ¿Su vecino para Cristo? ¿Sus amigos para Cristo? Viva en unidad. Acepte las diferencias de su hermano. Amelo tal y como es. No se crea mejor o mayor. Y Cuenca conocerá que Cristo es el Señor.

 CONCLUSIÓN

Juan 13:34-35  Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Fue en ese contexto de unidad de la primera iglesia que Dios añadía cada día los que habían de ser salvos.

Hechos 2:41-47  Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;  y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,  alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Que el mundo pueda decir de nosotros: “Mirad como se aman”.

Efesios 4:16 El hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, el cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.

Jesús Oró por nosotros y además nos dio su Gloria, su Gracia y su Favor con el propósito de que SEAMOS UN SOLO CUERPO SANO Y QUE SE REPRODUCE.

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