IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

¿ENTRARAS AL REINO DE DIOS?

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Si nos hicieran esta pregunta ¿Entraras al Reino de Dios? Enseguida diríamos que si utilizando nuestra propia regla de medir. Pero debemos recordar que no será en base a nuestra manera de medir sino la de Dios. ¿Entraras? Examinemos lo que dice Pablo.

La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, que es precisamente lo contrario de lo que quiere el Espíritu. Y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa. Estas dos fuerzas luchan constantemente entre sí, entonces ustedes no son libres para llevar a cabo sus buenas intenciones, Cuando ustedes siguen los deseos de la naturaleza pecaminosa, los resultados son más que claros: inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, envidia, borracheras, fiestas desenfrenadas y otros pecados parecidos. Permítanme repetirles lo que les dije antes: cualquiera que lleve esa clase de vida no heredará el reino de Dios.

Gálatas 5:17‭, ‬19‭-‬21 NTV

http://bible.com/127/gal.5.17-21.NTV

Las palabras del apóstol Pablo son contundentes y no hay forma de malinterpretarlas. Dicen lo que dicen. Cualquiera que lleve, que practique esa clase de Vida no Heredará el Reino de Dios. No irá al cielo. Pero no por ser más merecedor o no sino porque una persona que vive y práctica cualquiera de los pecados descritos en Galatas 5 es una persona que está manifestando claramente que no ha nacido de nuevo y por lo tanto no muestra el Fruto del Espíritu sino lo contrario.

Deberíamos examinarnos y tratar con temor de Dios nuestra salvación y la conducta que estamos llevando hacia los demás pues en varias porciones de la Biblia como en Primera de Juan, nos muestra que es una vara de medir utilizada por Dios. La conducta hacia nuestros semejantes habla de nuestra relación con Dios.

Basta ya de juicios. Basta ya de pleitos. Basta ya de soberbia que demuestran una falta de madurez. ¿Juzgó? Pida perdón. ¿Hizo daño? Reconozcalo y solucionelo. ¿No le gusta algo? Hablelo con un espíritu de armonía. Pero no es posible permitirnos ya a estas alturas seguir jugando a ser cristianos haciendo daño a los demás y lo que es peor, a la Iglesia de Dios. Es tiempo de madurar.

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