IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

EL IDIOMA DEL REINO

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INTRODUCCIÓN

Según la revista Muy Interesante: Aunque es imposible dar una cifra exacta -ni siquiera aproximada-, se calcula que en el mundo se hablan en la actualidad entre 3.000 y 5.000 lenguas. Entre los idiomas más extendidos están el chino mandarín, usado por 900 millones de personas; el inglés, con 470 millones de hablantes; el hindi, hablado por más de 420 millones de personas; el español, utilizado por 360 millones; y el ruso, con casi 300 millones de hablantes.

Se estima que en África se hablan más de 1.500 lenguas diferentes. Hay casos singulares como el de Camerún, un país con 12 millones de habitantes en el que se hablan nada menos que 270 idiomas, o Nigeria, donde se han registrado casi 450. Pero la palma se la lleva Papúa Nueva Guinea, cuyos habitantes se comunican, atención, en ¡850 lenguas diferentes! Toda una torre de Babel.

Entre las amenazadas, que son casi el 90 por 100 de las existentes, las hay tan sugestivas como el cayapa, en Ecuador, con algo menos de 5.000 hablantes; el walmajari, que sólo hablan 1.000 seres humanos en el mundo; y el zuñi, en Norteamérica, con 6.000 usuarios. Hay también casos más graves, como el miwok, un idioma indio que únicamente hablan 4 personas; o el yidiny, en Australia, con poco más de una docena de hablantes. Respecto del kamas, una lengua que se hablaba en los Urales, se da prácticamente por desaparecida, porque es más que probable que haya muerto el último hablante del que se tenía noticia, un anciano que tenía 92 años en 1987.

Como cualquier otro país, ciudad o Reino, el Reino de los Cielos tiene su propio Idioma, el Idioma de la Fe, el Vocabulario del Reino de los Cielos. Un idioma también amenazado por las circunstancias, la falta de fe, la dura realidad del día a día, del no entender muchas cosas. Amenazado por las pruebas, por la falta de respuestas o por una falta de entendimiento de quién es Dios y de su Voluntad.

Hoy me gustaría enseñarte sobre el Idioma del Reino de los Cielos.

Hay que ser ciudadano de los Cielos para poder hablar este idioma:

– Nacer de Nuevo a través de una relación restaurada con Dios por medio de Cristo (Jn. 1:12; 3:3,5,8; 1 Juan 3:1)

Jn 17:16  No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Flp 3:20  Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

 Heb 11:13  Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

 Hay que ser ciudadano del los Cielos para poder (no sólo hablarlo) sino también entenderlo:

 1Co 2:14  Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente

Riesgos:

– Lo más habitual es adoptar el idioma del país donde uno vive y los que somos ciudadanos del cielo corremos el riesgo de adoptar el idioma o vocabulario de este mundo.

– Por la falta de uso, corremos el peligro de perder el idioma del Reino, de dejar de hablarlo hasta el punto en el que cuando otros cristianos nos hablan, no llegamos a entender, se hace difícil la comprensión.

¿Cuál es el idioma del Reino de los Cielos?

  1. Es el idioma de la Fe, el que se hablaba en el Antiguo Testamento:

Abraham: Fue el idioma de la fe, del Reino de los Cielos el que Dios usó para hablar con Abraham cuando le dijo: Te he puesto por padre de muchas gentes (Ro 4:17). Y fue el mismo lenguaje de la Fe que Abraham tuvo que hablar para creer en esperanza contra esperanza y llegar a ser padre de muchas gentes (Ro 4:18). Fue el idioma que Abraham tuvo que hablar para no debilitarse en la fe y considerar su cuerpo ya como muerto, fue el idioma que tuvo que hablar para fortalecerse en fe dando gloria a Dios. Fue el idioma que tuvo que hablar para no considerar la esterilidad de Sara con 90 años de edad. Y fue el idioma de la fe el que tuvo que poner en práctica para estar plenamente convencido de que Dios era poderoso para hacer todo lo que se le había prometido (Ro 4:19-20).

José: tuvo que hablar el idioma de la fe cuando se vio de camino a Egipto vendido por sus hermanos, o cuando fue encarcelado por dos años acusado de violación, porque sino no hay otra manera de entender que permaneciera íntegro y Dios continuara estando con él en cada situación.

Moisés: tuvo que hablar el vocabulario de la fe cuando se vio rodeado por las montañas, el ejército de Faraón y el Mar Rojo y dijo al pueblo las palabras: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos (Ex 14:13-14).

