IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

COMO HACER ALIADOS

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Cómo hacer aliados

Por Rudy Gracia

Como pastor, he visto a muchos cristianos quejarse de la misma forma cuando están atravesando problemas. Ellos alegan que nadie los ayuda ni los llama y se sienten solos. Cuando eso sucede, casi siempre les hago preguntas que de modo irónico contestan su inquietud y hacen acallar sus quejas: «¿A cuántas personas has ayudado? ¿A cuántos has llamado? ¿Por quienes has orado?».

Cuando me responden que a nadie, entonces se dan cuenta de que no pueden cosechar lo que no han estado dispuestos a sembrar. No podemos pretender recibir el respaldo de nuestros hermanos si no los hemos apoyado cuando lo necesitaron.

La vida nos llevará a situaciones en las que algunas personas cercanas a nosotros necesitarán cierto tipo de ayuda. Y es allí que debemos aprovechar nuestra oportunidad de sembrar en la vida de otros, de modo que podamos cosechar en los momentos difíciles. El apóstol Pablo enseñaba diciendo: «Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10).

Cuando en los peores momentos de la vida de un individuo te conviertes en alguien como ese ángel en Getsemaní que confortó al Señor, nacerá un lazo de fidelidad que jamás podrá ser quebrantado.

Recuerdo que hace muchos años atrás uno de mis principales líderes fue bendecido por Dios con una pareja de mellizos. Estos dos preciosos niños se hicieron muy famosos en nuestra congregación por sus travesuras. No solo eran físicamente idénticos, sino también se asemejaban en picardía. Me acuerdo de que un domingo, mientras me dirigía al púlpito para predicar, atravesé por el pasillo donde estaba la sala cuna de la iglesia.

No podemos pretender recibir el respaldo de nuestros hermanos si no los hemos apoyado cuando lo necesitaron.

En el momento en que pasaba frente a la habitación, me llamó la atención que por alguna razón uno de los gemelos estaba llorando inconsolablemente. En ese momento me sentí motivado a entrar y tomarlo en mis brazos para consolarlo. Y en efecto terminé llevándolo conmigo y colocándolo cerca del púlpito. Han pasado los años, estos dos niños se han convertido en adolescentes y nunca he podido diferenciar a uno del otro físicamente, excepto por el hecho de que aquel al que ayudé siempre corría primero a saludarme y abrazarme. Como si hubiéramos establecido un vínculo irrompible el día que lo tomé en mis brazos.

Tomado del libro Vence la adversidad, Copyright ©2013 por Ruddy Gracia (ISBN 978-08297-5861-0). Usado con permiso de Editorial Vida.

 

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