IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

EL MAYOR ANHELO (1ª Parte)

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Anhelar:

Google: Desear intensa o vehementemente una cosa.

Drae: Tener ansia o deseo vehemente de conseguir alguna cosa; Respirar con dificultad.

Esta palabra es de procedencia latina bajo la denominación “anhelāre” falta de aliento.

El anhelo puede ser descripto como un deseo que combina tanto elementos físicos u orgánicos como elementos psicológicos o mentales. Esto es así porque al anhelar algo la persona mueve tanto su ámbito mental y emocional hacia eso como también su ámbito físico, poniendo sus energías y fuerzas en eso. El anhelo es la esperanza de lograr o conseguir vivir determinadas situaciones que a uno le podrían generar alegría, placer, felicidad o satisfacción pero que todavía no son realidad.

Sinónimos: Ambicionar, ansiar, apetecer, aspirar, codiciar, desear, esperar, pretender, querer o suspirar.

Anhelar, aunque tiene todos estos sinónimos, no obstante va más allá que una ambición, es más que un simple apetito, es más que un deseo o una pretensión. Es un deseo tan intenso que ocupa toda tu mente y ocupa todos tus sentimientos de tal manera, que te cuesta respirar, te falta el aliento y el no conseguir eso que anhelas, puede llegar a desfallecerte físicamente. ¿Has tenido alguna vez un anhelo  así por algo? Lo más parecido sería el enamoramiento.

La palabra anhela tal cual, aparece sólo cuatro veces en la Biblia y siete veces la palabra anhelo.

EL ANHELO DE DAVID

Salmo 63:1  Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas.

  • Anhela: kamáj: raíz primaria; languidecer (Perder [una persona o una cosa] la fuerza, el vigor o la lozanía) por:- anhelar.

NTV: Oh Dios, tú eres mi Dios; de todo corazón te busco. Mi alma tiene sed de ti; todo mi cuerpo te anhela en esta tierra reseca y agotada donde no hay agua.

Biblia Corona de Jerusalén: Di-s, tú mi Di-s, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agotada, sin agua.

DHH: ¡Dios mío, tú eres mi Dios! Con ansias te busco, pues tengo sed de ti; mi ser entero te desea cual tierra árida, sin agua, sin vida.

Autor: David, pero ¿quién era David? David no tuvo una vida fácil. Rechazado por su propia familia. Menospreciado por sus hermanos. Perseguido por el Rey. La vida de David estuvo marcada por el rechazo, el abandono, el menosprecio, la incomprensión. Gene Edwards en su libro “Perfil de tres monarcas” habla del día en que ungieron a David como rey y dice lo siguiente: Aquel día David fue inscrito no en el linaje de la realeza, sino en la escuela del quebrantamiento.

¿Puede una persona marcada por la aflicción llegar a expresar tal anhelo por el Señor? ¿Es posible que la aflicción sea como un cincel de Dios para sacar de nosotros nuestro mayor anhelo por Él?

Lugar: ¿Dónde se encontraba David cuando entonó este salmo? David estaba en el desierto de Judá. Todos sabemos lo que significa estar en un desierto:

  • Extremas temperaturas de frio y calor
  • Falta de recursos
  • Exposición a los peligros

Los lugares más extremos por los cuales Dios nos permite pasar pueden producir en nosotros una pasión y un anhelo por Dios como en ningún otro lugar.

Situación: David huía de su hijo Absalón. Pero hasta aquí David ya había vivido una serie de circunstancias extremas: Hasta aquí David experimentó el menosprecio de su familia, la persecución de Saúl, el rechazo de los filisteos; la muerte de Jonatán, su pecado con Betsabé; la amonestación de Natán; la muerte de su hijo; el incesto en su familia; la muerte de otro hijo por manos de Absalón; y ahora la rebelión de su hijo Absalón quien quería matar a su padre David.

¿Y qué sale de todo esto? ¿Amargura, odio, dolor? Lo que sale es una de las más profundas oraciones de David: Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas.

Cada una de las situaciones por las que David pasó hizo que él anhelara a Dios. Era más que un simple deseo, más que el hambre o la pasión. Anhelaba a Dios. Todos sus pensamientos, todas sus emociones y aún todas sus fuerzas estaban centradas en desear más a Dios.

No fueron las pruebas que pasó las que lo hicieron languidecer, perder el vigor o las fuerzas, sino su deseo, su hambre por Dios.

(Mañana la 2ª Parte: el Anhelo de los Hijos de Coré)

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