IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

¿Quién Pastorea al Pastor

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¿Quién Pastorea al Pastor?

POR JUAN CARLOS ARANDA (VILLA DOMINICO-BS AS-ARGENTINA)

Dice el evangelio de Marcos (6:34) lo siguiente: “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor;…” Todos sabemos que Jesús es el Buen Pastor (Juan 10: 11) y también es el Príncipe de los pastores. Esto lo encontramos en 1 Pedro 5: 4. También sabemos que Jesús “constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4: 11-13). Y en Hebreos 13: 7, el apóstol Pablo nos recomienda: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la Palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta e imitad su fe”.

Nuestros pastores han sido escogidos por Dios como instrumentos de Él para perfeccionarnos y hacernos mejores cristianos, y es casi innecesario destacar su trabajo, porque creo que todos sabemos de la dedicación que tienen estos siervos delante de Dios, de la congregación, de su familia y de sus responsabilidades seculares. 
            
Veamos la labor de estos siervos de Dios en la óptica de algunos creyentes:
“Si es muy joven, le falta experiencia; Si su pelo es canoso, es muy viejo. Si tiene más de” “tres niños, tiene muchos; Si no tiene ninguno, está dando mal ejemplo.”
“Si habla con notas, sus sermones son enlatados y secos. Si habla de improviso, no es” “profundo.”
“Si es atento con los pobres, está tratando de impresionar a la congregación; Si con los” “ricos, está tratando de ser un aristócrata.”
“Si usa muchas ilustraciones, descuida la Biblia; Si no las usa lo suficiente, no se hace” “claro.”
“Si condena el mal, es caprichoso; Si no lo hace, es por conveniencia.”
“Si predica por una hora, es vano y pomposo; Si menos, es haragán.”
“Si predica la verdad, ofende a muchos; Si no, es hipócrita.”
“Si se descuida en agradar a todo el mundo, está hiriendo a la iglesia; Si agrada a todos,” “no tiene convicciones.”
“Si predica acerca de los diezmos, es amante del dinero; Si no, se descuida del desarrollo” “de la gente.”
“Si predica todo el tiempo, la gente se cansa de oír a un mismo hombre; Si invita a” “predicadores visitantes, está esquivando la responsabilidad.”
¡Y todavía dicen que el pastor lleva una vida fácil! (1)

LA SOLEDAD DEL PASTOR
“No es bueno que el hombre esté solo». (Gn 2.18). Al más espiritual de los hombres, que alguna vez vivió (Adán, antes de la caída), a pesar de que caminaba en perfecta comunión con Dios, el Señor lo consideró solitario y esto, para el Creador, no era bueno. Aunque el principio en este contexto se refiere al matrimonio, bien puede aplicarse a cada uno de nosotros en nuestro rol de pastores. Puedo ver mi necesidad de estar con otros pastores con quienes consigo compartir mi vida; y sin ellos no podría experimentar la interdependencia y plenitud que Dios quiere para mí”.
«Al volverme hacia otro lado, vi otra vana ilusión en este mundo: un hombre solo, sin amigos ni hijos ni hermanos» (Ec 4.7–8ª). Yo trabajo largas jornadas y, al final, me encuentro completamente solo. Realmente, no he formado un hijo espiritual, un «Timoteo», tampoco un hermano que sea como un escudo para protegerme y defenderme, y no solo eso, sino que también me ame lo suficiente como para confrontarme cuando sea necesario.
«Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban angustiados y desvalidos, como ovejas que no tienen pastor»(Mt 9.36). Reconozco que los pastores somos ovejas. Cuando no recibimos cuidado pastoral, fácilmente podemos angustiarnos, sentirnos desvalidos y vulnerables. Puedo percibir que el corazón de Cristo sufre por esto. (2)       

Hemos de convenir que los pastores no son perfectos, tampoco su familia y que están expuestos al natural estrés que produce la sobrecarga de responsabilidades en la obra y en su vida secular, incluso algunos se culpan por tomarse algún tiempo con la familia. Deben sonreír y ser amables no importando como sean tratados. Y es cuando llegan a casa que suelen “explotar” o comentar sus sentimientos y/o frustraciones… sobre sus familias. No es importante el éxito obtenido al ayudar a otros a solucionar sus problemas de relación, pues si no pueden solucionar los suyos se sienten que son un fracaso. A esto le agregamos el tiempo de estudio y preparación en la Palabra; antiguamente el día lunes se lo consideraba “el día del pastor” descanso merecido, después del intenso fin de semana en la iglesia, hoy es ocupado en las grandes ciudades como Buenos Aires en reuniones de trabajo y de programación en las obras que sostienen las asambleas.

