IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

EL CONOCIMIENTO DE DIOS Y DE CRISTO (Sergio Gil)

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El conomiento de Dios y de Cristo

(domingo 25 de junio, 2017. Iglesia Manantial de vida)

Es un gozo estar entre vosotros para adorar a Dios juntos, porque en Cuenca sólo hay una iglesia, aquella por la cual Cristo derramó su sangre, aquellos que conocemos a Cristo y tenemos vida eterna. S. Juan 17:3: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (S. Juan 17:3). Leemos en este capítulo la oración más sublime de toda la Biblia. Es cierto que encontramos otras grandiosas. Moisés oró: Te ruego que me muestres tu gloria”; o Habacuc oró: “Oh Señor, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia”.      Pero la de Cristo es la más gloriosa y sublime de todas: “Ora por nuestra salvación, por la santificación de su pueblo, que fuésemos guardados del mal, por la unidad de la iglesia; y lo más glorioso: “Aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (24).

     Ya dijo Cristo en el cap 14: “Voy, pues a preparar lugar para vosotros”. Y si Pablo dijo que su deseo era partir y estar con Cristo lo cual es muchísimo mejor, por ello, no puede haber oración más gloriosa que la de Cristo orando para que estemos con El.

     Cuando algunos piensan en la vida eterna piensan en el cielo, pero el cristiano comienza ya la vida eterna aquí, desde su nuevo nacimiento. Un siervo de Dios del pasado dijo que el verdadero cristianismo es “la vida de Dios en el alma del hombre”.

Jesucristo vino a este mundo para dar vida eterna a todos los que el Padre le había dado; para acabar la obra que el Padre le había dado que hiciese (2,4). 1Tim1:15; y S. Juan 1:12 (¿te sientes identificado?)

Si no crees en Cristo, no tienes vida eterna, y la Palabra de Dios declara que estás muerto espiritualmente, en tus delitos y en tus pecados. Te encuentras muerto, como en aquel valle de los huesos secos. Y Dios dijo a Ezequiel: “Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra del Señor. Así ha dicho el Señor Dios a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”. ¿En qué consiste la vida eterna?

  1. I) LA VIDA ETERNA CONSISTE EN EL CONOCIMIENTO DEL ÚNICO DIOS VERDADERO.

Antes de la caída en el pecado,  nuestros primeros padres, Adán y Eva, conocían a Dios y vivían en una comunión perfecta con El, y no tenían necesidad alguna de otra cosa fuera de El. Tenían en El todo lo necesario y eran perfectamente felices. Dios era la única razón de su existencia, y para ellos el mayor deleite consistía en adorar a ese único Dios verdadero y en obedecerlo.

Ellos sabían la razón por la que fueron creados: “Glorificar a Dios y deleitarse en Él para siempre”.

El mayor privilegio que un ser humano puede tener es el de conocer al único Dios verdadero, pero la caída en el pecado introdujo en el mundo la muerte, la condenación, y una gran ignorancia en cuanto a quién es Dios y sus atributos.

El otro día, hablando con un hombre me decía: “Ah, yo no puedo creer en Dios, porque el que hace lo malo ha de pagarlo. Y yo no veo justicia en el mundo. Mi respuesta fue la siguiente: Mucho cuidado, porque si es cierto que el que la hace la paga, usted también ha de pagar por sus pecados. Y al final me dijo que sólo el Sol es Poderoso, que creía en el sol”. Rom 1:21-23

La idolatría se introdujo en el mundo por esta falta de conocimiento del único Dios verdadero. “corazón: fábrica inagotable de ídolos”.

Hablando con otra mujer hace unos días me mostraba cierta pena porque había llegado tarde a la misa, y le dije que no se preocupara, que podía ahora escuchar la Palabra de Dios al aire libre. Pero no tenía interés, se fue. Pero ella sí suele tener tiempo para entrar a adorar al santísimo, que es la hostia consagrada, la cual dicen que es Cristo. Y ella decía que eso era su vida.

