IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

ESPERANDO UN DERRAMAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO

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DERRAMAMIENTO

Esperar: Es tener la esperanza de conseguir lo que se desea; Es creer que ha de suceder alguna cosa; Es desear que algo ocurra; Es permanecer en un sitio donde se cree que ha de ir alguna persona o ha de ocurrir algo; Es parar en una actividad hasta que suceda algo.

¿Estás esperando algo con gran deseo? ¿Estás esperando que algo suceda en tu vida, en la Iglesia, en la ciudad, en tu familia?

Un artículo de Laura Szmuch dice así:

Hay muchos tipos de espera. La que está llena de ansiedad porque está por llegar alguien a quien tenemos ganas de ver, y también la espera con incertidumbre cuando están por darnos la nota de un examen. Existe la espera llena de nerviosismo cuando alguien que queremos entra a quirófano y la espera con ilusión cuando está por llegar un bebé. Hay muchas formas de espera.

 

Yo no sé tú, pero yo, estoy esperando un derramamiento del Espíritu de Dios sobre mi vida, sobre la Iglesia, sobre esta ciudad. Algo nunca visto aquí en Cuenca.

  1. PORQUÉ ESPERAR UN DERRAMAMIENTO DEL ESPÍRITU

¿Por qué espero esto?

Una Historia: Cuando el Señor me dijo que derramaría su Espíritu Santo sobre mí a su debido tiempo.

¿Por qué espero algo así? Porque Dios me dijo que lo haría. Lo estoy esperando, con deseo, con fe, con anhelo.

Una noche en Ugena, Toledo”, Dios me dijo…

Isaías 44:3  Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;

¿Por qué esperar un derramamiento del Espíritu Santo?

Porque ese fue el deseo de Dios desde el comienzo:

  • Números 11:29 Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.
  • Joel 2:28-29 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.
  • Hch 2:15-18 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños;  Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días  Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.  

¿Por qué esperar un derramamiento del Espíritu Santo? Porque podemos intentar extender el Reino de Dios a nuestra manera, en nuestras fuerzas, por medio de nuestra psicología cristiana, por medio de nuestros recursos humanos, o podemos hacerlo a la manera de Dios: Zacarías 4:6 No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu dice el Señor Todopoderoso.

¿Me preguntas porqué espero un derramamiento del Espíritu Santo?

Por las palabras que el Apóstol Pablo nos dejó:

  • 1ª Corintios 2:1-5 Amados hermanos, la primera vez que los visité, no me valí de palabras elevadas ni de una sabiduría impresionante para contarles acerca del plan secreto de Dios. Pues decidí que, mientras estuviera con ustedes, olvidaría todo excepto a Jesucristo, el que fue crucificado. Me acerqué a ustedes en debilidad: con timidez y temblor. Y mi mensaje y mi predicación fueron muy sencillos. En lugar de usar discursos ingeniosos y persuasivos, confié solamente en el poder del Espíritu Santo. Lo hice así para que ustedes no confiaran en la sabiduría humana sino en el poder de Dios.

Anhelo, deseo, espero que el Espíritu Santo nos llene de poder de Dios, no para nuestra propia gloria, sino porque no hay otra manera en la que podamos extender el Reino de Dios.

¿Por qué esperar un derramamiento del Espíritu Santo? Porque vemos el pecado abundando y multiplicándose en los jóvenes de nuestra ciudad, en los matrimonios, en las familias, en la política, en cada esquina y negocio y aún en la Iglesia.

Porque Jesús dijo en Mateo 5:6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados (Satisfacer por completo)

.

No lo digo yo, Jesús mismo lo dijo en Mateo 11:1-6 cuando Juan desde la cárcel le preguntó.

¿Qué si estoy esperando un derramamiento del Espíritu Santo? ¡¡Claro que lo espero, con toda mi alma!! ¿Y tú, lo estás esperando? Pero hay dos formas de esperar algo así.

  1. COMO ESPERAR

Existe la espera pasiva y la espera activa.

