IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

LA BENDICIÓN DE DIEZMAR

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La bendición de diezmar

Publicado el 25/02/2012 por Ángel Manuel Hernández Gutiérrez

Artículo fue creado por el Dr. Robert Tillman Kendall, pastor y maestro Bautista, autor de más de 50 libros de tirada exitosa. Graduado de la Universidad Nazarena Trevecca en Nashville, Tennessee (AB, 1970), Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky (Maestría en Divinidad., 1972) y la Universidad de Louisville (MA, 1973) antes de obtener un doctorado en Filosofía (DPhil) en el Parque Regent College , una sala de la Universidad de Oxford . Más tarde, recibió un Doctorado en Divinidad de la Universidad Nazarena Trevecca (1988).

Había un hombre a quien loco le llamaban; cuanto más el daba más poseía.  ( John Buryan )

La Biblia está llena de promesas de bendición sobre la aparente condición de obediencia. Observe cuidadosamente que digo la “aparente condición”. Porque cualquier bendición de Dios es por gracia y está llena de misterio. No podemos estar exactamente seguros de por qué Dios nos bendice. Al final nos vemos encerrados a Su propia gracia y soberana.

La verdad inherente en lo anterior es también cierto a la reciproca. Dios puede retener la bendición, y no podremos decir exactamente por qué. Cuando Dios nos disciplina, ello no es siempre achacable a cualquier pecado en particular. Después de todo, Dios no nos ha tratado conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados (Salmos 103.10).

En otras palabras, tenemos que ser prudentes acerca de dar las razones para bendiciones y para la retención de bendiciones. No deberíamos precipitarnos haciendo declaraciones categóricas que serán imposibles de demostrar. Por ejemplo, sería un error reivindicar la promesa de que ningún diezmador tendrá ningún tipo de problemas financieros. R.T. Williams (la personas por quien recibí yo mi nombre) me contó la historia de un hombre de negocios cristiano que se enriqueció mucho y que daba generosamente a la iglesia. Un trágico giro de circunstancia le dejo sin dinero. Pero cuando estaba reflexionando acerca de su cambio de circunstancias, este hombre de negocio observo que había dado a Dios; esto es algo que el infortunio no puede borrar. Sigo poseyendo los 100.000 dólares a la iglesia, pero añadió: “Gracias a Dios, esto es algo que el infortunio no puede borrar. Sigo poseyendo los 100.000 que di.

Hemos de evitar el error cometido por los “consoladores” de Job, que solo podían pensar de manera “legalista”. Ellos estaban seguros de que el infortunio de Job se debía algún pecado. Los  judíos siempre tuvieron dificultades en comprender el libro de Job, porque se atrincheraron en la posición de que cualquier enfermedad, tragedia, revés financiero o todo acontecimiento negativo, se debía a algún pecado. Para ellos, seguía que la santidad y la obediencia siempre tenían como resultado bendición y prosperidad. El libro de Job debería ser suficiente para hacernos prudentes en nuestros comentarios acerca de la bendición de Dios y del ocultamiento de su rostro. Puede que no tenga la necesidad de razón alguna-solo el beneplácito de Su voluntad soberana.

