IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

EL MAYOR ANHELO (2ª Parte)

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EL ANHELO DE LOS HIJOS DE CORÉ

Salmo 84:1-2 ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.

Aquí la palabra anhelar es diferente al salmo de David.

 Anhela: kasáf: raíz primaria; propiamente (Ponerse pálido; padecer una disminución o atenuación de su importancia o esplendor).

¿Quiénes eran los hijos de Coré? Su padre fue un levita de la familia de Coat que se rebeló contra el liderazgo de Moisés y de Aarón, junto con Datán y Abiram (como lo leemos en Números 16:1 en adelante), exigiendo el sacerdocio para ellos.

Fue tan fuerte la rebelión de Coré que la Biblia dice lo siguiente:

Y los hijos de Eliab: Nemuel, Datán y Abiram. Estos Datán y Abiram fueron los del consejo de la congregación, que se rebelaron contra Moisés y Aarón con el grupo de Coré, cuando se rebelaron contra Jehová;  y la tierra abrió su boca y los tragó a ellos y a Coré, cuando aquel grupo murió, cuando consumió el fuego a doscientos cincuenta varones, para servir de escarmiento. (11)  Mas los hijos de Coré no murieron.

Normalmente cuando un padre había pecado contra Dios, toda la familia moría para borrar así la maldición que conllevaba el pecado, como en el caso de Acán, pero milagrosamente los hijos de Coré no murieron, porque Dios tenía un propósito mayor con ellos.

No todos los días uno ve la tierra abrirse y tragarse a tu familia y sin embargo el concepto que estos hijos tenían de Dios era como dice el Salmo 84 (NTV):

Qué bella es tu morada, oh SEÑOR de los Ejércitos Celestiales. Anhelo y hasta desfallezco (Quedar sin fuerza o energía física y estar a punto de desmayarse) de deseo por entrar en los atrios del SEÑOR. Con todo mi ser, mi cuerpo y mi alma, gritaré con alegría al Dios viviente.

 NVI: ¡Cuán hermosas son tus moradas, Señor Todopoderoso! (2)  Anhelo con el alma los atrios del Señor; casi agonizo (luchar entre la vida y la muerte; extinguirse; sufrir angustiosamente) por estar en ellos. Con el corazón, con todo el cuerpo, canto alegre al Dios de la vida.

 El anhelo de los hijos de Coré no estaba fundado en una vida de comodidad sino en una vida de rechazo por pertenecer a una familia que Dios había matado por rebelión.

Pero en las situaciones más extremadamente difíciles, los hijos de Coré, como David, nos enseñan, que se puede llegar a anhelar a Dios.

 Y como con David, todos los pensamientos, todas las emociones y aún todas las fuerzas de estos hijos de Coré estaban centradas en desear más a Dios.

No fueron las pruebas que pasaron las que les hicieron palidecer, casi extinguirse, o perder las fuerzas sino el deseo, el hambre que tenían por Dios.

Anhelar, como hemos dicho implica combinar tanto elementos físicos u orgánicos como elementos psicológicos o mentales. Anhelar mueve tu ámbito mental y emocional hacia aquello que deseas poniendo tus energías y tus fuerzas en eso. Es desear algo tanto que te falta la respiración.

  • David describió su anhelo como languidecer, perder la fuerza o el vigor. Anhelar a Dios con todo su cuerpo, con toda su mente y todo su ser lo cual implicaba sus pensamientos y emociones.
  • Los hijos de Coré describieron su anhelo como palidecer, atenuarse, como un deseo ardiente similar a cuando uno agoniza o está a punto de desmayar por quedarse sin fuerzas o vigor.

(Mañana la 3ª parte: El anhelo del Espíritu Santo)

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