  1. La espera pasiva

El artículo de Laura Szmuch sobre la espera, continúa así:

Muchas veces vivimos la vida esperando que algo suceda, que alguien aparezca, que venga a rescatarnos, o tome alguna decisión que nosotros no nos animamos a tomar. Esa espera pasiva corroe los nervios, nos hace sentir impotentes, y, en muchas ocasiones, nos pone violentos. Es que cuando sentimos que no tenemos poder sobre nuestra propia vida, nos enojamos mucho con nosotros y con los demás. Cuando no canalizamos nuestra energía, creatividad y valor en alguna actividad proactiva, esa sensación de impotencia por vivir permanentemente en una espera pasiva “explota” cuando menos lo pensamos. Mucha gente se expresa violentamente en sus muros en Facebook, y descarga ahí toda su frustración. Lo que no hacen por su ciudad o país, lo que no se animan a construir o proponer, lo transforman en insultos hacia los políticos, o desprecio hacia ciertos personajes. Tal vez se pelean con otras personas en la calle, o se mofan de quienes no tienen miedo y se animan a actuar. Es probable que también emitan comentarios despectivos hacia sus parejas, desacrediten las opiniones de sus hijos, no le den valor a las cosas buenas que tienen y no se dan permiso a sí mismos a disfrutar, porque están esperando a que suceda vaya a saber qué cosa que los libere del eterno sopor. Otros simplemente vuelvan la agresión hacia adentro, y por fuera son tan dulces y amables con otros que nadie imaginaría que albergan tanto resentimiento y dolor en su interior.

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Estoy hablando de esperar, de esperar como Dios dijo, un derramamiento del Espíritu Santo sobre mi vida, sobre tu vida, sobre la Iglesia y sobre esta ciudad. Pero podemos quedarnos esperando y esperando y nada va a suceder. Es la espera pasiva.

Déjame contarte una historia que se encuentra en Juan 5

Betesda: Casa de bondad

Yacían una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Yacer: estar echado o tendido; estar muerto, enterrado.

V.4) Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

El versículo 4 se omite en muchas Biblias ¿Por qué? Porque era un mito, una leyenda.

Nadie sabía en qué momento, pero todos esperaban allí cada día por si ese fuese el día en que el ángel descendía.

La verdadera historia: conocida como piscina lavadora, fue excavada en el siglo III a. C. por Simón, el sumo sacerdote. Estas eran usadas para lavar ovejas antes de sacrificarlas en el templo de Salomón. Este uso dio a sus aguas un halo de santidad y muchos inválidos llegaban a ellas para intentar conseguir su curación.

Estaban esperando, ¿cómo? Pasivamente, sin hacer nada.

V.5) Un hombre que llevaba 38 años enfermo. Y cuando Jesús lo vio acostado y supo que llevaba mucho tiempo así le preguntó ¿Quieres ser sano?

V.6) Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Llevaba 38 años esperando porque siempre dependió de sus recursos, de que alguien le echara una mano, le metiera en el agua.

Aplicación:

Muchos de nosotros somos como este hombre y como toda la multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Estamos esperando a que “de vez en cuando”, de tiempo en tiempo, de campaña en campaña, de retiro en retiro… haya algún movimiento del agua y seamos tocados, sanados, o llenos del Espíritu Santo.

Y nos quedamos como esa multitud, esperando el próximo evento, el próximo movimiento.

Pero al mismo tiempo, cuando estamos esperando en esa campaña, en ese retiro, en ese culto especial, donde ha venido un predicador especial, echamos un vistazo a nuestro alrededor y vemos toda la gente que está reunida esperando lo mismo que nosotros y pensamos “toda esta gente estará esperando lo mismo que yo, que Dios les toque, les hable, les sane, ¿Por qué Dios habría de tocarme a mí, hablarme a mí si quizás hay personas que le buscan más, que viven en mayor santidad que yo…?

Y nos quedamos esperando que algo ocurra, que Dios se fije en nosotros, que escuche nuestra oración por encima de la del resto y nos toque y nos de la bendición.

Pero generalmente, nada de esto ocurre porque con este manera de pensar estamos ofendiendo a Dios y al Espíritu Santo. Hacemos de Dios un Dios pequeño, imparcial, que hace acepción de personas.

Este hombre y toda la multitud de enfermos tenía a Jesús delante y estaban esperando que algo de vez en cuando ocurriera.

¿Estás esperando que algo ocurra en tu vida? ¿Esperas que Dios te toque y cambie tu vida? ¿Esperas que de repente algo sobrenatural venga desde el cielo y te llene y te cambie y te transforme en un gran evangelista, un gran profeta siervo o sierva de Dios?

Pues sigue esperando otros 38 años más, sigue echado, como la multitud de enfermos, yaciendo, muriendo sin hacer nada más.