El apóstol Pablo dijo: “Se vivir en escasez, y se vivir en abundancia; en todo y por todo he aprendido el secreto, lo mismo de estar saciado que de tener hambre, lo mismo de tener abundancia que de padecer necesidad” (Fil 4:12). Si esto era cierto en el caso de Pablo (que era siervo no insignificante de Cristo), podemos suponer de cierto que ninguna cantidad de obediencia – a ningún nivel – garantizara una navegación tranquila en todo tiempo. El Señor “al que ama, disciplina” (He 12:6), y su disciplina ha de encontrar alguna forma. Sea lo que sea que la disciplina pueda comportar por demás, siempre implica el ocultamiento de la faz de Dios. Cuando Dios oculta Su faz, no avisa por adelantado. No dice: el martes por la tarde a las 2:15 veras que he apartado la luz de mi rostro. Las cosas te irán mal. Te sentirás aturdido. Pero no te preocupes. Lo único que pasa es que estaré ocultando Mi rostro de ti. No, Dios no nos avisa por adelantado. Sencillamente, lo hace y lo hace en el “peor” de los momentos. No debería sorprendernos que Dios permita que  un revés o una inseguridad financiera sean el medio de Su disciplina, incluso si hemos estado ofrendando el diezmo. Por que con frecuencia la esencial de la disciplina de dios consiste en el hecho de que no sabemos por qué hace lo que hace. Es cierto que a veces si sabemos la razón. David la supo (2 S 12:14). Jonás la supo (Jon 2:9). Pero a menudo Dios oculta de repente Su rostro, y deja que nos sobrevenga un revés financiero y no sabemos por qué. Sin embargo, si sabemos por qué. Es para probarnos –para ver si le serviremos-, tanto si nos bendice como si no. Job dijo: “Jehová me lo dio, y Jehová me lo quito; sea bendito el nombre de Jehová” (Job 1:21).

La promesa de bendición en la Biblia son frecuentemente dadas en el lenguaje de la acomodación. Dios desciende a nuestro nivel para alentarnos. “Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo” (Sal 103:14). A fin de alentarnos, Dios se acomoda a nosotros a un nivel que nos motive. Es por eso en parte que Pablo nos podía decir que diésemos con alegría. Después de todo, prosigue el, “poderoso es dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Co 9:8). No solo esto; esta exhortación a volverse un dador alegre venia después de estas palabras: “el que siembre escasamente, también segara escasamente y el que siembre generosamente, también segara generosamente” (2 Co 9:6). Estas palabras son suficientemente claras y sus implicaciones son evidentes.

 

Dios se reserva en todo momento el derecho durante nuestro peregrinaje cristiano, a contestar a la pregunta: “¿Acaso teme a Job a Dios de balde? (Job 1:9).

 

¿Son esas unas promesas vanas? No, no lo son. No solo son absolutamente ciertas, sino que han sido probadas una y otra vez por una inmensa compañía de creyentes. Pero como ¿son esas promesas garantías absolutas de que el dador alegre jamás tendrá un revés financiero? No ¿Y por qué no? Porque Dios oculta su rostro para poner a prueba nuestros motivos. De Ezequías se dijo: “Dios lo dejo, para probarle su corazón” (2Cr 32:31). Dios se reserva en todo momento el derecho, durante nuestro peregrinaje cristiano, a contestar a la pregunta: acaso teme Job a Dios de balde? (Job 1:9).

 

Por lo tanto nos haremos un enorme favor si comprobamos cuales son nuestros motivos para diezmar, ya desde el principio. Porque el peligro en este mismo capítulo es que uno se sienta impelido a diezmar por una razón equivocada. Incluso esto podría resultar en que alguien prosperase (porque Dios honra Su palabra). Pero no querría yo animar a nadie a hacerse diezmador por una razón errónea.

 

Detrás de la exhortación de Pablo a nosotros para que seamos dadores alegres subyace no solo la promesa de bendición sino también una protección contra la amargura si Dios nos retuviera la bendición. Si damos con alegría, seremos edificados en la fe hasta el punto de que daremos porque es bueno, no porque aproveche. Damos con alegría porque “Poderoso es Dios”, no debido a una promesa absoluta de obtener prosperidad. Dar alegremente es afirmar el poder y la gloria de Dios. Así, dar alegremente es exhibir un piadoso interés. Un piadoso interés contemplar la más grande gloria de Dios, y por ello la ausencia de bendición no resultara en amargura. Esto es lo atrayente acerca del testimonio del hombre de negocios que hemos mencionado antes: “Gracias a Dios; esto es algo que el infortunio no puede borrar. Sigo poseyendo los 100.000 que di.”