Hasta este extremo, el diablo ciega el entendimiento de muchos, y esto porque no conocen al Dios verdadero.

Leemos en Eclesiastés 3:11 que Dios ha puesto eternidad en el corazón de los hombres. Hermanos, así como un caballo ha de tener un jinete, todo hombre ha de tener un Dios que lo guíe. El gran problema es que el ser humano al no conocer al único Dios verdadero, por ello se ha creado sus propios dioses, sus ídolos.

Otros me suelen decir en la calle: “Yo soy muy creyente, sé que un algo tiene que haber”. Esto es incredulidad. La vida eterna no consiste en creer que hay un dios, sino creer en el único Dios verdadero.

Pero cuidado, la vida eterna tampoco consiste en creer que existe el Dios verdadero y que Cristo murió por los pecadores. Y ahora tenemos razones para temblar y temer.

“Tu crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen y tiemblan” (Santiago 2:19).

Tú puedes saber que Felipe VI es el rey de España, pero eso no es lo mismo que conocerlo a él. ¿Hablas con el? ¿Te habla él a ti? ¿Alguna vez te ha llamado por tu nombre y tú le respondiste? No olvides que el diablo conoce que existe el Dios verdadero, y que Cristo vino a morir por pecadores. Pero el diablo no se somete a Dios, no se rindió ante Dios ni jamás lo hará.

¿Conoces al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Creador del cielo y de la Tierra? ¿Conoces al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo? ¿Vives postrado ante este único Dios verdadero como un adorador, te sometes a sus mandamientos, y buscas sobre todas las cosas agradarlo a El?

Así que recordemos que la vida eterna consiste en conocer al único Dios verdadero.

Por esta razón, en segundo lugar, debemos conocer sus atributos, es decir, su carácter, cómo es El, quién es El:

La supremacía de Dios: Dios no tiene a nadie más con quien compararse. “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos, amén”. (1 Timoteo 1:17). 

La soberanía de Dios: Daniel 4:35 leer.

La santidad de Dios: Muchos no aborrecen sus pecados porque no entienden nada sobre la naturaleza de Dios y su Santidad. Dios es Santo, Santo, Santo. Fijaos en la declaración de Isaías: (Isaías 6:5).

La justicia de Dios: Nos habla de la excelencia  moral de Dios. Y puesto que Dios es justo, ha de haber un juicio final. “Está establecido para los hombres…” (Hebreos 9:27).

El amor de Dios: 1 Juan 4:16.

En definitiva, sin un conocimiento del carácter de Dios, sus atributos y su majestad, no podemos decir que conozcamos al único Dios verdadero ni que tengamos vida eterna.

Leo a A. W. Tozer: “La iglesia ha abandonado su elevado concepto de Dios. Esto no se ha hecho de manera deliberada, sino poco a poco y sin conocimiento de la iglesia, y el hecho mismo de que no esté consciente de lo que está pasando, sólo sirve para hacer más trágica aún su situación.

     Con nuestra pérdida del sentido de majestad ha llegado una pérdida mayor del temor reverencial religioso y del reconocimiento de la Presencia divina. Hemos perdido nuestro espíritu de adoración. El cristianismo moderno no está produciendo el tipo de cristiano que pueda apreciar o experimentar la vida en el Espíritu. Las Palabras del Salmo “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmo 46:10) no significan nada en la práctica para el adorador bullicioso y confiado en sí mismo…

II) LA VIDA ETERNA CONSISTE EN EL CONOCIMIENTO DE JESUCRISTO

Yo quisiera preguntaros lo que preguntó Jesús en cierta ocasión a los fariseos: ¿Qué pensáis del Cristo?, o como preguntó más bien a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo el Hombre?, Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

     ¿Puedes tú responder como el apóstol Pedro? “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

Ahora bien, tú puedes responder esto porque lo has leído en un catecismo, o incluso en la Biblia, pero ¿conoces a Cristo de forma personal? O mejor aún te pregunto, ¿Lo amas?

