IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

NI UN CABRITO!!!

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INTRODUCCIÓN

Romanos 12:3 Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado.

 Lucas 15:11-32

 Lucas 15:11-21  También dijo: Un hombre tenía dos hijos; (12) y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. (13) No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. (14) Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. (15) Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. (16) Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. (17) Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! (18) Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. (19) Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. (20) Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. (21) Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

 El hijo menor nos habla de los creyentes que tienen un mal concepto de Dios. Tienen un concepto de Dios como alguien a quien pueden venir a pedirle cualquier cosa, y saben que Dios se las dará.

Ven a Dios como la fuente de sus recursos, el remedio de sus problemas, pero no pueden ver a Dios como a un Padre que desea tener comunión con sus hijos.

Representa a los creyentes que una vez han recibido lo que buscaban de Dios, se van, se alejan y abandonan la casa del Padre para desperdiciar todo lo que Dios les dio hasta que vuelven a un estado peor que antes. Un estado de desesperación, de frustración, de pecado, de vacío.

Son hijos pródigos, hijos que una vez fueron hijos pero que dejan de serlo o por lo menos dejan de comportarse como hijos. Piensan que estando alejados del Padre pueden hacer cuanto deseen, pero que más tarde o más temprano tendrán que reconocer:

  • Que fuera de la casa del Padre sólo hay desesperación, vacío, pérdida, destrucción, soledad, muerte y hambre, hambre que no se sacia.
  • Que en la casa del Padre hay abundancia de pan para los jornaleros, cuánto más para los hijos.
  • Que lo más sabio es volver en sí, tomar el camino del arrepentimiento, la confesión de nuestro pecado, reconocer que sin Dios nada somos y nada podemos hacer y nada tiene sentido.

Este hijo menor representa al creyente cuya palabra favorita es DAME pero al que pasar por las consecuencias de su pecado y tras un verdadero arrepentimiento y una verdadera humildad cambia su manera de pensar y de actuar y ahora lo que pide es HAZME. Y se da cuenta que en la casa del Padre, aunque podemos tener cuanto necesitemos, es más importante SER que TENER.

 Lucas 15:22-24 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. (23) Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; (24) porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

En estos versículos vemos revelado el corazón de Dios, su deseo, su voluntad. Vemos a un Padre bueno que día y noche está esperando en la puerta, esperando que sus hijos acudan a Él con la actitud correcta. Un Padre cuyos brazos siempre están abiertos para abrazar y para besar. Un Padre que lejos de señalar nuestro pecado o de juzgarnos con ira o resentimiento está deseoso de restaurarnos, de restituir lo que el pecado rompió, de sanar lo que el pecado dañó.

Vemos a un Padre que se regocija de que volvamos al Hogar, de que vengamos con la actitud correcta y de que entendamos que lo más importante no es cuánto puedo sacar de Él, sino cuan cerca puedo estar de su corazón.

Lucas 15:25-32  Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; (26) y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. (27) El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. (28) Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. (29) Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. (30) Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. (31) El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. (32) Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

El hijo mayor sale en escena y nos enseña algo muy importante que solemos pasar por alto.

Nos hemos centrado en demasiadas ocasiones en el error del hijo pródigo, en su pecado, en su rechazo del hogar, en su huída.

Pero dentro del hogar hay muchos hijos que aunque no han abandonado el Hogar, no han cometido los pecados de los hijos pródigos ni se han contaminado con las cosas de este mundo, no obstante tienen un problema de identidad que les impide tener una vida saludable dentro del Hogar del Padre.

Vemos aquí representados a los creyentes que han desarrollado una identidad de siervos, de obreros fieles, de obedientes impecables, de creyentes santos irreprochables pero que esperan que todo esto sea una moneda de cambio para obtener de Dios favores especiales. Creyentes que no tienen la suficiente confianza con Dios como para pedirle nada porque nada de lo que hacen es suficiente. Siempre se están demandando, siempre se están analizando, siempre se están midiendo con otros creyentes y siempre ven a otros creyentes más aptos que ellos, más santos, y más dignos de recibir bendición.

Es por esa razón que no pueden entender a Dios, no entienden el corazón paternal de Dios. No entienden que Dios bendiga a otros que oran menos que ellos, no entienden como Dios puede bendecir a quienes han jugado con el pecado, a quienes han desperdiciado las bendiciones, a quienes han caído una y otra vez.

Creyentes con mentalidad de siervo, pero no de hijo.

V.29) He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.

V.30) Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.

Son creyentes que tienen un mal concepto de sí mismo y de los demás. Que viven en un legalismo que les separa de Dios y de su Gracia y que les hace señalar o fijarse en los defectos de otros.

Si tu eres o te siente identificado con este tipo de creyentes, quiero decirte que no conoces el corazón paternal de Dios, que no has entendido lo que significa ser hijo.

Quiero darte dos mensajes de parte de Dios, de tu Padre Bueno Celestial que te ama.

V.31) El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

  1. Tú siempre estás conmigo – Yo siempre estoy contigo.

 Pero si tienes solamente una mentalidad de siervo, no puedes entender que tu Padre Celestial siempre está a tu lado, puedes acudir a Él cuando lo necesites sea para pedirle cualquier cosa, o simplemente para recibir un poco de compañía.

Tienes que entender que tu Padre Bueno que te ama, está contigo todos los días aún cuando no puedes verlo o sentirlo.

 2. Todas mis cosas son tuyas.

Cuando logres entender que significa ser hijo de Dios, entenderás que puedes pedirle a Dios cualquier cosa aún cuando no seas lo suficiente digno para recibirlo. De hecho, nunca serás lo suficiente digno, todo es por gracia y porque tu Padre te ama.

 Santiago 4:1-3 Las envidias, los celos y pleitos vienen por no haber entendido que podemos pedir a Dios o pedir como no conviene.

  • Marcos 7:24-30 Nos enseña que los hijos pueden sentarse a la mesa, que no tienen porqué mendigar las migas que caen.

 CONCLUSIÓN

Tanto si eres un hijo pródigo que ha desperdiciado lo que Dios te dio, que sólo buscas a Dios por lo que puedes obtener de Él pero que en realidad no has conocido cuanto Dios te ama.

O si eres un hijo obediente, santo, fiel, pero que no eres capaz de entender que Dios sigue amándote aún cuando no lo merezcas y que Dios está deseando bendecirte aún cuando no seas un modelo a seguir, entonces quiero pedirte… ¿Por qué no nos acercamos a nuestro Padre hoy a recibir su abrazo?

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2 pensamientos en “NI UN CABRITO!!!

  1. Yo antes le pedia a Dios que me diera lo que anhelaba mi corazón. Pero con el tiempo
    Medi cuenta de que eso no podía ser ,
    Era la típica persona que solo iba a la iglesia para agradar a Dios y a los demás pero dios un día toco mi corazón. Y medi cuenta que lo que necesitaba , mi vida era un cambio. Era pedir al Señor que me transformara mi vida porque hera un completo caos,ya me divorcie de mi esposa. Pero eso ya no importa.Se que Dios esta ahora en mi vida transformándola cada día, y ya voy notando pequeños cambios El me salvo el Es mi salvador.y no vuelvo a abandonarlo jamás amén.

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