IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

2º FUNERAL CANCELADO

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INTERRUMPIÓ EL FUNERAL DE LA HIJA DE JAIRO

Marcos 5:35 Mientras él todavía hablaba con ella, llegaron mensajeros de la casa de Jairo, el líder de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija está muerta. Ya no tiene sentido molestar al Maestro».

Este era justo el momento donde todo se derrumbaba, la fe de Jairo que había permanecido colgando de un hilo terminaba rompiéndose. Nadie quiere escuchar estas palabras: Tu hija está muerta. Para un judío era el momento gritar, de rasgarse la ropa y echar polvo sobre su cabeza, pero antes de que Jairo pudiera hacer nada de esto, Jesús intervino.

(36) Pero Jesús, oyó lo que decían y le dijo a Jairo: «No tengas miedo. Sólo ten fe».

Jesús le retó y animó a no hacer lo que por costumbre debía hacer. Arruinó siglos de tradición, interrumpió el duelo que en ese momento debía iniciarse. ¿Quién era Jesús para hacer algo así? El único que podía reclamar el temor y dar a cambio un poco de fe.

(37) Jesús detuvo a la multitud y no dejó que nadie fuera con él excepto Pedro, Santiago y Juan (el hermano de Santiago). (38) Cuando llegaron a la casa del líder de la sinagoga, Jesús vio el alboroto y que había muchos llantos y lamentos.

Imagino cómo sería para Jairo el camino de regreso hasta llegar a su casa. La mente no le pararía, los pensamientos de temor, dudas, incertidumbre querían llenar su mente. Por otro lado Jesús le había dicho que no temiera ¿Tendría Jesús tal autoridad como para estar tan seguro?

Al llegar encontraron una escena dentro de la normalidad y la costumbre: Gente alborotada, llorando, gimiendo, lamentando.

(39) Entró y preguntó: «¿Por qué tanto alboroto y llanto? La niña no está muerta; sólo duerme».

La pregunta de Jesús hubiera sido una total falta de respeto y deshonra para la familia. Jesús, una vez más procuró arruinar aquel funeral. Interrumpió el lamento, el lloro, la agonía. La gente debe llorar cuando alguien muere, pero no cuando alguien duerme.

(40) La gente se rió de él. Pero él hizo que todos salieran y llevó al padre y a la madre de la muchacha y a sus tres discípulos a la habitación donde estaba la niña.

El lamento de la gente se convirtió en burlas y menosprecio, quizás para algunos en ira. Imagino a la madre entre sollozos perpleja mirando a su marido y preguntándose ¿Qué está sucediendo aquí?

(41) La tomó de la mano y le dijo: «Talita cum» (que significa «¡niña, levántate!»). (42) Y la niña, que tenía doce años, ¡enseguida se puso de pie y caminó! Los presentes quedaron conmovidos y totalmente asombrados. (43) Jesús dio órdenes estrictas de que no le dijeran a nadie lo que había sucedido y entonces les dijo que le dieran de comer a la niña.

Una vez más, Jesús tocó el cadáver de una persona arriesgándose a quedar impuro, pero lo que para otros estaba muerto, Jesús lo veía vivo como dice Ro 4:17 el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.

Una vez más, vemos al Autor de la Vida hablando a lo que estaba muerto y poniendo en funcionamiento el poder de la Palabra: Talita Cumi: Levántate. Y la que estaba muerta se puso en pie y comenzó a caminar. Jesús lo volvió a hacer, arruinó un funeral, cambió un momento de profundo dolor en celebración arrebatando un alma a la muerte.

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