IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

3º FUNERAL CANCELADO

Deja un comentario

CejXGEoWAAU10w7

INTERRUMPIÓ EL FUNERAL DE LÁZARO

Por tercera vez (no sé si cronológicamente) Jesús apareció en un funeral, pero este era un tanto especial pues se trataba de alguien no sólo amado con el amor que Jesús tiene por todos, sino con un afecto especial ocasionado por la amistad con Lázaro. (11:3)

Teniendo en cuenta de que Jesús era alguien cercano a la familia y que tan sólo estaba a tres kilómetros de Betania el hecho de que Jesús no apareciera hasta el cuarto día del duelo pudo ser una completa deshonra para Marta y María (desde el punto de vista humano y de la tradición).

Debió ser durísimo para Marta y María ver como la esperanza de que Jesús apareciera mientras Lázaro estaba enfermo se desvanecía y Lázaro ante la impotencia familiar, moría.

El duelo comenzó, los lamentos, el lloro, el desgarre de las vestiduras. La incertidumbre, el dolor e incluso el resentimiento aumentarían día tras día al ver que Jesús no solo no vino para sanarlo sino que ni aún al funeral se presentó.

Marta y María, como buenas judías creyentes conservarían la esperanza durante los tres primeros días del duelo pues existía la creencia de que un muerto podía resucitar en los primeros tres días, pero no después. Pero imagino la impotencia, la falta de respuesta, la incertidumbre que pasaría por sus mentes al ver como ese tercer día con una posible esperanza se desvanecía dando lugar a mayor dolor, mayor resentimiento y lamento.

Juan 11:20 Cuando Marta se enteró de que Jesús estaba por llegar, salió a su encuentro, pero María se quedó en la casa. 21 Marta le dijo a Jesús: —Señor, si tan sólo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Pero, aun ahora, yo sé que Dios te dará todo lo que pidas.

María quien era la que se deleitaba a los pies de Jesús estaría tan confundida y desolada que no hizo ningún esfuerzo por salir a encontrarse con Jesús. Marta la afanada y turbada, la que tenía los pies en la tierra salió a reprocharle. Aún así, conservaba algo de fe, pero en una esperanza futura.

23 Jesús le dijo: —Tu hermano resucitará. 24 —Es cierto —respondió Marta—, resucitará cuando resuciten todos, en el día final. 25 Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. 26 Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta? 27 —Sí, Señor —le dijo ella —. Siempre he creído que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que ha venido de Dios al mundo.

La conversación de Jesús con Marta estaba en dos niveles distintos como en el caso de la Mujer Samaritana. Jesús hablaba de esperanza futura pero también presente, pero para Marta sólo había esperanza futura.

28 Luego Marta regresó adonde estaba María y los que se lamentaban. La llamó aparte y le dijo: «El Maestro está aquí y quiere verte». 29 Entonces María salió enseguida a su encuentro. 30 Jesús todavía estaba fuera de la aldea, en el lugar donde se había encontrado con Marta. 31 Cuando los que estaban en la casa consolando a María la vieron salir con tanta prisa, creyeron que iba a la tumba de Lázaro a llorar. Así que la siguieron. 32 Cuando María llegó y vio a Jesús, cayó a sus pies y dijo: —Señor, si tan sólo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Aquí encontramos la normalidad de un funeral, los lamentos de amigos y familiares. Cuando María se encontró con Jesús cayendo al suelo expresó lo que su mente estuvo cultivando durante esos cuatro días: ¿Dónde estabas Jesús? ¿Por qué no apareciste? ¿Por qué no hubo respuesta? Si de verdad te hubiera importado… mi hermano no habría muerto.

 33 Cuando Jesús la vio llorando y vio que los demás se lamentaban con ella, se enojó en su interior y se conmovió profundamente.

¿Por qué se enojó Jesús? ¿Era debido a los que lamentaban con María? ¿Se debía a la hipocresía de ellos, a los lamentos tradicionales pero poco sinceros? ¿O quizás estaba enojado con el pecado y la propia muerte?

34 —¿Dónde lo pusieron? —les preguntó. Ellos le dijeron: —Señor, ven a verlo. 35 Entonces Jesús lloró. 36 Las personas que estaban cerca dijeron: «¡Miren cuánto lo amaba!». 37 Pero otros decían: «Este hombre sanó a un ciego. ¿Acaso no podía impedir que Lázaro muriera?».

Jesús no respondió nada a la queja de María, pero sí preguntó a los que lamentaban donde habían puesto a Lázaro. Jesús era Omnisciente y ya sabía dónde estaba Lázaro, pero por alguna razón, quizás como Dios con Adán y Eva, quería hacerles reflexionar.

La conmoción de Jesús ante la situación hizo resaltar las diferentes opiniones de asombro, de rechazo y resentimiento de la gente.

38 Jesús todavía estaba enojado cuando llegó a la tumba, una cueva con una piedra que tapaba la entrada. 39 «Corran la piedra a un lado» —les dijo Jesús. Pero Marta, la hermana del muerto, protestó: —Señor, hace cuatro días que murió. Debe de haber un olor espantoso.

La protesta de Marta ante la petición de Jesús era normal. Jesús, dejemos que el duelo continúe su curso. Ya no se puede hacer nada. Es hora de aceptarlo. No sólo no vienes cuando aún había esperanza, sino que te pierdes el funeral y además a mitad del duelo quieres profanar la tumba.

40 Jesús respondió: —¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?

El verso 38 dice que Jesús continuaba enojado, así que imagino la contundencia con la que Jesús respondería a Marta quien era considerada como una mujer afanada y turbada. Una mujer que demostró conocer las Escrituras, la Teología y las promesas pero que carecía de suficiente fe y visión para darse cuenta de que el Dador de la Vida estaba allí. No sabemos si fue la esperanza en las palabras de Jesús o la contundencia con la que habló lo que hizo que Marta accediera a quitar la piedra.

41 Así que corrieron la piedra a un lado. Entonces Jesús miró al cielo y dijo: «Padre, gracias por haberme oído. 42 Tú siempre me oyes, pero lo dije en voz alta por el bien de toda esta gente que está aquí, para que crean que tú me enviaste». 43 Entonces Jesús gritó: «¡Lázaro, sal de ahí!». 44 Y el muerto salió de la tumba con las manos y los pies envueltos con vendas de entierro y la cabeza enrollada en un lienzo. Jesús les dijo: «¡Quítenle las vendas y déjenlo ir!». 45 Al ver lo que sucedió, muchos de los que estaban con María creyeron en Jesús.

La escena debió ser impresionante: El hedor saliendo del sepulcro mezclándose con los lamentos de unos, el enojo y el desconcierto de otros. De repente Jesús comienza a hablar con su Padre. Después comienza a gritarle al muerto de cuatro días que huele a descomposición. El poder de la Palabra, del Verbo hecho Carne comienza a retar al poder de la muerte, Jesús ordena a la muerte que retroceda y deje salir a Lázaro.

El verso 44 dice que el muerto salió atado de manos y pies como había sido embalsamado. Y con una total autoridad y contundencia desafiando a los incrédulos, a los que lamentaban, a la propia Marta ordenó quitarle las vendas y dejarlo ir.

Jesús lo volvió a hacer, arruinó un funeral de la manera más espectacular.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s