IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

RECUERDE QUE JESUCRISTO ES EL SEÑOR

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Recuerde que Jesucristo es el Señor 1. Es sumamente importante entender que estamos tratando de guiar a las personas al “Señor” Jesucristo, no tanto al “Salvador” Jesucristo.

2. Ya entendemos la importancia de predicar la muerte de Cristo, que Él murió en la cruz por nuestros pecados.

3. No obstante, hemos de recordar que la muerte del Señor es sólo la mitad de las buenas nuevas del evangelio. Después de tres días en el sepulcro, ¡Él resucitó! Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. [1Cor 15.1-4]

4. Dios el Padre lo resucitó y lo exaltó hasta lo sumo. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. [Flp 2.9-11] A. El que no honra al Hijo (el que no se somete al señor de Jesucristo) perecerá en sus pecados (porque Dios resiste al soberbio y sólo da gracia al humildad—al que se arrepiente y se somete). Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían. [Sal 2.12]

B. Él que quiere la salvación, entonces, tiene que someterse al Señor de Jesucristo—si Cristo no es su “Señor”, tampoco es su Salvador.

C. Este asunto es el mero centro de la enseñanza acerca del arrepentimiento. Uno deja de vivir según sus propios deseos y se somete a lo que Dios quiere—se arrepiente y se somete al señorío de Jesucristo. D. Por lo tanto, el señorío de Cristo forma una parte vital de nuestro mensaje en el evangelismo. Nadie será salvo si no dobla su rodilla al Señor Jesucristo, exactamente como no será salvo si no se arrepiente.

5. Hay que tomar en cuenta el testimonio claro de la Escritura acerca de este asunto del señorío de Jesucristo y la salvación. A. En primero lugar, cuando nuestro Señor llegó a este mundo, lo presentaron tal como era anunciando Su señorío.

i. El Salvador que nació es Cristo “el Señor”. Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. [Luc 2.11]

ii. El Salvador es el Señor y el Señor es el Salvador. No se puede separar la salvación en Cristo Jesús de la sumisión a Él como Señor. B. Segundo, los predicadores del Nuevo Testamento anunciaban el señorío de Jesucristo cuando predicaban el evangelio.

i. Cuando Pablo anunciaba el evangelio, predicaba a Jesucristo como Señor (no sólo como “Salvador”). Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. [2Cor 4.3-5]

ii. No hay ni un pasaje en todo el Nuevo Testamento que ofrece a Cristo como muchos lo hacen hoy día: “Confíe en Cristo como su Salvador personal”. Siempre se trata de “Jesucristo como Señor”.

C. Tercero, cuando los creyentes llegaron a Cristo en el Nuevo Testamento, llegaron a Él como su Señor.

i. En el Nuevo Testamento, cuando uno recibió a Jesucristo, no lo recibió como su “Salvador personal” sino como su Señor. Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él. [Col 2.6]

ii. No hay nada en la Biblia que dice que uno tiene que “orar una oración” para “pedirle a Cristo que entrar a su corazón” y así “salvarlo”. En el Nuevo Testamento, la salvación se trata de una “conversión”—uno se convierte de sus malos caminos (se arrepiente) a Dios (pone su fe en Él). Este es el acto de someterse al señorío de Cristo Jesús.

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