 

Si damos con alegría, seremos edificados en la fe hasta el punto de que daremos porque es bueno, no porque aproveche.

 

El diezmador debería poseer la fe del “y si no”. Esta era la fe de Sadrac, Mesac y Abed-Nego, que rehusaron postrarse delante de la imagen de oro del rey Nabucodonosor. Estaba en peligro de ser echados en el horno de fuego ardiendo. Pero dijeron: “He aquí que nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego encendido; y de tu mano, oh rey, nos librara, Y si no, has de saber oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Dn 3:16-18). La fe del diezmador tiene que ser exactamente así. Nuestro Dios puede bendecirnos, incluso hacernos prosperar abundantemente porque creemos en Su palabra. Y si no lo hace, seguimos sabiendo que “Dios puede”. Mientras tanto, ¡diezmaremos de todo modos! Esto es dar con alegría.

 

No podemos ser demasiado cuidadosos acerca de este principio. Debe haber un interés piadoso subyacente a nuestro diezmo o estaremos preparándonos para un agudo desengaño. Una vez recibí la siguiente carta: “la semana pasada recibí una abrumadora demanda de impuesto que resulta igual a mi diezmo anual. Es pagadera dentro de un mes, o comienza a acumularse un interés del 12%. Si estoy necesitado, ¿no debería dejar de diezmar? Esta persona se preguntaba si ¿deberíamos dejar esperar la parte de la bendición de Dios? Mi respuesta en ambas preguntas es que No. ¿Por qué deberíamos ignorar las claras promesas de la palabra infalible de Dios? ¡Es Él quien puso las promesas ahí, no nosotros! Deberíamos citarlas y apelar a ellas una y otra vez. Pero con el conocimiento de su gloria. Es Su propia prerrogativa ocultar de nosotros su rostro, y frecuentemente escoger el medio de la economía como el único instrumento que nos lleva eficazmente sobre nuestras rodillas.

 

Dios oculta Su rostro de nosotros poniéndonos a través de una dificultad económica       – aunque hayamos estado diezmando- ello es para probarnos si vamos o no a seguir haciendo exactamente como Su palabra nos manda, a dar a Dios lo que es Suyo. En mis archivos tengo historias como esta: “La primera semana que comencé a diezmar se me estropeo el auto, y la reparación me costó cinco veces mi diezmo.” “La primera semana que comencé a diezmar acabe en el hospital.” “estuve diezmando con regularidad durante tres meses y me echaron del trabajo.”

 

Hay una expresión americana: “No des el resultado final en el intermedio de un partido de fútbol.” Esto es lo que los anteriores testimonios hicieron. De todos modos, también se puede ser insensato en sentido opuesto. Oí a un dentista americano dar su testimonio que la misma semana que empezó a diezmar, cobro 1.800 dólares que le debían de hacía tiempo varios pacientes. Esto no es lo que Dios tiene en mente. Es a largo plazo lo que cuenta. La clase de testimonio que tengo en mente es el que fue dicho así: “He estado diezmando durante anos. Hemos tenido altibajos. Pero Dios ha suplido cada necesidad. Dios ha hecho que el 90% fuese más allá que cuando guardábamos el 100% para nosotros mismo.” Es el plazo largo lo que cuenta. “De ningún modo te desamparare, ni te dejare” (He 13:5).

 

Hay algunos textos bíblicos tocante a ofrendar y obtener bendición que demandan que los examinemos. Quizá el más notable sea el de Malaquías 3:10. Algunos podrán objetar a este versículo porque viene dentro del periodo parentético de la Ley. Mi respuesta es: la mayor parte del Antiguo Testamento cae dentro de este periodo. ¿Significa que lo vamos a descartar? Tendríamos que omitir también los Salmos. ¿Y que si Dios quería motivar a su pueblo durante el periodo de la Ley? Solo habría una razón para hacerlo, y es que El los amaba. Que el apóstol Pablo emplee virtualmente el mismo lenguaje en 2 Corintios 9:6-8 es suficiente para arrinconarnos a cualquiera de nosotros y hacemos ver que hay una continuidad entre la promesa de Malaquías y la de Pablo. Aunque Israel estaba bajo la Ley cuando se dio la promesa de Malaquías, ¡no olvidemos que fue el mismo Dios, nuestro Dios, quien la hizo!

