IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

EN LA LÍNEA DE BATALLA

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1ª Samuel 17

INTRODUCCIÓN

Todos enfrentamos luchas, desafíos, amenazas por parte del enemigo, situaciones de temor, provocaciones, tentaciones. Problemas en la familia, en la salud, en la economía.

En el mundo sufriréis aflicción, decía Jesús. Pero la pregunta es ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde estás posicionado? ¿Dónde estás poniendo tu mirada? ¿En el problema, en el gigante, en ti, o en Dios?

El pueblo de Israel enfrentaba una gran lucha, una batalla. Un enfrentamiento que los haría dudar, titubear, tambalear, temer y correr. Su error, es el mismo que cometemos hoy muchos cristianos. Veamos.

SAÚL Y EL EJÉRCITO

¿Quién era Saúl? Significado: Pedido.

1ª Samuel 9:2 era hijo de un hombre valeroso, influyente, respetado llamado Cis.

Saúl: Era  joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.

NTV y NVI: El más apuesto en Israel, y tan alto que nadie le llegaba a los hombros.

(Teniendo en cuenta que se le menciona como el único hijo, posiblemente su madre era estéril o tenía dificultades para tener un hijo y lo pidieron a Dios, por eso le pusieron Saúl).

  • Fue ungido por rey de Israel por Samuel en 1 Samuel 10:1
  • Fue lleno del Espíritu Santo, mudado en un nuevo hombre (transformado en una persona diferente, o una nueva persona. NTV-NVI).
  • Fue un guerrero que llevó a Israel a varias victorias.
  • Un hombre experimentado en la batalla.

¿Quién era el ejército de Israel?

Según 1 Samuel 11:8 fueron contados 330.000 hombres entre Israel y Judá que peleaban a favor de Saúl.

Casi seis veces toda la gente de Cuenca contando niños jóvenes ancianos y mujeres.

Un ejército como toda la ciudad de Alicante o Córdoba o como dos veces Alcorcón.

Gente que había sido preparada para la batalla, que ya habían experimentado la guerra.

Ellos sabían que eran el ejército de Israel. Que Dios estaba con ellos. Que Dios ya los había librado de otras batallas. Sabían de cómo Dios había librado a Israel de Egipto. Cómo Dios había introducido a Israel en la Tierra prometida. Conocieron las historias de Gedeón, de Sansón, de Débora o Jefté, los Jueces de Israel.

Sabían que eran numerosos.

Pero estaban en el Orden de Batalla, a una distancia de seguridad, durante 40 días, sólo gritando, alardeando, siendo provocados, ridiculizados, tentados, y también atemorizados.

A pesar de saber quiénes eran, cuantos eran y quien era su Dios, dice que estaban:

Turbados: lo cual significa: postrarse, ser derribado por violencia, temor o confusión. Acobardarse, amedrentarse, asustarse, desmayar, espantar, ser intimidados, quebrantados, quebrados o resquebrajados.

Pero además de esto, también dice que tuvieron gran miedo: lo cual significa que temieron, se asustaron, se espantaron y se amedrentaron.

Esto les hacía quedarse en el orden de batalla, a una distancia de seguridad, escuchando durante 40 días las mentiras, amenazas y blasfemias del enemigo.

Como los 40 años que pasó Israel en el desierto siendo probado, como los 40 días que pasó Jesús siendo tentado por satanás.

Esto me recuerda una similitud con nosotros.

Sabemos que Dios está con nosotros. Que Él es nuestro Dios. Que mayor es el que está con nosotros, que más son los que están con nosotros. Sabemos de todas las luchas y batallas de las que Dios nos ha librado y sacado en victoria.

Pero en muchas ocasiones, en lugar de enfrentarnos al enemigo con toda la confianza de quienes somos y quien es Dios, nos quedamos en el orden de batalla, siendo quebrantados, espantados, atemorizados, ridiculizados por el enemigo y sus amenazas.

Llenos de temor, de turbación o confusión preguntándonos porqué esta situación, porque, porque porque.

Estamos, el orden de batalla, mirando, observando, escuchando, preguntándonos, temiendo, dudando, a veces orando y en muchas ocasiones llorando o retrocediendo o huyendo.