Pues Pedro escribe en su epístola: “a quien amáis, sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”.

     Leer Juan 17:3. Lamentablemente, algunos mal llamados Testigos de Jehová, usan este versículo para tratar de demostrar que Jesús no es Dios, pero caen ellos en su propia trampa, porque leemos en 1 Juan 5:20 (leer).

Por otro lado, no son pocos los que dicen: “Yo no creo en el Dios justiciero del Antiguo Testamento, sino en Cristo, en el Dios de amor”. Pero esto es un error terrible. El texto dice: “Jesucristo, a quien tú has enviado”. Es decir, El Padre, nos amó, y por ello envió a Cristo, quien también nos amó pues es uno con el Padre. Y si esto no te convence, leamos este otro pasaje: Juan 3:16

     No es que Dios Padre esté con un látigo, y Cristo diga: “No Padre, no lo hagas, no los castigues con el infierno, que yo los amo”.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo… según nos escogió en él (Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él… (Efesios 2:3-4), en amor, leemos en el versículo 5.

     Dios Padre nos amó, nos escogió; Jesucristo vino a morir por aquellos que el Padre le había dado, y el Espíritu Santo, en el tiempo, nos daría vida por medio de la Palabra de Dios; ¿a quiénes? A las ovejas de Cristo, porque Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz…” Así que vemos a la Trinidad, obrando en un mismo propósito y plan de salvación.

Nuestro texto dice: que conozcan a Jesucristo, a quien has enviado”.

     Ahora que conmemoramos el 500 aniversario de la Reforma, permitidme que cite a dos reformadores.

Creo que fue Lutero quien dijo: “Yo no conozco a ningún Dios sino a Jesucristo”. ¿Por qué? ¿Qué quiso decir Lutero con esto?

Bien, vamos a ir por parte. Juan Calvino, el gran reformador, escribió: “La suma de nuestra sabiduría consiste en dos partes: El conocimiento de Dios y el conocimiento de nosotros mismos”.

Nuestro principal problema, cuando comenzamos a conocer  los atributos de Dios: su justicia y su santidad, y su ley, es que en esa ley nos vemos reflejados y conocemos que somos pecadores. “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. (Romanos 3:20).

     Es decir, el conocimiento de Dios: Su Santidad y su Justicia, y el conocimiento de nosotros mismos: nuestros pecados.

Comenzamos con el conocimiento de Dios. ¿Qué demanda Dios en su ley, digamos, en el mandamiento más importante?

Jesús le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37).

Ni un solo segundo de nuestra vida hemos obedecido este mandamiento a la perfección. Y Dios en su Santidad y Justica demanda la muerte y la condenación del infierno. “El alma que pecare esa morirá”; “Dios no tendrá por inocente al culpable”, “la paga del pecado es muerte”.

Por esta razón, al conocer la ley de Dios, nos conocemos también a nosotros mismos, nuestra rebelión, nuestros pecados, nuestra incapacidad de obedecer esa ley. Si Dios nos mostrara lo que realmente somos al mirarnos al espejo, caeríamos muertos de espanto.

Y he aquí, la pregunta más importante a contestar, la repetiré dos veces: “¿Cómo pues, un pecador culpable como soy yo, podrá presentarse en el día del Juicio Final, delante de un Dios que es Santo y Justo, el cual demanda el castigo del infierno eterno a todos los que nos hemos rebelado contra El?

La respuesta la encontramos en nuestro texto: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.

La palabra evangelio, significa buena noticia para el mayor de los pecadores. Sí, porque uno de los atributos de Dios es el amor. Dios es amor y justo al mismo tiempo, y justifica a aquel que es de la fe de Jesús.