Josué: Tuvo que hablar el Lenguaje de la fe al declarar que las murallas de Jericó caerían con tan sólo dar unas cuantas vueltas y gritar (Jos 6).

Josafat tuvo que hablar el lenguaje de la fe para hacer creer al pueblo que ganarían la batalla contra los ejércitos de Moab y Amón tan sólo adorando a Dios (2 Cr 20:21-22).

Jonatán habló el lenguaje de la fe al decirle a su escudero Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.” (1 S 14:6).

La Realidad era completamente abrumadora. Las circunstancias eran las peores teniendo en cuenta que lucharían dos hombres contra  treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; (1 S 13:5).

El vocabulario natural gritaba: ¡¡Los soldados de Israel se están escondiendo en cuevas, rocas y cisternas!! ¡¡Otros están huyendo a Gad y Galaad!! ¡¡Samuel, el profeta no llega!! ¡¡ El pueblo está desertando, no hay más que dos espadas en todo el reino de Israel y para empeorar las cosas, el Rey Saúl acaba de ser desechado por Dios!! (1 S 13:6-23).

Pero el Lenguaje de los Cielos gritaba por boca de Jonatán: subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano;(1 S 14:10).

– Sadrac, Mesac y Abed-Negó hablaron el vocabulario de la fe ante unas circunstancias que gritaban y sentenciaban muerte y desesperanza al decir: He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará (Dn 3:17).

Podríamos mencionar que tipo de lenguaje usó Gedeón para creer y hacer creer que ganarían la batalla contra los Madianitas siendo Gedeón el más pequeño e insignificante de la tribu más pequeña de Israel (Jc 6:15).

O el tipo de lenguaje que usaría Nehemías para llegar a reconstruir la ciudad cuando llegó y vio la destruida y quemada.

Y como dice Hebreos 11:33-34 podríamos hablar de los que por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas y pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

¿Cuál es el idioma del Reino de los Cielos?

2. Es el idioma de la Fe, el que se hablaba en el Nuevo Testamento:

Jesús: Habló el Lenguaje del Reino cuando estuvo dispuesto a tocar a un leproso porque lo veía limpio y sano (Mt 8:1-4).

Cuando un Centurión vino a Jesús, el lenguaje natural gritaba ¡¡mi siervo está postrado, paralítico y gravemente atormentado!! Pero Jesús habló el lenguaje del Reino al decir: Yo iré y le sanaré o Vé y como creíste te sea hecho” (Mt 8:5-13).

Cuando los discípulos con Jesús estaban en la barca, las circunstancias hicieron que los discípulos hablaran el lenguaje de lo natural al comenzar a gritar: ¡¡Vamos a morir!! Pero Jesús reprendió los vientos y al mar haciendo que hubiera calma al hablar el Lenguaje del Reino, el de la fe (Mt 8:23-27).

Las circunstancias y el lenguaje de lo natural en Gadara decían que aquel hombre endemoniado no podría jamás ser libre, ni sujetado ni siquiera con cadenas. Rompía las cadenas, los grilletes. Nunca recobraría su vida normal porque no podía ser dominado y siempre de día y de noche andaba gritando e hiriéndose con piedras.

Pero Jesús al verlo, habló el lenguaje del Reino sobre aquel hombre de modo que según Mr 5:1-15 el que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, estaba sentado, vestido y en su juicio cabal.

Una mujer de Galilea durante más de 12 años experimentó el azote de la enfermedad, de la inmundicia, del rechazo, posiblemente del divorcio y la separación de su familia. Durante 12 años el Lenguaje de lo Natural acabó con sus esperanzas, con su dinero y con su salud. Pero al encontrarse con Jesús comenzó a hablar el lenguaje del Reino diciendo: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. (Mr 5:28).

Un principal de  una sinagoga venía hablando el lenguaje natural, el de las circunstancias gritando: ¡¡Mi hija está agonizando!! Y aún se puso peor al escuchar las palabras desalentadoras que las circunstancias y el lenguaje de la realidad gritaban: ¡¡Tu hija ya ha muerto, no molestes más a Jesús!!

Pero Jesús confrontó esa realidad con el vocabulario del Reino: No temas, cree solamente (Mr 5:35-36).

Cuando hablas el lenguaje del Reino, es habitual que la gente no creyente o aún aquellos que no están ejercitados, no sólo no lo entiendan, sino que además se burlen de tu fe o tu manera de ver las cosas. Tal como le pasó a Jesús en Mar 5:40  Y se burlaban de él.

