IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

Por qué la gente de mi Iglesia no está creciendo

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¿Por qué la gente de mi iglesia no esta creciendo?
por Robert Barriger

Un pasaje de la Biblia que está entre mis favoritos es Salmos 92.13–14. Ahí dice que los que están plantados en la casa de Dios florecerán como la palmera y serán vigorosos y verdes, y que incluso en su vejez tendrán fruto. Esto nos dice mucho sobre la iglesia local.

Los que están plantados en la iglesia florecerán. No solo los que simpatizan con la iglesia, o los que asisten a esta de vez en cuando, sino los que han echado raíces en ella. Entonces tengo esta pregunta: ¿cómo sabe usted si tiene raíces en la iglesia? o ¿cuán profundas son sus raíces? Y la respuesta es otra pregunta: ¿qué tan fácil es que alguien lo saque de la iglesia? A veces encuentro personas en la calle que me dicen: «Pastor, yo antes iba a su iglesia»; ahora, la verdad, yo ni siquiera me di cuenta cuándo se fueron. ¿Por qué? Porque no tenían raíces. Pero hay otras personas que tienen raíces tan profundas que dejan un vacío muy grande cuando se van. Estas raíces llegan hasta el trabajo con los jóvenes, con los hombres, con las mujeres o con los músicos de la iglesia, pero cuando ya no están, todo el mundo se da cuenta y lo nota.

Ahora, la promesa de Salmos 92 es que los que están plantados en su casa florecerán como la palmera, porque un árbol que crece con raíces profundas, ni diez, ni veinte, ni cien hombres pueden removerlo; pero cuando la planta es débil y pequeña, hasta un niño puede arrancarla fácilmente. ¡Eche raíces en su iglesia!

En la segunda parte de este pasaje vemos que es el deseo de Dios que usted florezca en su vida. La palabra «florecer» quiere decir que puede tener una vida abundante, una vida que lleve fruto; porque los que están en la iglesia florecerán, entonces parte del trabajo del liderazgo de la iglesia es ayudar a la gente para que florezca. Yo sé que algunas personas e iglesias han malinterpretado esto diciendo que son ellas las que deben ayudar a florecer al pastor; pero la verdad es que el pastor está allí para que las vidas de las personas florezcan. Si las personas que están en su iglesia no están floreciendo, el pastor debe preguntarse: ¿a qué se debe que la gente de mi iglesia no esté floreciendo? ¿Qué puedo hacer para ayudarlos a florecer?

En verdad vivimos en un mundo complicado, creo que más com- plicado que el de muchas generaciones antes que nosotros. La Biblia dice que en los últimos días habrá oscuridad en este mundo, y mientras más oscuridad y pecado haya en el mundo, habrá más gente herida, más gente que va a necesitar ser sanada. No miro los últimos días con temor por causa de la oscuridad que está crecien- do, sino como una oportunidad que Dios nos da para que la iglesia sea un lugar de sanidad en este mundo herido. Porque es en la iglesia donde la gente puede florecer.

Hoy día las estadísticas muestran que los niños que crecen en familias sanas, se desarrollan sanos. Lastimosamente, casi la mitad de los niños del mundo no tienen la oportunidad de crecer en una familia sana; sea por un padre ausente, alcohólico o abusivo; o por la pobreza aguda que lleva a los padres a vender hasta a sus propios hijos, porque creen que así tendrán una vida mejor. Sea por la razón que sea, hay muchos niños que llegan a la iglesia con un gran número de heridas. Y aquí existe un principio que llamamos «entradas y salidas».

Este principio dice lo siguiente: como sales es como entras. En otras palabras, si una persona tiene una herida en su niñez, ya sea por abuso o maltrato, y esta herida no ha sido sanada, cuando sal- ga de la niñez y entre en la adolescencia llevará la herida con ella; y si en su adolescencia esta herida no sana, la llevará a la siguiente etapa, que es su juventud o su adultez. Y sucede muchas veces que cuando esta persona se casa, continúa llevando consigo las heridas de su niñez y adolescencia a su matrimonio, porque como sale de una etapa es como entra a la otra.

La Biblia nos muestra que hay ciclos en la vida. En los diez mandamientos dice que el pecado de los hombres se repite hasta la tercera y cuarta generación. Por ejemplo, si un padre que fue herido de niño arrastra sus heridas a su matrimonio y es un padre alcohólico, aunque su hijo odie el alcohol, probablemente acabará siendo igual a su padre cuando tenga hijos. Así como este hombre, mu- chas personas tienen áreas de su vida que duelen si uno las toca. ¿Cómo podemos ayudarlos a florecer? Lo hacemos con la Palabra de Dios, su Palabra hace la obra y puede transformar una vida. Para sanar las heridas hay que estar plantados en la casa de Dios y florecer; no es solo simpatizar con la iglesia, es echar raíces. ¡Dios quiere que usted esté plantado en su iglesia!

El trabajo de liderazgo en la iglesia no es ser servidos; es servir, es ayudar a la gente a florecer en sus vidas. Como la Biblia dice en este salmo: «Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes» (Salmos 92.14), y en una versión moderna dice: «En su vejez serán gordos y verdes». ¿Sabía que Dios desea que usted sea una persona gorda? Es decir, como el árbol robusto y verde. Dios quiere que su vida sea así, robusta y verde, con un gran fruto lleno de destino, lleno de la vida de Dios, lleno de la savia de Dios; de vida misma.

Mire una vez más lo que dice este pasaje: hasta en su vejez ten- drán fruto. Esta es una promesa que quiero tomar para mí, y es que hay algunas personas ancianas que han sido heridas durante toda su vida, y en su vejez no son florecientes, sino todo lo contrario, pueden llegar a ser renegonas, quejosas y amargadas. ¿Ha escuchado alguna vez esto: «No lo escuches, no le hagas caso, ya está viejito»? Nadie quiere terminar como un viejo renegón, sentado en una esquina, a quien la gente no escucha, y que digan de él: «Mira, ha tenido una vida dura, hay que entenderlo».

La promesa de Dios es que en nuestra vejez podemos tener una vida fructífera, una vida que valió la pena vivir, una vida bendecida para poder bendecir. Hay algunos hombres que cuando llegan a la vejez, la gente dice de ellos: «Qué sabios son, hay que sentarse con ellos y escuchar sus palabras».

Tomado del libro Iglesia Relevante © 2014 Robert Barriger Publicado por Editorial Vida. ISBN: 978-0-8297-6599-1 Usado con permiso de Editorial Vida

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