GOLIAT

Era un paladín: Oficial del palacio. Un caballero o guerrero que en la guerra se distinguía por sus hazañas valientes y nobles.

Su nombre significaba: Galá: Exilio, desterrado o desnudo.

Su estatura: casi tres metros.

V.8) Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí.

Estaba alardeándose de que él era sólo uno y ellos miles, pero que ninguno tenía el valor para enfrentarle. ¿Por qué os habéis puesto en orden de batalla?

Representa: nuestros gigantes, nuestros miedos, nuestras tentaciones, nuestras luchas. Aquello que tememos enfrentar. ¿Cuántas veces lo hemos hecho y hemos perdido? Y acabamos conformándonos.

En orden de batalla, todos juntos, a una distancia de seguridad. Todos gritaban, se hacían los valientes, pero en el orden de batalla.

v.9)  Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.

2ª  Pedro 2:19 Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.

Romanos 6:16 ¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia.

Mientras nosotros seguimos en nuestra zona de seguridad, parados, sin hacer nada, con miedo, dudas, paralizados, heridos, turbados, preguntándonos que hacer, el enemigo ha dado un paso más, ha cruzado la línea de batalla, ha salido de su orden de batalla, se ha acercado, se ha decidido a atacar.

Goliat se había parado frente a ellos dando voces, atemorizándolos, provocándolos, causándoles temor, miedo, cobardía, falta de fe, de valor.

11) Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.

¿Cuántos han oído las amenazas del enemigo?

Nehemías 4:4 Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio.

  • El enemigo amenaza con enfermedades, con situaciones familiares, divisiones, crisis, pérdidas, con ataques. Pero la mayoría permanecemos, en el Orden de Batalla, sólo oyendo, siendo menospreciados, acongojados, turbados, robados.

DAVID

12) Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá…

¿Quién era ese tal David? Anteriormente a esto lo que la Biblia nos dice de David era que tenía tan poca importancia que cuando Isaí juntó a todos sus hijos para recibir al Profeta de Dios Samuel, David no fue llamado. Fue tenido en poco o nada.

Que era el menor, el pastor, el que cuidaba las ovejas, el que hacía los recados. El dulce cantor de Israel.

Su nombre: Amante, amoroso o muy amado.

Procedencia: Belén: Casa de Pan. Pequeña para estar entre las familias de Judá, pero de ahí saldría en Salvador.

Belén, el lugar donde Noemí y Rut fueron redimidas por el Redentor (Booz).

v.14) David era el menor. Como Belén. Como Gedeón.

¿Qué diferencia había entre David y Saúl y todo el ejército?

  • David era sólo un muchacho, Saúl era un rey, un guerrero y sus soldados eral miles de guerreros experimentados.
  • Saúl y su gran ejército sólo hacían día tras día estar en el orden de batalla, escuchando las amenazas, siendo provocados, tentados, atemorizados, ridiculizados. Sin hacer nada, sin saber cómo responder, como actuar.
  • Pero David sólo tuvo que escuchar una sola vez las amenazas de Goliat, del enemigo, del gigante: v.23) Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín que se ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó David. (24) Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor. (25) Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? Él se adelanta para provocar a Israel.
  • David tenía una manera diferente de ver la situación: ¿Quién es este filisteo incircunciso para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?

Hasta ahora, el pueblo había visto al enemigo, al gigante, la amenaza, el problema.

Pero David veía al Dios viviente.

40 días siendo provocados, amenazados, retados, y nadie tuvo el valor de enfrentarse el gigante, pero David: v.32)  dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo.

No desmayes: nafál: no caigas, no aceptes sus amenazas, sus mentiras, su provocación. No caigas en el error de escucharle y mucho menos de creerle.

Fue el error de Adán y Eva, escucharon al enemigo, le creyeron.

Pero no fue el error de Jesús cuando fue tentado: Apártate de mí satanás le dijo en el desierto (Mt 4:10), y apártate de mi satanás le dijo a Pedro cuando estaba siendo usado por satanás (Mt 16:23).

