IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

La Pascua en el Nuevo Testamento

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1. Al celebrar la última pascua con sus discípulos, nuestro Señor Jesucristo modificó la ceremonia tradicional para otorgar un nuevo significado a la cena, al pan, y a la copa de vino (Lc. 22:14-21). Ahora damos gracias, no por el cordero que libró a Israel de Egipto, sino por el Salvador que con su cuerpo y su sangre otorga eterna redención a todo aquél que cree. La última pascua se convirtió en la primera santa cena, el símbolo de la inauguración del Nuevo Pacto (Lc. 22:14). Esta cena ya no apuntaría más a la liberación de la esclavitud temporal en Egipto, sino al sacrificio de Cristo, el cordero de Dios, quien entregó su vida y derramo su sangre en la cruz para darnos libertad y redimirnos de la esclavitud del pecado.

2. En la institución de la Cena del Señor, nuestro Salvador escogió utilizar la copa y el pan como los elementos memoriales de su cuerpo y de su sangre (Lc. 14:19-20). Por esta razón, en la Santa Cena no sacrificamos a un cordero, ni derramamos sangre. Nuestro cordero fue sacrificado por nosotros, en aquella pascua, una vez para siempre, y con ello obtuvo eterna salvación para su pueblo escogido (vea 1 Cor. 5:7 ; Heb. 10:12-14).

3. En la cena celebramos con gratitud el sacrificio del Hijo de Dios por dos razones:

  • Nos recuerda que ahora vivimos una nueva etapa en el programa del reino de Dios. Ahora somos beneficiarios del Nuevo Pacto inaugurado en la cruz (Lc. 14:16).
  • Nos recuerda que nuestra esperanza esta en el futuro, en la consumación del reino de Dios (Lc. 14:16). Al comer el pan y beber la copa, esperamos con plena certidumbre el día que el reino de Dios sea establecido por completo. El día que nuestra redención llegue a su conclusión gloriosa. Ese día, la celebraremos una vez más en la presencia inmediata de nuestro Salvador.

4. En la cena, el Señor nos invita a recordar activamente. Hacemos esto en memoria de Él. El cristiano no celebra con recuerdos pasivos sino con actos significativos. Actos que en el presente, nos trasladan al pasado y al futuro. Comemos el pan y bebemos el vino, y al hacerlo regresamos a aquél viernes donde el perfecto amor de Dios por nosotros se desplegó en la cruz. Pero al mismo tiempo saltamos al domingo, al gozo de la tumba vacía, a la realidad del Cristo resucitado y glorificado. Y de allí, somos llevados al futuro, a la consumación del reino cuando nos sentaremos con él y celebraremos su sublime gracia, y adoraremos por siempre a nuestro Rey soberano.

Antes de terminar, quisiera que observara algunos aspectos adicionales en relación a la pascua y la cena del Señor:

Sin lugar a duda, la celebración de la pascua y de la cena del Señor son eventos trascendentales y esenciales a la práctica de nuestra fe. Al participar en ellos no pase por alto los principios mencionados en este breve análisis

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