El estrés ministerial afecta también a la esposa del pastor, si la actividad del siervo del Señor es intensa por ser requerido en diferentes responsabilidades, ella no siempre le puede acompañar, porque hay tareas que son indeclinables,  los niños, la escuela, las tareas de la casa, etc. Y si le acompaña le invade, el sentimiento de culpa por no poder dedicarle el tiempo necesario a sus responsabilidades hogareñas antes mencionadas; otros factores de estrés son los problemas económicos, las criticas de los miembros de la iglesia  y la lista continua.

Los hijos de los pastores no están ajenos al estrés de sus padres los pastores, muchas veces se sienten presionados a vivir de una manera diferente de cómo viven sus amigos de la iglesia, ya que como hijos del pastor sienten la presión de tener que vivir  de acuerdo a la expectativa que tienen de ellos los miembros de la congregación.

Uno de los problemas que vemos a priori es el orgullo (Stg.4:6-10; 1Pe 5:5-9) “Inconscientemente, el pastor piensa que no es una oveja común y corriente, sino que es “diferente y mejor, y que, por lo tanto, no necesita ser pastoreado. Los miembros del “Cuerpo deben vivir sujetos unos a otros y rindiéndose cuentas, pero el pastor piensa que “él no. Miedo, ansiedad y preocupación (1Pe 5.5–9). La mayoría de los pastores temen “que los demás conozcan su vida íntima y que usen erradamente esa información. Muchos “temen, tal vez inconscientemente, que someterse a un cuidado pastoral podría interferir “en su ambición de poder, reputación e influencia. Estos temores son más grandes que su “obediencia a Cristo de vivir la Palabra”. (2)

Otros de los factores que atentan,  con la necesidad de que el pastor sea pastoreado, es que muchas veces no ve su propio sufrimiento ni el que causa a los que lo rodean por no contar con quien cuide de el, ha pasado también que en ocasiones se dio paso o permitido que la combinación del mundo, la carne y Satanás los mantengan aislados, divididos y fracturados.

No es mi propósito en este artículo aconsejar a los que nos presiden en el Señor, pero si como la reflexión de quien habiendo sido reconocido y obedecido el llamado del Señor a este ministerio hace más de 35 años, habiendo vivido y compartido experiencias en la obra del Señor, propia y ajena. Veo la necesidad que los pastores y sus esposas, compartamos mas tiempo juntos, los del gobierno local y también con hermanos ancianos de iglesias vecinas, en especial con los que están al frente de obras pequeñas donde a veces el responsable, por el momento, es uno solo.

Alguno me dirá: bueno eso lo hacemos siempre, nos reunimos, confraternizamos, etc. Mi propuesta es algo distinta, tal vez como idea llamemos por ejemplo a esos encuentros “Pastoreando al Pastor” o de una manera que dé a entender claramente que ese es el propósito de esos encuentros, compartir nuestras cargas, escuchar a los que vivieron experiencias similares, hablar de nuestras flaquezas, debilidades, temores. Encontrar entre nuestros pares quien nos ame lo suficiente como para confrontarnos cuando sea necesario. Seguramente al comienzo nos podrá costar un poco, pero en la medida que vayamos venciendo nuestros miedos y ganándonos la mutua confianza de unos y otros, los progresos se verán inmediatamente.

Al no tener la contención adecuada, el cuidado pastoral de unos y otros, todos sufrimos, la iglesia, la esposa, los hijos, si los lideres sufren, la iglesia sufre, consecuentemente  el mundo sufre.

Satanás teme la unidad saludable de los pastores; él sabe que la presencia de pastores sanos espiritualmente trae como consecuencia iglesias sanas espiritualmente.

Una reflexión para quienes no son pastores

Si su pastor no es quien usted quisiera que fuera, ore por él; tal vez usted desconozca muchas cosas de su vida; no lo juzgue, deje esa tarea a Dios.
Aprecie a su pastor sinceramente; cuando un sermón le agradó, o le tocó su corazón, exprésele su agradecimiento; también por su ministerio. Agradezca a su esposa por el ministerio silencioso que ella ejerce en su hogar; si el pastor es un buen líder, padre y esposo, con seguridad su esposa tiene mucho que ver en esto; no la ignore.

Oremos por los pastores y por sus familias. De esta forma muchos podrán ver en ellos un ejemplo. Agradecemos a Dios por la obra que realizan nuestros pastores, y también por el cuidado, la bondad y la dirección de nuestro Buen Pastor Jesús.

JUAN CARLOS ARANDA sirviendo al Señor como anciano de la ICE de calle Washington 651 de Villa Dominico 
Bs. As. Argentina
http://encuentrame-sipuedes.blogspot.com 
Agosto 7 del 2010-08-07

(1) Tomado de R. & H., Agosto 2, 1956

(2) David Kornfield tiene un doctorado en educación de la Universidad de Chicago. Sépalo miembro del equipo, sirve en los ministerios (MAPI Apoyo Ministerio de Pastores e Iglesias) y revisión (Vidas Restauración, Equipamiento Restauradores). Está casado con Deborah y vive en Sao Paulo.

 

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