     Por ello Lutero dijo que no conocía a ningún Dios sino a Jesucristo, porque tras haber estado toda su vida intentando salvarse por sus buenas obras, y sintiendo terror de la Justicia de Dios, leyó por fin: Porque en el evangelio la justicia de Dios se rebela por fe y para fe como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).

     Jesús cumplió la ley de Dios en nuestro lugar. Vayamos de nuevo al mayor y más importante mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente” (S. Lucas 10:27). Ya vimos que nosotros no hemos obedecido este mandamiento ni un solo segundo de nuestra vida. Pero Jesús, en cambio, cada segundo en su vida, obedeció este mandamiento a la perfección.

Jesucristo en todo obedeció al Padre, porque lo amó sobre todas las cosas, con todo su corazón, alma, mente y fuerzas. El dijo: “Porque he descendido del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta se la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero” (Juan 6:38-39).

     Pero Cristo, no sólo cumplió la ley en nuestro lugar, sino que sufrió el castigo que la ley demandaba: la muerte, porque “fuerte como la muerte es el amor” (Cantares 8:6).

     Míralo en la cruz del calvario derramando su sangre. Porque si allí no aborreces tu pecado, es porque aún tu corazón es de piedra. ¿Cómo no odiaremos aquellos pecados que llevaron a Cristo Jesús a la cruz?

Óyelo ahora diciendo: “Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

He de deciros algo, hermanos. ¿Por qué pensáis que Jesús dijo en Getsemaní, mi alma está muy triste hasta la muerte? No penséis que Jesús tenía miedo a los romanos, al látigo, a la lanza, o a la cruz. No deseo minimizar sus sufrimientos físicos. Pero pensad por un momento. A lo largo de los siglos miles de cristianos han sido martirizados y han ido a la muerte cantando, alabando a Dios, y con alegría, y nuestro Señor no iba a ser menos.

Los sufrimientos de su alma fueron muchísimo mayores. Si nuestro Señor Jesús experimentó aquella angustia indecible en Getsemaní y en la cruz, es porque “aquel que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

Dios Padre, tomó todos tus pecados, y los puso en Jesucristo, y después, derramó todo el peso de su ira y de su justicia en Cristo.

Y después, tomó toda la obediencia de Cristo y su justicia, y la puso en ti.

CONCLUSIÓN

     He de acabar mi mensaje con una pregunta. ¿Tienes tú esta vida eterna de la que nos habla nuestro  texto? ¿Conoces al único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien El envió?

Me dirijo en primer lugar a los no creyentes: Quiera Dios, el Espíritu Santo atraerte a Jesucristo, y guiarte al arrepentimiento de tus pecados y a la fe en Jesús, para que obtengas el perdón de tus pecados y la vida eterna; porque “para los hombres esto es imposible, mas para Dios todo es posible”. Ni 1000 sermones de Rafa, ni 1000 sermones míos podrían convencerte. Pero el Espíritu Santo ha venido a convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

¡Cree y Vive!, Porque Jesús no dijo solamente Y esta es la vida eterna…, sino que en otra ocasión dijo: Y esta es la condenación: que la  luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19).

     Me dirijo a los creyentes en Cristo: Ya conoces a Cristo, ya tienes vida eterna. ¿Para qué piensas que Dios te ha dejado aún más tiempo en este mundo? En la oración de Juan 17 Cristo oró también: “Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad”.

Cada hora que prefieres estar delante de la televisión, o navegando por internet sin un cuidado extremo, o hablando sobre asuntos del mundo que nada aprovechan, estás alimentando tu carne y contristando al Espíritu Santo, con el cual fuiste sellado para el día de la redención.

Ora, lee, estudia la Palabra, medita, busca a Dios, y continúa conociéndolo siempre.

Ojalá pudiéramos decir junto con el apóstol Pablo: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:7-8).

Fijaos que dice “por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús…” ¿Sabéis por qué? Porque Cristo oró: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

 

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