IGLESIA MANANTIAL DE VIDA CUENCA

Benditas serán en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3)

¡¡CALLAD, OÍD Y ORAD!! (Sergio Gil)

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¡Callad, Oíd, y Orad!
“Mas el Señor está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra” (Habacuc 2:20).
Hoy nos encontramos ante la verdad de las Escrituras que más nos hace temer y temblar, puesto que leemos: “No hay justo ni aún uno…” (Romanos 3:10-12). Ante la Santidad y Majestad de Dios, solamente podemos ver aún más nuestro pecado. Dios es muy limpio de ojos para ver el mal, Hab 1:3.
Habacuc estaba afligido por los pecados no solamente del mundo, sino del pueblo de Dios. El sufría por los pecados de Judá: “¿Por qué me haces ver iniquidad?.. (Hab 1:2-4)
No obstante, Dios no se iba a quedar con los brazos cruzados: “Porque he aquí, yo levanto a los caldeos…” (Hab 1:5). A menudo, Dios ha levantado oposición contra su pueblo, permitiendo que seamos perseguidos para que despertemos. Esto no hace a Dios autor del mal ni del pecado, sino que como alguien dijo: Incluso el diablo es ministro de la ira de Dios.
Habacuc protestó, cómo es posible que Dios levantara a una nación más impía que sirviese de azote para el pueblo de Dios, pero Dios tenía un propósito: En su ira se acordaría de su misericordia, Hab 3:2
Hay una promesa en la que debemos confiar: “La tierra será llena del conocimiento de la Gloria del Señor como las aguas cubren la mar” (Hab 2:14).
I. Callemos ante el Señor, porque leemos: Calle delante de El toda la tierra. Esto debe ser algo práctico. Que callen los predicadores incluso. Guardemos unos minutos de silencio.
II. Oigamos la Palabra de Dios, y no la del predicador, porque leemos, He oído tu palabra y temí (Hab 3:2): Leamos la Ley de Dios, porque por medio de la ley viene el conocimiento del pecado. Exodo 20: 1-17
III. Oremos, porque leemos: Oh Señor aviva tu obra (Hab 3:2).
Habacuc también sabía que la salvación es por medio de la fe en Cristo, el Mesías prometido, porque leemos: “Mas el justo por su fe vivirá” (Hab 2:4).
Conclusión:
Quisiera acabar con unas palabras de consuelo, pues este no es un mensaje de juicio, sino de esperanza en medio de la aflicción, porque “todo ayuda a bien, a aquellos que aman a Dios” (Romanos 8:28).
Habacuc concluye su oración con este cántico de esperanza:
»Aunque la higuera no florezca
ni en las vides haya frutos,
aunque falte el producto del olivo
y los labrados no den mantenimiento,
aunque las ovejas sean quitadas de la majada
y no haya vacas en los corrales,
con todo, yo me alegraré en el Señor,
me gozaré en el Dios de mi salvación.
El Señor Dios es mi fortaleza,
el cual hace mis pies como de ciervas,
Y en mis alturas me hace andar” (Habacuc 3: 17-19).
El verdadero cristiano no es aquel que busca a Dios para que sus circunstancias cambien (ya sean económicas, familiares o de salud, etc), sino aquel que se acerca a Dios odiando sus pecados, y amando al Señor, hallando el perdón de sus pecados y su salvación en Cristo. Pues aquel que tiene a Cristo lo tiene todo, mas aquel que no tiene a Cristo no tiene nada.
En definitiva, el cristiano es aquel que encuentra su felicidad sólo en Dios, pues como el apóstol Pablo, ha aprendido a contentarse cualquiera que sea su situación (Filipenses 4:11).
Hermanos amados,
Aunque el avivamiento no llegara, siempre nos alegraremos en el Señor, y nos gozaremos en el Dios de nuestra salvación. ¡A Cristo sea la Gloria!

 

 

 

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