 

Malaquías 3:10 dice: “Traed todo el diezmo al granero, para que haya alimento en mi casa; y probadme, si queréis, en esto dice Jehová de los Ejércitos; y veréis si no os abro las ventanas del cielo, y os derramo una bendición tal que no haya donde quepa” (V.M.). Este mandamiento y promesa son dados en el contexto de una severa advertencia a los hijos de Israel. “¿Robara el hombre a Dios? Pues vosotros me robáis. Y decís: ¿En qué te robamos? En vuestros diezmos y ofrendas” (v.8). La razón de que la retención de los diezmo puede ser considerada como un robo a dios debería ser ya bien evidente al lector en este punto. “Todo el diezmo…ya es de Jehová” (Lv 27:30). ¡Lo que Abraham había dado a Melquisedec resulta ser nada más que lo que ya era realmente de Dios!

 

En otras palabras, el diezmo es ya del Señor. El demanda el 10% del aumento o del ingreso ya de entrada. No se trata de que si Dios debiera tenerlo o no; es Suyo – ya. Él lo dice. Pero lo notable es que nos lo deje a nuestro honor el dárselo a Él. El mimos principio subyace en las palabras de Pablo: “Porque habéis sido comprado por precio” (1 Co 6:20). En otras palabras a estos cristianos de Corintio les dijo Pablo que sus cuerpos ya pertenecían a Dios – no meramente por creación, sino por redención, siendo el precio la sangre del propio Hijo de Dios. Así estos corintios pertenecían ya a Dios. No eran dueños de ellos mismos. Y con todo Pablo prosiguió diciéndoles: “Glorificad pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de dios” (1 Co 6:20). Si no glorificaban a Dios de esta manera, arriesgaban dos cosas: 1. La pérdida de su recompensa en el cielo (1 Co3:15), y 2. Sus mismas vidas. “Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios, el cual sois vosotros, es sagrado” (1 Co 3:17). Pablo señalo que entre esos mismo corintios había muchos enfermos y debilitados, “y bastantes duermen” (1 Co 11:30). En otras palabras, Dios se los llevo a casa prematuramente, por así decirlo, por no haber mantenido el derecho de Dios sobre sus cuerpos.

 

El diezmo, aunque es la obediencia de un mandamiento a un nivel distinto, no es cosa diferente a los ojos de dios. Así como el cuerpo es del Señor, así el diezmo es del Señor. Abusar del cuerpo es abusar del templo del Espíritu Santo, y también la retención del diezmo de Dios es robarle de lo que es Suyo. El nos deja a nuestra buena disposición el obedecerle. No hacerlo redunda en nuestro empobrecimiento espiritual, quizás incluso para peligro nuestro. Porque Malaquías proseguía: “Maldito sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me estáis robando” (Mal 3:10). Parece en base de esto que la gente de los tiempos de Malaquías encontraban otra manera de emplear el dinero. Quizás no podían “permitirse” diezmar. Quizás pensaban que el diezmo no importaba tanto. Pero, decía Malaquías “mirad a vuestro alrededor. ¿En que no os habéis dado cuenta? Estáis maldito con maldición. Tenéis problemas como nación ¡Y la razón es que literalmente habéis robado a Dios!”