Pero hay otra manera de esperar…

  1. La espera activa

Seguimos con el artículo de Laura Szmuch:

La espera activa es completamente diferente. Si tengo hambre, en lugar de sentarme a lamentar de que me olvidé de comprar los ingredientes para hacer eso que tengo ganas de comer, me levanto, voy a comprarlos, y me pongo a cocinar. Si no me gusta lo que está pasando en mi vida, empiezo a dar pasos pequeños para modificarla. Si ya no soporto el lugar donde trabajo, y no puedo hacer nada desde adentro para modificarlo, me busco otra cosa. Si mis relaciones no son como me gusta, genero el espacio para conversar y modificar conductas para mejorarlas. Si quiero un cambio en mi vida, en lugar de quejarme, hago algo para que empiecen a suceder las cosas que me gustan.

Para vivir una vida inspirada es necesario activar las esperas. Es necesario ponernos proactivos, iniciar acciones concretas, y salir del lugar en donde lo único que sucede es la queja y el lamento.

Isaías 44:3  Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;

Ya te he dicho las razones por las que espero este derramamiento del Espíritu Santo sobre mi vida primeramente, sobre tu vida, sobre la Iglesia y sobre mi ciudad.

  • Porque Dios me dijo que lo haría hace años.
  • Porque Dios volvió a decir este fin de semana pasado.
  • Porque Dios lo promete una y otra vez en su Palabra.
  • Porque Dios nos está diciendo por medio de Joel, de Isaías, de Ezequiel, de Zacarías, de Pedro, del apóstol Pablo y de Jesús mismo, que no hay otra manera más efectiva y rápida de extender el Reino de Dios.

Pero la pregunta es: ¿Cómo vas a esperar? ¿Yacido sin hacer nada esperando que el dios de la suerte te sonría y decida un día darte a ti la exclusiva de la bendición? O ¿Vas a esperar de una manera activa?

Leemos en Hechos 2:1-4 y sacamos nuestras propias conclusiones:

  • Es que Jesús les dijo que esperasen hasta que fueran llenos del Espíritu Santo. Así que yo estoy esperando.

Pero ellos no habían recibido el Bautismo del Espíritu Santo y por eso debían esperar. ¿Cuántos han sido bautizados en el Espíritu Santo aquí? Entonces esta palabra no es para ti. ¿Qué haces esperando sin hacer nada? ¿Qué Dios te vuelva a bautizar?

  • Es que ahí dice que fue de repente que vino el Espíritu. Sí, pero ellos no estaban esperando pasivamente sin hacer nada. ¿Cómo lo sé? Porque cada vez que el Nuevo Testamento habla de un derramamiento del Espíritu Santo vemos a una iglesia orando. Hechos 4:32; Lc 3:21 y aún la promesa de Joel 2:28 viene precedida de un llamamiento de Dios a los sacerdotes a orar, clamar y llorar en el altar.
  • Es que dice que vino del cielo…

Los que esperan el movimiento, el de vez en cuando, el ángel que baja, el predicador ungido o la campaña especial no van a recibir nada porque están esperando algo externo, algo que viene de fuera.

Pero Juan 7:37 dice que los que han recibido el Espíritu Santo, tienen en su interior un Río que está corriendo continuamente.

Puedes ser de los que esperan el mover, de vez en cuando, o puedes ser de los que producen el mover continuamente.

CONCLUSIÓN

Estamos esperando un derramamiento del Espíritu Santo, pero sólo hay una manera efectiva de esperar algo así, y es:

  • Orando, clamando, ayunando, deseando, teniendo hambre y sed por su presencia, apartándonos de nuestros pecados, dejando a un lado nuestro yo. Creyendo y proclamando la Palabra de Dios sobre nosotros y sobre nuestra ciudad.

Mateo 11:12 dice que el Reino de los Cielos lo arrebatan los violentos, los que se esfuerzan, los que se aferran a la promesa de Dios y la reclaman: ¡¡Señor, Tú lo prometiste!! ¡¡Prometiste derramar Tu Espíritu sobre nuestra generación!! ¡¡Prometiste derramar aguas sobre el sequedal, ríos sobre la tierra árida!! ¡¡Tu bendición sobre nuestros hijos!!

¿Estás esperando algo así? La pregunta es ¿Cómo lo vas a esperar?

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