El lenguaje de la lógica y lo natural grita ¡¡Son miles, están exhaustos y no tienen que comer!! (Mr 6:36). El lenguaje de lo natural da voces diciendo: No tenemos más que cinco panes y dos pescados (Lc 9:13). Pero el Lenguaje del Reino dice: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta y comenzar a repartir lo que hay porque sobrará (Lc 9:14-17).

Marcos 7:32 dice que le trajeron a Jesús un sordo y tartamudo. El lenguaje de la realidad es que este hombre nunca volvería a oír y siempre tendría problemas para hablar. Pero el lenguaje del Reino dice: ¡¡Efata!! Que significa: ¡¡Sea abierto!! (Mr 7:34).

Marcos 10:46-47   Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!

El lenguaje de este mundo te gritará como a Bartimeo: «¡Cállate!» —muchos le gritaban. (Mr 10:48). Pero el lenguaje del Reino exclama: Recibe la vista, tu fe te ha salvado!! (Lc 18:42).

Podríamos hablar de como el Lenguaje del Reino respondió a:

– Al cojo de la puerta del Templo cuando lo normal hubiera sido darle unas monedas (Hch 3)

– A las amenazas de los religiosos para que dejaran de predicar sobre Cristo (Hch 4:19-20).

Podríamos hablar de como el Lenguaje del Reino influyó en el tipo de oración que hizo Esteban antes de morir (Hch 7:60).

Podríamos hablar de qué tipo de lenguaje usó Pedro para referirse al paralítico Eneas, antes de que fuese sanado (Hch 9:32-35).

Podríamos mencionar el tipo de lenguaje que habló Pedro ante el cuerpo sin vida de Dorcas justo antes de que resucitara (Hch 9:40)

CONCLUSIÓN

1Co 2:6-14 (NTV) Sin embargo, cuando estoy con creyentes maduros, sí hablo con palabras de sabiduría, pero no la clase de sabiduría que pertenece a este mundo o a los gobernantes de este mundo, quienes pronto son olvidados.7 No, la sabiduría de la que hablamos es el misterio de Dios, su plan que antes estaba escondido, aunque él lo hizo para nuestra gloria final aún antes que comenzara el mundo.8 Pero los gobernantes de este mundo no lo entendieron; si lo hubieran hecho, no habrían crucificado a nuestro glorioso Señor.9 A eso se refieren las Escrituras cuando dicen: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado, lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman».10 Pero fue a nosotros a quienes Dios reveló esas cosas por medio de su Espíritu. Pues su Espíritu investiga todo a fondo y nos muestra los secretos profundos de Dios.11 Nadie puede conocer los pensamientos de una persona excepto el propio espíritu de esa persona y nadie puede conocer los pensamientos de Dios excepto el propio Espíritu de Dios.12 Y nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios (no el espíritu del mundo), de manera que podemos conocer las cosas maravillosas que Dios nos ha regalado.13 Les decimos estas cosas sin emplear palabras que provienen de la sabiduría humana. En cambio, hablamos con palabras que el Espíritu nos da, usamos las palabras del Espíritu para explicar las verdades espirituales.14 Pero los que no son espirituales no pueden recibir esas verdades de parte del Espíritu de Dios. Todo les suena ridículo y no pueden entenderlo, porque sólo los que son espirituales pueden entender lo que el Espíritu quiere decir.

 Ante cualquier situación, enfermedad, problema, o gigante podemos quedarnos en temor, turbación o desesperanza hablando y escuchando el mensaje que este mundo grita. O podemos comenzar a hablar el Lenguaje, el Idioma del Reino, el Idioma que habló David ante Goliat, el Idioma que habló Josué y Caleb ante los gigantes de la tierra prometida, el lenguaje que habló Sama cuando defendía su campo de lentejas, el lenguaje que habló Job cuando literalmente su vida era consumida por las circunstancias y la realidad:

Job 19:25 »Pero en cuanto a mí, sé que mi Redentor vive, y un día por fin estará sobre la tierra. Y después que mi cuerpo se haya descompuesto, ¡todavía en mi cuerpo veré a Dios! Yo mismo lo veré; así es, lo veré con mis propios ojos.

Pro 18:20  Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios. 21  La muerte y la vida están en poder de la lengua.

 2Co 4:13  Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,

Comencemos a hablar el vocabulario del Reino, el de la edificación, el de la fe, el de la gratitud, el de la esperanza, el que nos dice que todas las cosas ayudan para bien a los que aman a Dios, el que nos dice que en todas las cosas somos más que vencedores, pero también el vocabulario del Reino que dice: Rom 14:8 Si vivimos, es para honrar al Señor y, si morimos, es para honrar al Señor. Entonces, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos al Señor.

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