 

El mensaje de Malaquías  es de lo más idóneo y relevante hoy y no menos agradable. Cada nación debajo del sol en la actualidad parece estar metida en dificultades financieras. Presupuestos desequilibrados, la inflación en alza, un escaso movimiento de caja, altas tasas de desempleo, aturdimiento. Podríamos seguir más y más. La historia es familiar y bien conocida. Lo digo otra vez: la raíz del problema está en el descuido del pueblo profesante de Dios acerca del diezmo. Mientras una nación anda vacilante, como ebria, al borde del precipicio de la desmoralización, la iglesia no ofrece liderazgo. La negligencia acerca del diezmo es indudablemente solo un síntoma de una enfermedad más profunda, y sin embargo no dudo que tenemos a nuestro alcance la oportunidad de invertir la tendencia. Si todo el pueblo de Dios comenzase ahora a dar sus diezmos al granero de Dios, sucederían dos cosas. 1. La iglesia se avivaría y se restauraría la moral tanto el ministerio como a la membrecía de la iglesia. 2. Se restaura la credibilidad a la iglesia, y por ello el mundo (incluyendo el gobierno) se tomaría en serio a la iglesia. Si solo estas dos cosas se diesen, estaría en marcha un factor de no poca importancia: la bendición de Dios. “La justicia engrandece a las naciones; mas el pecado es la vergüenza de los pueblos” (Pr 13:34). Porque cuando la iglesia es fiel a su depósito, Dios se mueve para bendecirla a ella y a todo lo que ella toca. Dios lo hace. Tiene la manera de restaurar la normalidad, incluso de dar prosperidad, desde la nada. Es algo que desafía a toda explicación natural. Pero es así que Dios actúa. Cuando la iglesia es rebelde y desobediente, la nación se encontrara con terribles dificultades. El gobierno puede introducir las más agudas mentes, los economistas más brillantes, los estadísticos más capaces. Pero la atmósfera está impregnada de aturdimiento y de confusión. Solo haced que la iglesia se avenga con Dios, y todo el mundo quedara afectado por ello. El diezmo es solo el comienzo. Pero un comienzo de lo más solido. Está al alcance del pueblo de dios hacer algo acerca de esta cuestión –Ahora mismo.

 

¿Cuál es la solución? Malaquías 3:10 (V.M.): “Traed todo el diezmo al granero, para que haya alimento en mi casa.” En el caso de Israel en aquel tiempo concreto, los diezmos totalizaban más que un mero 10%, porque bajo la Lay había un complejo sistema de diezmos y ofrendas. Había más que el diezmo básico, porque había “diezmos” (cf. RVR77). 1. El diezmo para el sustento de los levitas (Nm 18:20-32; Lv 27:30-32); 2. El segundo diezmo, o diezmo festivo, para proveer a los costos de viaje y alimentos a los adoradores que acudían a las principales fiestas judías (Dt 12:5-19; 14:22-27); y 3. El diezmo caritativo que se daba cada tres años, y que se empleaba para el cuidado de los pobres. Se puede calcular que estos judíos daban al menos el 23 y medio por ciento de sus ingresos.

 

¿Están los cristianos ligados a un diezmo así en la actualidad? No. Este elaborado sistema formaba parte de la ley de Moisés, y es en este punto que podemos ver una notable diferencia entre la Ley y la libertad cristiana. No puede dejar de observarse que en este punto el cristiano tiene una norma inferior. Aunque antes he dicho que la Ley de Cristo es una ley más elevada y difícil de guardar, en este punto no es este caso. Estoy convencido de que la obligación cristiana es un 10% básico de sus ingresos. Para los que puedan diezmar el doble, tanto mejor. Desde luego hay referencia de Malaquías 3:8 a “diezmos y ofrendas”. Hay el diezmo, y hay lo que va mas allá del diezmo “Ofrendas” se refiere desde luego a las colectas tomadas para necesidades específicas aparte de las demandas ordinarias para el funcionamiento regular de la obra de Dios. Cada cristiano debe de estar preparado para dar ofrendas más allá de su diezmo de tanto en tanto. Pero que deba llegar al 23% o más es otra cuestión. En algunos casos será así, en otros no. unos pueden dar más que otros.