Tu siervo irá, nadie quiere hacerlo, pero yo lo haré. Nadie se atreve, pero yo sí. Necesitamos más hombres y mujeres como David, con la mirada no en el gigante, no en el problema, en la amenaza, en el diablo, sino en el Dios viviente, el Dios de los escuadrones de Israel.

Tu siervo irá, y peleará: lakjám: una palabra usada 175 veces en el A.T., la mayoría de veces para referirse a peleas, ataques o guerras, pero que también significa: alimentar, consumir o comer como en Salmo 141:4, Pr 9:5; 23:1 y 6 donde habla de comer o como en Deut 32:4 donde habla de devorar.

Lo que esto me habla es que lo que realmente David estaba diciendo a Saúl era: No desmaye tu corazón, no caigas, no aceptes lo que el enemigo dice. Tu siervo irá, peleará, se comerá o devorará a ese filisteo de casi tres metros.

Esto me recuerda las palabras de Josué y Caleb cuando fueron enviados a espiar la tierra y vieron los gigantes. Unos hablaban y decían es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos. (Num 13:32-33).

Pero Josué y Caleb vieron lo mismo, los mismos gigantes, las mismas amenazas, pero sus palabras fueron diferentes: ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan. (Num 14:9).

1ª Samuel 17:37  Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo.

Cuan fácilmente nos olvidamos de todas las dificultades de las que el Señor nos ha librado en otras ocasiones. Con razón el salmista decía:

Salmo 103:1-6 Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. (2) Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. (3) Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; (4) El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; (5) El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila. (6) Jehová es el que hace justicia…

Necesitamos recordar de nuevo las palabras de Sadrac, Mesac y Abed-Nego: He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Daniel 3:17

Sal 34:19  Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová.

Los versículos 42-44 de 1 Samuel 17 nos habla de las amenazas, las provocaciones y el menosprecio de Goliat hacia David. Palabras que durante más de 40 días hicieron temer a todo un ejército desprovisto de valentía, de identidad y de fe.

Pero las amenazas que hacer temer, huir o retroceder a muchos cristianos, no tienen el mismo efecto con las personas que son como David: (45) Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. (46)  Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. (47) Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.

1Sa 17:48  Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo.

 El pueblo, el ejército, el rey, durante 40 días estuvo en el Orden de batalla, en la zona de seguridad, sin hacer nada más que gritar, temer y ser amenazados.

Pero David salió, avanzó del orden de batalla para ir a la línea de batalla, porque sabía quién era él, porque sabía quién era Dios y porque su mirada no estaba en la estatura de su gigante, sino en la grandeza de su Dios.

CONCLUSIÓN

O eres de los que están en el orden de batalla, recibiendo amenazas, siendo amedrentados, confundidos, turbados, ridiculizados, ofendidos y atacados. O eres de los que corren hacia la línea de batalla para hacer frente al gigante.

En el orden de batalla uno acaba acostumbrándose, día tras día, 10, 20, 40, como el ejército de Saúl.

Pero en la línea de batalla se decide quién eres, quien es Dios y quien es el que pelea por ti.

El ejército, eran muchos, pero sin hacer nada. Hombres y mujeres como David, son pocos, pero marcan la diferencia, se enfrentan, van, pelean y ganan la batalla. Porque saben que mayo es el que está con ellos que el que está contra ellos.

Porque saben que Cristo ya venció, ya despojó a los principados, ya los exhibió públicamente, ya triunfó sobre ellos, ya anuló el acta, los decretos.

Pero a pesar de eso, muchos siguen en el orden de batalla, sin hacer nada, sin comprometerse, sin avanzar, sin luchar, siendo vituperados, lamiéndose las heridas y auto consolándose unos a otros.

Sal del orden de batalla, de la comodidad, del temor, del fracaso, de las mentiras del diablo, levántate, ve, enfréntate, pelea y gana la batalla, vence a tu gigante y demuéstrale a él, y la gente que Dios es el que pelea por ti y que no es por fuerza o por ejército sino con el Santo Espíritu.

Pelea por tu salud, por tu familia, por tu situación, por tus hijos, pero en la línea de batalla.

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