 

De esto estoy seguro: Si cada miembro de la iglesia cristiana comienza solo ahora a dar el 10% de sus ingresos anuales –aunque este sea su máximo, se puede predecir con confianza que  “habrá alimento” en la casa de Dios–. El “granero” o “alfolí” es una dignación del Templo de Dios, o de cualquier sinagoga o asamblea local. Era allí donde se podía finalmente “depositar” el diezmo, tras haber sido apartado durante cierto tiempo. Es indudable que Pablo tenía en mente esta práctica: “Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo (separando una cierta cantidad de dinero de acuerdo con vuestro ingresos, y reuniéndola en privado-NVI)” (1Co 16:2).

 

El granero era el depósito, la tesorería. No llevar los diezmos a la casa del tesoro era tomarse a Dios a la ligera. En otras palabras, los hebreos no debían “sacrificar” sus diezmos, como si el dinero pudiese ser consumido. Si hubiese habido algo semejante al papel moneda, no hubiese debido quemarlo. Se trataba de dinero real, de metálico, que debía ser usado, gastado por los que estaban encargados de la obra de Dios. Ellos debían traes dinero –no dinero para ser consumido, sino dinero que se necesitaba. ¿Por qué? ¡Porque Dios necesitaba el dinero! Es una manera de decir: “No tiene otra manos que las nuestras.” El 10% de los ingresos de las personas debían ser depositados en la tesorería de la iglesia, “para que haya alimento en mi casa”. La obra de dios necesita dinero. Cuesta dinero esparcir el mensaje y la misión del Dios Altísimo. Suyos son los animales en los miles de collados, cierto, y toda la tierra y su plenitud pertenece a Dios. Pero sucede que Dios ha pasado Su obra a los hombres. Lo hizo porque quiso. “Agrado a Dios salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación” (1Co 1:21). “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, participan del altar? Así también ordeno el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1Co 9:13-14). Este pasaje sirve virtualmente como el propio comentario de Pablo acerca de Malaquías 3:10. “Para que haya alimento en mi casa.”

 

Este es pues, el principal motivo para diezmar. “Para que haya alimento en mi casa.” El principal motivo para diezmar no es la bendición que obtendremos de la obediencia. El principal motivo es que tenemos celo por la obra de dios, que queremos que crezca y prospere, para que no haya dificultad alguna por falta de fondos. Damos porque sentimos celo. Damos por que creemos el evangelio. Damos porque sabemos que dios ha empleado a hombres apara impulsar Su obra. Diezmar  es según el propósito de Dios.

 

¿Qué hay más triste que un edifico de una iglesia en ruina? ¿Qué es más triste que un ministro del Evangelio que apenas si puede pagar sus recibos? ¿Qué es más triste que unas instalaciones eclesiásticas deterioradas? ¿Qué es más triste que la sensación general de opresión financiera por lo que a la iglesia respecta? Todo esto solo puede suceder porque el pueblo de Dios le ha robado a Dios lo que a Dios pertenece. No es solo deshonroso, sino triste. Todos debemos bajar la cabeza avergonzados cuando consideramos el estado de la iglesia en la actualidad en la mayor parte de lugares. Diezmar es una manera de rectificar esto. Naturalmente, hay otras maneras, pero diezmar es una manera mientras tanto.

 

¿Por qué debería ser diezmador? Para que haya alimento en la casa de Dios. ¿Por qué debería ser diezmador? Porque te interesa. Porque tiene celo por la obra de Dios. Si nadie más en tu congregación es un diezmador, tú debes comenzar a diezmar ahora porque tienes interés en tu relación con Dios. Es Él quien ve lo que haces. Esto es importante. No hay mejor razón para diezmar que esta.

 

En este punto, Malaquías hace una de las más extraordinarias afirmaciones en toda la Sagrada Escritura. Lo que sigue es para mí una de las líneas más notables que conozco. Aquí viene el único lugar de la Biblia en donde se nos dice que probemos a Dios. “Probarme ahora en esto, dice Jehová de los Ejércitos”. Esto es extraordinario. No hay ningún otro pasaje en la palabra de Dios que sugiera probar a Dios. De hecho, la Biblia no hace ningún intento de probarlo. Solo comienza: en el principio Dios” (Gn 1:1). Hay una parte de la Biblia que se llama apologética, trata de la defensa de la fe cristiana y de la Biblia. Muchos grandes teólogos fueron básicamente apologista, como Tomás de Aquino. Tomás paso anos desarrollando las varias pruebas de Dios, como la prueba “cosmológica” de Dios. Su razonamiento es que Dios podía ser probado en base de la naturaleza. Algunos teólogos han hecho otros esfuerzos. Anselmo desarrolló lo que se le llama la prueba “ontológica” de Dios, que uno puede concebir en su mente un ser “que no se puede concebir de otro más grande” –esto es Dios. Podríamos mencionar otras pruebas.

 

Hay innumerables testimonios en cuanto a la bendición que las personas han recibido por el diezmo. Dios honra la obediencia.

 

Pero aquí tenemos la apologética en su mejor aspecto. La apologética de Malaquías. “Probadme, si queréis, en esto.” ¿Quieres probar si Dios existe?  ¿Quieres probar si Dios vive y esta activo?  ¿Quieres probar si Dios sigue haciendo cosas? Hónrale con tus bienes y veras como obra de una manera que excederá a tus mayores expectativas. “Probadme, si queréis, en esto, dice Jehová de los Ejércitos; y veréis si no os abro las ventanas del cielo, y os derramo una bendición tal que no haya donde quepa” (V.M.). Como lo ha expresado A. W. Pink: “Os digo, amigos míos, mi alma que abrumada por la asombrosa condescendencia del Altísimo al ponerse en tal posición. Dios permite que le pongamos a prueba, y el diezmo es un proceso de prueba. El diezmo es un medio por el que podemos probar en el reino de lo material la existencia de Dios y el hecho de Su gobierno sobre todos los asuntos temporales.”

 

Dios no tenía porque añadir esto. Tenía derecho a sencillamente reprender a esos judíos por no darle lo que le pertenecía. Podía haber terminado la discusión con una referencia “maldición”. Pero no lo hizo así. Con una singular bondad y ternura descendió a motivarnos. Condescendió y puso Su propia reputación en la balanza. Por esta razón es que hay innumerable testimonio en cuanto a la bendición que las personas han recibido por el diezmo. Dios honra la obediencia.

 

La aparente condición de tal bendición es la obediencia. Observemos: no se trata de una promesa absoluta. Meremos como la expreso Malaquías. “Probadme,… sino os abro las ventanas del cielo”. En otras palabras, Dios nos desafía. Y sin embargo lo hace de tal manera que queda libre de bendecirnos o de retener la bendición. Tal como lo dice Pablo, “Poderoso es Dios”. No había una total garantía. No, de absoluta, nada. Pero se aproxima muchísimo a ello. Tanto que, francamente, dudo que haya jamás una persona viviente que lamentase de toda una vida o durante un largo periodo de diezmar. La mayoría se sentirán tentados a decir que sus relativas comodidades de la vida y su fiel diezmo están inseparablemente relacionados. Porque es el mismo Dios quien nos alienta a pensar así.

 

¿Qué sugiere Dios que seguirá a nuestro diezmar? Que abrirá las ventanas del cielo. “Veréis si no os abro las ventanas del cielo, y os derramo una bendición tal que no haya donde quepa” (V.M.). Si nos detuviéramos aquí, podríamos limitar la bendición al reino espiritual. Si así fuese, me sentiría muy feliz. Porque preferiría la propia bendición espiritual de Dios mil veces por encima de cualquier beneficio material. Si el diezmo por si solo pudiese atraer una bendición como esa, ¿Cómo podemos dejar de diezmar? Y sin embargo es cierto que, una vez que una persona ve con claridad que ha de diezmar, tiene que ir de una de dos maneras: hacia delante o hacia atrás. Si alguien se aparta de diezmar, una vez ha sido expuesto a ello, predigo que la luz de su alma se debilitara, si es que no se entenebrece. Pero si anda en la luz, el resultado primario será una liberación espiritual desde el interior. No solo se sentirá bien en tu interior, ¡sino que observara una nueva sensación de libertad, un nuevo resplandor en la vida cristiana, una apreciación renovada en el estudio de la palabra de Dios, y será más fácil compartir la vida contigo! Te lo prometo.

 

Pero Malaquías parece significar más que una bendición espiritual. “Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni de vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos” (Mal 3:11). Esta es una clara indicación de prosperidad, no meramente a un nivel espiritual, sino también material. Lo que eran cosechas o frutos para aquellos hebreos viviendo en los tiempos de Malaquías seria otra cosa en la actualidad –ventas para el vendedor, negocios para el negociante, una clara inteligencia para el intelectual, “buenas ganancias” para el inversor, una feliz cosecha para el granjero, puertas abiertas para quien ha de expandirse, subida de sueldo para el oficinista, las secretaria, la enfermera, el policía, el camionero, el obrero de la fábrica, o la mera ausencia de problemas. No puede dudarse que Malaquías nos alienta a creer que si verdaderamente damos a Dios lo Suyo honrándole con nuestros bienes, que El a Su vez hará cosas por nosotros que se podrán ver y sentir de manera visible a un nivel material o natural. “Reprenderé también por vosotros al devorador” (Mal 3:11). Esta es la misma promesa de Dios.

 

Esta palabra de promesa no es exclusiva de Malaquías, como hemos visto. El apóstol Pablo toma la misma línea. De hecho, la Biblia está llena de promesas similares. “Honra a Jehová con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia y tus lagares rebosaran de mosto” (Pr 3:9-10). “Dad, y se os dará; una medida buena, apretada, remecida y rebosante os pondrán en el regazo. Porque con la misma medida con que medís, os volveré a medir” (Lc 6:38). “Hay quienes reparten, y les es añadido mas; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza” (Pr 11:24). Tal como lo sumarizó John Bunyan: Había un hombre a quien loco le llamaban; cuanto más el daba más poseía.

 

“El alma generosa será prosperada; y el que saciare, el también será saciado” (Pr 11:25). “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segara escasamente, y el que siembra generosamente, también segara generosamente” (Co 9:6). No puede sorprendernos, por lo tanto, que nuestro Señor diera Su sanción a la fiel practica de diezmar. Era una afirmación de Abraham, Jacob, Moisés y Malaquías en una línea: “Esto era necesario hacer; sin dejar de hacer aquello” (Mt 23:23).

 

El diezmo, en realidad, es un deber cristiano. Realmente nos viene bajo recapitulación de nuestro Señor en Lucas 17:10 “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lc 17:10). Y sin embargo, Dios se deleita en mostrarnos que El se agrada de nosotros. Es como si no pudiese esconder Su propio agrado de nosotros. Y así, ¿Qué es lo que hace? Lo ha mostrado tantas veces y durante tanto tiempo que nadie sabe quien dijo primero este dicho: No puedes superar al Señor.

 

Dr. Robert Tillman Kendall

 

Graduado de la Universidad Nazarena Trevecca en Nashville, Tennessee (AB, 1970), Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky (Maestría en Divinidad., 1972) y la Universidad de Louisville (MA, 1973) antes de obtener un doctorado en Filosofía (DPhil) en el Parque Regent College , una sala de la Universidad de Oxford . Más tarde, recibió un Doctorado en Divinidad de la Universidad Nazarena Trevecca (1988).

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